Cultura

De Zalamea a Huelva pasando por Orihuela

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"Yo no canto por cantar ni por tener buena voz", decía el inolvidable Víctor Jara. Asumiendo esa filosofía, emprendemos la marcha de estos cinco vagones unidos por un hilo conductor que nos muestre la capital, provincia y algo del resto del laberinto autonómico actual, desde esta Cuenca Minera del Río Tinto, la que tanto nos duele ver instalada en el paro, la subvención y el conformismo a la vez que, con el desasosiego, se camina con la velocidad del chafado Ave a los cinco millones de parados en España (más del veinte por ciento y casi el treinta en Andalucía). Y mientras, sigue la batalla cateta por mantener unas casi absolutas cuotas del poder político con el fin de enchufar casi exclusivamente a los compas y amigos, de lo ajeno mayormente, puesto que poco importa a los que sólo tienen la obligación de ayudar al encauzamiento del alienado rebaño hacia las urnas cada cuatro años.

Este año se celebra el 100 aniversario del nacimiento del poeta del pueblo oriolano y español. En Zalamea la Real le hemos hecho una exposición con charla incluida, donde dejamos constancia del por qué de los veinte cuadros y dos esculturas dedicadas exclusivamente a nuestro compañero del alma, compañero. Otras cinco personas vinculadas a la cosa cultural leyeron un poema cada uno y las palmas echaban humo. La muestra vamos a pasearla por varias localidades de la provincia que nos la han solicitado. Quede, pues, claro que yo no expongo por exponer ni por tener buena voz...

Una buena voz en el desierto del panorama cultural que se marchita entre facebooks y tuentis es la exposición del pintor marroquí afincado entre nosotros Moncef Douieb en la casa Colón de Huelva. Nos dimos un buen paseo por las coloristas obras expuestas, charlamos con él, y pudimos observar cómo la paciencia no tiene límites: puntillismo, ensoñaciones, algarabía de formas abstractas, surrealismo a lo Kandisky y explosiones de partículas milimétricas y cosas del Andévalo que dejan ver su admiración por esta tierra. Casado con una choquera, charlamos un buen rato de arte y nos obsequió con un precioso libro suyo de poemas y cuadros: Huelva y la emigración.

La emigración es algo que la inmensa mayoría de los onubenses conocemos bien. Es verdad que ante la crisis hay gente poco tolerante que se vuelve más radical (neofachillas les llaman) y toma al emigrante en general como chivo expiatorio de una situación que sería igual con o sin emigración. Como es tradicional, queridos niños, el capital que acosa a Grecia, Portugal, y también a España, no tiene patria y le da igual explotar a un nacional que a un transnacional. Muchos amadísimos paisanos olvidan que, seguramente, tendrán familiares directos que tomaron las de villamúnich cuando aquí las pasábamos canutas. En Alemania, por ejemplo, muchos emigrantes españoles desaprensivos se quedaban con el dinero que los ya acaudalados germanos dejaban en la puerta para el pan o el periódico. No eran todos, pero se corrió la voz del choriceo hispano y pagaron justos por pecadores.

Pero, amigos, para pecadores quienes no quieren ver más allá de lo que es evidente: Huelva capital, la del nuevo centro, Gran Vía, plaza de las Monjas y otros lugares, tiene a más de uno de los nervios. Yo también lo estaría si fuese uno de los que viven de la política basura, es decir, oponerse a todo lo bueno que se haga si lo hacen los de la acera de enfrente (y no me refiero a los comepollos con hormonas femeninas denunciados por Evo Morales). Si hay que decir que poner el césped en el campo municipal del Zalamea CF es una buena obra, pues se dice. Ahora, si hay que dar un toque sobre el enchufismo y el despilfarro que nos lleva al desastre por unos y otros en Zalamea, en Huelva o Santa Coloma de Gramanet, pues también, y el que quiera honores que se los gane. Fin de trayecto.

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