Cultura

'La estrella de Sevilla' acerca el Siglo de Oro al Castillo de Niebla

  • La CNTC representó anoche esta obra en verso en torno al amor, el honor y el poder

La Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) no defraudó anoche a los cientos de espectadores que asistieron a ver La estrella de Sevilla en el marco del Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla, que este año celebra su primer cuarto de siglo de existencia. El público, en el entorno arquitectónico de la fortaleza iliplense, realizó una especie de viaje en el tiempo de algo más de hora y media de duración, un paseo por el Siglo de Oro de la mano de una intensa historia en la que echaron un pulso el amor y el honor, los celos y la cordura, y atribuida a Lope de Vega (aunque otros lo hagan a Luis Vélez de Guevara o Pedro de Cárdenas).

La sinopsis recoge la historia de Sancho El Bravo, que llega a Sevilla, donde hay un cabildo fuerte que pacta con el Rey: la nobleza de la ciudad permite gobernar al monarca mientras éste no dañe a la ciudad, esto es, a la justicia y al honor; a sus intereses. Luego todo desemboca en la historia de un gobernante sobrado que comete un error y para subsanarlo manipula, asesina y no respeta ni su propia ley.

Desarrollado en tres actos, sorprendió al público la sobria puesta en escena, aderezada con los vestidos cuasi neutros de los personajes -diseñados por Lorenzo Caprile-, y el hecho de que el director de la CNTC, Eduardo Vasco, hubiera apostado por mantener a todos los personajes (catorce actores en total) en escena durante el desarrollo de la obra teatral, creando una atmósfera exquisita, sublime, energética.

El hecho de que fuera en verso, como ya apuntara a este diario el actor Daniel Albaladejo, que encarnó al Rey Sancho IV, no supuso ningún impedimento para que la fluyera de forma natural: "Hay mucho trabajo detrás, porque logramos hacer del verso un instrumento para contar verdad". Una de las pinceladas más significativas surgió en el pasaje de la bajada a los infiernos, donde se reforzó una iluminación, obra de Miguel Ángel Camacho, plenamente narrativa.

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