Genios del flamenco Paco Toronjo, único (y II)

  • Segunda entrega de uno de los grandes artistas onubenses, el rey alosnero del fandango

Dos alosneros ilustres, el púgil Pedro Carrasco -centro- y Paco Toronjo. Dos alosneros ilustres, el púgil Pedro Carrasco -centro- y Paco Toronjo.

Dos alosneros ilustres, el púgil Pedro Carrasco -centro- y Paco Toronjo. / H. Información

En Punta Umbría muchas noches, al terminar el espectáculo de fin de semana que presentaba el chiringuito Calipso, se presentaba Paco Toronjo reuniéndose con los dueños del mismo Álvarez-Osorio y Antonio Garmendia, agregándose su amigo Ricardo Pachón, para pasárnoslo superior; otras noches también en la playa, en El San Nicolás donde actuaba Paco o en la avenida del Océano en Los Bohemios. Más de una vez , en una estrellada noche con luna llena bajo un toldo en la arena, alrededor de una guitarra en compañía de amigos, escuchando y disfrutando con los fandangos de Paco, y de vez en cuando un traguito a la botella de manguara (léase aguardiente aguada), para aclararse la voz.

Paco Toronjo durante su larga vida artística (más de 50 años) sólo cantó fandangos

En Huelva, en casa El Cano, y cuando teníamos “parné” llamábamos al Chibero para que nos llevase en el coche de caballos a la venta de Cardeñas o de Angelito; en el Tablao Flamenco Patio Faroles de nuestro amigo Andrés Ramírez, en la Gran Vía; en el típico establecimiento de Casa Alpresa en la calle Mora Claros, donde tantos flamencos y aficionados nos reuníamos en fiestas; en mi Peña Flamenca, en su antigua sede de la avenida Adoratrices, con tan buenos aficionados en sus viernes flamencos y otros días; asimismo en la caseta de la Peña en las Fiestas Colombinas, por la que tantos buenos artistas pasaron; en el Bar de Jesús Bermejo conocido como El Chupo, enclavado en el Conquero; en todos estos lugares tuve la suerte de disfrutar, vivir y compartir con ese genio y amigo, que desplegaba a raudales el encanto y majestad de nuestros fandangos con un amplio repertorio de estilos y letras, sin repetir casi nunca ninguna. Era capaz de improvisar sobre la marcha cualquier dato o detalle que surgiera para hacer una nueva letra; sin olvidar las vivencias en nuestra casa del Rocío de La Peña Blanca Paloma en la que estábamos el guitarrista Juan Díaz, que era un miembro más de la casa, Joselito Romero, Luis Hermosín, Jacinto Mora, Antonio Fernández, Alfredo y Antonio Toscano, Jacinto Mora, Antonio y José Ramblado y otros.Paco visitaba nuestra casa cada día para saludar a su paisano y amigo Juan Díaz, agregándose muchas veces otros alosneros como Pedro Carrasco y Rocío Jurado, Santiago Osorno, que puede dar fe de cuanto escribo. Asimismo Los Marismeños, Manuel Pareja-Obregón, Merengue de Córdoba y los años que vinieron al Rocío Paco de Lucía y Camarón invitados por su amigo Paco Robles. Cada uno de ellos exhibían el arte que Dios les dotó, a la vez que se maravillaban con los fandangos de Paco y la guitarra de Juan por Alosno, siempre cantando a su aire con el saborcillo de no parecerse a nadie, de forma difícil y única. Fue un autentico innovador y creador de su propia escuela, que podríamos llamar La Toronjomanía, a la que muchos intentaron imitar y copiar. Como su pueblo fue una mina inagotable de coplas y estilos, conocido en todos los rincones de nuestra geografía, el único artista del flamenco que durante su larga vida artística (más de 50 años) solo canto sus fandangos, además disfrutado cantándolos, y algunas veces sus seguidillas bíblicas alosneras. Como antes he dicho fueron muchas las ocasiones que disfruté escuchándolo, queriendo recordar su estado y forma de interpretarlo, al que le ponía toda su alma, sentido y corazón.

Paco Toronjo, el Pali, Paco Robles y Paco de Lucía, entre otros. Paco Toronjo, el Pali, Paco Robles y Paco de Lucía, entre otros.

Paco Toronjo, el Pali, Paco Robles y Paco de Lucía, entre otros. / H.I.

Puesto en pie, doblando su frágil y menudo cuerpo, una mano en el oído, la otra agarrado a la silla unas veces, y otras la mano abierta y extendida hacia delante. Con sus gestos y expresiones raras y extrañas, poniéndose feo, como hay que ponerse para cantar bien, entregándose en sus interpretaciones. A pesar de ser algo más joven que Paco, entre nosotros siempre existió una sana amistad, dejándose aconsejar y escuchar mis opiniones como buen amigo y su banquero, como él me decía algunas veces cuando tenía una copita de más. Era raro, difícil de llevar y aguantar, pero cuando estaba centrado y a gustito (sin esa copita de más) era estupendo, agradable, de buen humor y ocurrente. Como artista, más de una vez no estuvimos de acuerdo en su forma de comportarse, sobre los cantes de Huelva, pero como personas adultas y sensatas, al final nos entendíamos. Fueron varias las veces que le llevé por la mañana a su casa de la calle Gran Capitán, en la que vivía con su compañera sentimental Antonia, al que él llamaba “Pequeña”, al que cuidaba como a un rey, siempre pendiente de todo lo referente a Paco, siendo de las personas a las que escuchaba con respeto y atendía.

A través de amistades y tratándose de quien se trataba, conseguimos que le adjudicaran un piso en avenida Andalucía, frente a la Peña Flamenca y la Hermandad del Rocío, lugares que con frecuencia frecuentaba siempre acompañado por su fiel perro llamado León. En dicho piso fueron muchas las veces que lo visité, antes y durante su enfermedad, en la que casi siempre estaba acompañado, por su buen amigo José Antonio El Lumi.

Después de su grave operación, y celebrado en el Foro La Rábida el primer festival y homenaje benéfico en el que actuaron un buen número de grandes artistas del mundo flamenco, en el que se recaudó un importante dinero que le permitió vivir sin problemas económicos, aparte de contar una libreta de ahorro con un buen saldo, se organizó el segundo festival celebrado en la plaza de toros de La Merced, en la que actuaron solo artistas y aficionados de Huelva. También se registró una importante entrada, demostrando una vez más el cariño, afecto y admiración que esta tierra siempre tuvo a su ídolo y artista emblemático como Paco Toronjo.Mis visitas al hospital continuaron hasta recibir el alta del mismo, acompañándolo a la consulta con Don Juan Saldaña, que le operó y se preocupo de su rehabilitación, consiguiendo una ligera mejoría que incluso llegó a hablar algunos meses, aunque con ciertas dificultades, para agravarse paulatinamente hasta su fallecimiento, ocurrido en su domicilio en julio de 1998. De inmediato me llamó su buen amigo Lumi comunicándome la triste noticia. Rápidamente me puse en contacto con Pedro Rodríguez, entonces alcalde de Huelva, para el traslado del cadáver a la Peña Flamenca de Huelva, en la que se instaló la capilla ardiente por deseo expreso del finado. En pocos minutos, se presentó el alcalde con todo solucionado para dicho traslado. Por la Peña desfilaron esa tarde y noche, hasta la hora del sepelio al día siguiente, un sinfín de personalidades, autoridades, amigos, artistas y aficionados de diversos puntos de España, a darle el ultimo adiós al gran cantaor alosnero, acompañando en la pena y el dolor, a su esposa e hijos desplazados desde Madrid donde residían. Asimismo Antonia, su compañera sentimental, para trasladarle hasta su querido Alosno y darle cristiana sepultura y último adiós en un impresionante sepelio, el más multitudinario celebrado en la historia del pueblo, con asistencia masiva de personas de todas clases sociales, al más grande cantaor de fandangos. Y como final o remate de este articulo les diría:A los flamencos de hoy de ayer y de mañana/ que se acuerden todos de Paco que fue en el mundo entero/ el que mejor ha cantando los fandangos alosneros/ por lo que ha representado para los fandangos nuestros/ que ha paseado orgulloso desde nuestra costa para adentro./ Por tu casta y tu arrojo seguiremos recordando aquel gran cantaor, que derrochaba arte a manojos./ Fue el mejor de los mejores y se llamó Paco Toronjo.

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