Cultura

Palabras para Marco Macías

  • Tras el fallecimiento del dibujante y realizador el sábado 2 de abril, su familia ha recibido numerosas muestras de cariño, que se reproducen en estas páginas

Marco se nos ha ido pero está muy presente en todos nosotros. Siempre tendremos su calma, su buen hacer, el cariño y la pasión con la que afrontaba los retos y la sabiduría de sus consejos. Por él somos lo que somos y estamos donde estamos, y por él seguiremos adelante expandiendo su legado en el arte y la cultura de nuestra ciudad. (Paco González, Salón del Cómic de Huelva).

Querido Marco: gracias por uno de los días más entrañables que he vivido nunca. Me refiero a cuando me invitasteis al IES Pablo Neruda para que una amiga tuya les hablara de su primera película, Buscando a Eimish. Cuando llegué encontré el salón de actos lleno y me encantó ver cómo los hermanos Macías despiertan sonrisas y cariño por donde quieran que vayan y que ese cariño se hacia extensible a mí. Me sentí muy orgullosa de ser tu amiga. Ya pasaba en la Universidad, donde nos conocimos. Tras mi charla llevaste a 70 alumnos a ver mi ópera prima y les animaste a conseguir sus sueños a base de esfuerzo. Escribieron un precioso artículo sobre la película y mi charla, publicando después uno de los textos en la Revista del Instituto. Me fui de Huelva feliz y agradecida por tener tan buenos amigos, y me refiero a los tres hermanos Macías. Y habiendo hecho muchos más. Querido Marco, me hiciste sentir importante. Sentí que volvíamos a estar en la Universidad y que no había pasado el tiempo. Y que juntos éramos fuertes. Nunca olvidaré este día. Te mando un abrazo muy fuerte. (Ana Rodríguez Rosell, directora de cine).

Marco era un tipo distinto, todos en su clase de los Maristas lo sabíamos. Unos pasan por la vida como protagonistas, otros como secundarios, otros la recorren como meros figurantes. Su papel no pasó inadvertido por ninguno de los que compartimos aquellas horas de enseñanza a su lado. El caprichoso guión no le ha permitido continuar con su particular y genuina interpretación principal, pero desde aquí, desde el otro lado al que ahora se encuentra, tengo claro que ninguno de los compañeros de aquel alumnado podrá decir que no recuerda quién era Marco Macías Prieto. El Oscar al mejor actor de reparto ya tiene un claro ganador. Un fuerte abrazo de todos tus compañeros de clase. (Jorge Hernández, pintor, en representación de su clase de los Maristas).

Hay épocas inolvidables y una sin duda es la universitaria. Compartí cientos de insomnios de creatividad con Marco Macías, encerrados en la sala de dibujo del colegio mayor con otros colegas que, como nosotros, necesitaban expresarse a través de la pintura, de la escritura, de la poesía, de la ficción. Era esa primera juventud en la que encontrar a personas con inquietudes similares a las tuyas se convertía de por sí en una pequeña revolución. Marco, con su imaginación y su empática timidez, fue figura fundamental en el grupo de amistades que sellamos en aquél colegio mayor en el que se nos pedía que fuéramos grises y formales. A pesar de las normas restrictivas creábamos, reíamos, filosofábamos y charlábamos hasta el amanecer, empujados por la sensación de que todo era posible: para él, a través del dibujo y el cómic; para otros amigos, a través de la pintura; para mí, a través de las palabras. Mucho tiempo después llegó a mis manos un ejemplar de Biblos, un cómic nacido de su mente y pluma y de las de sus hermanos, una historia tan bien trazada, tan atrayente, con unos personajes tan atractivos, que ya sería una exitosa saga cinematográfica en la gran pantalla si viviéramos en otro país con más espacios para el talento. Biblos es querido en mi hogar por niños y mayores y forma parte de los libros de cabecera en las noches de desvelos. Marco se ha ido de forma abrupta y no terminamos de asumirlo. Pero sigue vivo en sus cómics, en sus amigos y familia, en las aulas por las que ha pasado como profesor y en aquella sala de dibujo del colegio mayor con olor a lápiz y acrílico en la que unos cuantos jovencitos creíamos que todos los sueños podían cumplirse. A pesar de su temprana ausencia, Marco Macías nos deja sus creaciones y una enseñanza que transmitía a través de su pasión por inventar historias: nada tiene sentido si no sabemos volar. Que se lo pregunten a Biblos. (Olga Rodríguez, periodista de eldiario.es).

En las buenas, en las malas y en las madrugadas universitarias, Marco era amigo para todo. Sus rizos y su voz cóncava aprovechaban a dar la puntillita de la conversación, y con su risa empezaba la de todos. Lágrimas de tinta y sal desde Murcia. (Isabel García Molina, de teatro Entrópica Armonía).

Humo, absenta y un toque azúcar, tal vez otro toque hasta el amanecer. Quitarle horas al sueño es ganarle fragmentos al tiempo, juez máximo al que tantas noches robábamos. Tal vez no sea el momento de estar tristes porque, como dicen por ahí ¡Qué nos quiten lo bailao! Estamos aquí unos días, unas horas o unos años, ¿qué importa? Hay que haber aprovechado lo vivido y vivido el tiempo, las noches y los instantes plenos. Además, aún nos queda tomarnos la última, Marco. (Martín Cid, escritor).

Hace un momento, al abrir el ordenador para escribir estas líneas y mandárselas a Gerardo, volvió a aparecérseme la cara triste, noble y antigua, como de joven senador de la Roma republicana, que tenía mi amigo Marco, que por un acto gratuito y cruel del destino ya no está entre nosotros. Y he pensado si no será más de verdad el Marco que vuelve que el Marco que se ha ido, si su fuga hacia el otro lado del espejo no trae consigo, de forma irrefutable, su presencia en nuestra memoria a este lado del mismo, una presencia activa, triste, noble y antigua como la suya, permanente mientras permanezcamos, viva mientras vivamos. Y acaso más allá, cuando volvamos a hablar con él de cómics y de versos en el reino del sueño grande, cuando también nosotros nos hayamos ido al país de las eternas claridades, donde siempre es de día y el tiempo no transcurre. Nuestro dolor se hace más habitable imaginando, Marco, ese país que ahora es el tuyo. Cuéntanos qué sientes en medio de esa luz, cegadora y benéfica, que te envuelve. Dinos, querido Marco, que la muerte no termina con todo. (Luis Alberto de Cuenca, de la Real Academia de la Historia).

Siempre de tres en tres, los hermanos Macías. Siempre de tres en tres, incluso cuando había solo dos. O uno. Porque con uno solo bastaba para que estuvieran los tres, y cuando estaban los tres era como si fueran solo uno. Ahora me doy cuenta de qué grandes y bonitos son algunos recuerdos, aunque en mi cabeza pueda verlos borrosos. O dobles. Alguna noche en Malasaña o una fiesta en casa de Zaida, cierta cosa en la casa de "los Ciros" que apestaba a fritanga y que alguien se empeñaba en llamar tortilla. Y Marco con esos ojos abiertos de par en par, acompañados de una risa irónica y un humor a veces ácido, pero siempre atemperado por una sensibilidad humana extraordinaria y hasta de ternura. Ternura, sí. Hay que dejar pasar décadas para saber ponerle un nombre a las cosas. Donde hay uno hay tres: ahora tres en la tierra y también tres en el cielo. (Ricardo Benjumea, redactor jefe de la revista Alfa y Omega).

¿Y si viviéramos en un mundo habitado solo por personas con el pelo rizado? Imagino un mundo poblado por la tribu del pelo limpio (se llama así porque poseen la receta para hacer el mejor champú) repleto de cabezas rizadas, de todos los colores. Cabezas sesudas, divertidas, entrañables y nobles. Una tribu donde su líder, el gurú, fuera el de la testa del tirabuzón dorado, con la redecilla en la cabeza para proteger su estupenda cabellera. Eso sí, con sus gafas para no perder detalle de lo que ocurre a su alrededor. Con afilado pincel y sonrisa contagiosa, un tipo simplemente genial. De nombre Marco Rizos el comediante. (Nacho Buenavista Prats, redactor de Antena 3 Noticias).

Al recordar a mi amigo Marco sólo me vienen a la mente buenos recuerdos. Era especial, único e irrepetible. Apenas una breve conversación te hacía darte cuenta de que no era como los demás. No era una pieza más del puzzle, él era distinto y encajaba en el mundo a su manera y no a la que le imponía la sociedad; como un niño que aún no ha sido contaminado por los adultos y mantiene intacta su naturalidad. Tranquilo y sorprendente, divertido e introvertido. Con una bondad fuera de lo común, puedo afirmar que nunca le escuché decir una mala palabra de nadie. Mis palabras para él son todas buenas, como los momentos que compartimos. Marco deja un hueco en el puzzle que ninguna pieza podrá jamás rellenar. DEP. (Carlos Courel, profesor del IES Pablo Neruda en representación de sus compañeros).

Quizá nos hayamos conocido demasiado poco tiempo para el que me gustaría haberte conocido. Que sepas que aún así. Tu recuerdo quedará en mi memoria para siempre. El momento en el que vi alejarse la tumba de mi hacia un lugar en el que sabía que yo jamás podría acercarme me hundió en un mar de lágrimas. Porque sabía que no te volvería a ver. Me has enseñado muchísimas cosas y podría haber aprendido mucho contigo. Has aportado mucho a esta pequeña ciudad. Hoy me has dejado un momento marcado en la memoria. El momento en el que salía del tanatorio y vi tu coche fúnebre, en el ponía "En recuerdo de tus alumnos del Pablo Neruda". Ahí estoy yo. No quería dejar de mirar la tumba. Ya que era mi última ocasión. Cuando subí a nuestro coche recuerdo muy bien mirar tu tumba y decirte adiós con la mano. Como señal de despedida. Ahora llueve porque no estás. Adiós amigo mío. Nos veremos alguna vez más. Te lo prometo. (C.G. Alumno, en representación de sus compañeros).

Un autor debería ser recordado por sus obras. Recuerdo una de sus historias primerizas. Se llamaba El circo de la vida, una pequeña obra maestra de humor negro. Pero sigo prefiriendo aquella aventura protagonizada por el Capitán Democrático y Palomín, el Chico Pacifista (una divertida caricatura de sí mismo). Uno de los lacayos de La Malhechora exclamaba, patidifuso, ante la aparición de nuestros héroes: "Los supertipos aparecen sobre los cacharros más estrambóticos". El 2 de abril El circo de la vida nos sorprendió con uno de sus chistes malos. Marco Macías Prieto, uno de nuestros supertipos favoritos, dejaba este mundo precipitadamente. Pero se fue sobre los hombros de sus héroes dibujados, sus historias imaginadas, con el recuerdo de su familia y sus amigos. Así son los supertipos: cuando se van, no se van del todo. (Carlos Hermo, guionista de Canal Sur TV).

Tu gran aporte a la cultura y al mundo audiovisual deja un legado digno de reconocer y mantener. Te fuiste muy pronto, pero ese espíritu aventurero, esa amabilidad de brindar siempre lo mejor de ti es el mayor regalo y ejemplo que puedas dejarnos. Te ganaste un lugar en el corazón de todos los educomunicadores que hicimos el máster en la UNIA, nos brindaste tu amistad, muchísimas risas e incluso tu hogar. Recuerdo aquel día que fuimos a visitarte y poco a poco, visita a visita, terminamos juntándonos más de veinte personas en tu casa. O aquellas escapadas en grupo como la de Gibraltar. Son muchos momentos compartidos que atesoraremos y allá donde estés ¡gracias por dejar en nosotros una huella imborrable! DEP Marco, ya te echamos de menos. (Estefanía Ivorrra, generación 2013 de Educomunicadores de doce países de la UNIA).

Con ingenio y bondad siempre así, de esta manera recordaré a mi amigo Marco. Una persona diferente y es que para ser artista uno debe ser diferente. Y Marco lo era. ¡Ya creo que lo era! Tenía una mente prodigiosa que le hacía ver las cosas con ese ingenio tan característico de él. Recuerdo que ese sentido del humor tan agudo que era mi perdición; y lo mejor de todo es que era su estado natural. Me hacía reír mucho por ello, y es que ese ingenio era puro arte natural. Sea como sea, tuve la suerte de poder disfrutar de Marco en tantas ocasiones que me siento privilegiado de haber vivido muchos momentos junto a él. Y fueron esos pequeños momentos en los que Marco llenaba el espacio con su presencia en los que se respiraban momentos intensos de humanidad que hacían a uno sentirse cómplice suyo. Bondadoso como pocas personas, siempre así le recordaré: como un hombre bueno. (Fernando Langreo, de teatro Entrópica Armonía).

Gracias por dejarnos disfrutar de ti, no he podido despedirme pero no olvidaré esa risa tan especial tuya. (Isabel Barrera, amiga).

Con sus ojos de luz, su sonrisa plácida y su mundo interior borboteando, llenaba los espacios como el día, que llega y se va suavemente. Marco, siempre en nosotros. (Susana Repiso Barba, amiga).

A mi querido amigo Marco sobre todo le definía entre otras muchas una característica: el buen humor y junto a esta un detalle inseparable: el despiste. Era un despistado irremediable. Un día por poner un pie sobre otro sin prestar atención se descendió las escaleras de mi casa en slalom sobre la espalda. Eso sí, como los buenos caballeros, al aterrizar al final mantenía intacto el cigarro en la diestra y la copa en la siniestra. No sé cómo no se descalabró. En otra ocasión en el interior de una bar, en aquellos años antes de dejar de fumar, a punto estuvo de prendernos fuego a todos. Era uno de esos personajes insustituibles a los que no se podía sino querer. Amigo mío -tremendo despistado- esta vez te has pasado, te has olvidado que te quedaban muchos años que regalarnos y nos has dejado un vacío imposible de llenar. (Jaime Hdez. de la Torre, pintor).

Reflexionó mirando hacia abajo durante unos segundos y alzó los ojos, tenía los párpados entornados tras sus gafas de pasta negra. Tras fijarlos en mí, esbozó esa medio sonrisa suya tan característica y luego, aún sonriendo y con su pausada forma de hablar, como si arrastrara las palabras, me dijo: "Biblos nunca lo permitirá". Estábamos tomando una cerveza, junto a las gaviotas en un bar de El Cielo, y acababa de preguntarle a Marco si creía que el Dr. Errata, algún día, conseguiría "sacar de los libros" a la buena gente de este mundo. Luego, cuando me volví a dormir, ya lo hice mucho más tranquilo. Gracias, Marco. (Sergio Polo, escritor).

Era un tipo de sonrisa y pelo permanente. Sus andares me recordaban a Groucho Marx, pero no era lo único que compartían. También un sentido del humor ácido y cándido al mismo tiempo. Recuerdo tardes interminables tras salir de la universidad en casa de los Macías, una casa siempre abierta, llena de gente y de buena energía. Buenos tiempos, los mejores. Siempre le recordaré con esa media sonrisa y con un susurro amable entre los dientes. Nos vemos dentro de unos años, querido Marco. Buen viaje. (Óscar Rincón, de La Sexta Deportes).

Casi de puntillas, con su sonrisa como anticipando una broma, ya muy de noche, mientras la expedición duerme agotada en los camarotes del Guanahani en algún punto de su singladura en medio del océano Atlántico, Marco nos deja su dibujo en la redacción de nuestro Oleaje Estudiantil, nuestro periódico de a bordo, esa viñeta en contraportada que en unas horas nos regalará unas risas adolescentes y gamberras. Esas risas en algún punto, perdido y lejano, en medio de mar Atlántico que como un eco aún deben seguir resonando mientras las estrellas hacen dibujos en el cielo. (Joseba Gómez de los 400 tripulantes de 24 países de Aventura 92 Rumbo a la Selva del Orinoco).

Marco sin duda tenía muchos buenos adjetivos, entre ellos genio, gracioso, amable o emprendedor. Me cuesta mucho no hablar en conjunto de los hermanos Macías, y muchos me dirán que estoy loco al compararlos con los hermanos Marx, y tienen razón. Los Macías tienen más color. (Guillermo Rojas, amigo) .

Decir Marco, es decir, compartir y reír hasta llorar. Compartimos tantos recuerdos durante nuestro ciclo universitario que cómo compañero te tengo. Compañero en teatro, en la vida y en lo que hubiera hecho falta. Nunca nos preocupó llegar los primeros, pero sí, "ser los últimos en terminar". Ahora nos dejas solos en esta fiesta que es la vida. En esa fiesta en la que siempre tendrás amigos que nunca te olvidarán.(Dani Suela, teatral Entrópica Armonía).

A mi compañero literato Marco, hombre de palabras precisas y miradas entrelazadas elocuentes como corresponde a un creador. Te llevo acuñado en mi corazón. De mi pluma siempre saldrá un símbolo, un icono que te represente y acompañe. (Andrea Ángeles Constantino, del Club de Lectura de Cómic de la Biblioteca de Huelva).

Marco era nuestro pilar tranquilizador. Persona 10, buen dibujante y mejor amigo. Difícil de olvidar porque nos transmitía paz, esa paz que nos contagiaba a todos. (Conchi Sánchez, Salón del Cómic de Huelva).

En su sonrisa inteligente y pura, en sus colores. (Haiku del Poeta Manuel Lara Cantizani).

Te guardaré junto a los lotos blancos de mi memoria. (Haiku de Alicia Mariño, filóloga).

Marco, nos volveremos a ver en una galaxia muy muy lejana. Quedamos allí. Cuando llegue te aviso y nos tomamos una cervecita. (Francisco Cortijo, amigo).

Se fue, y ni siquiera le dije adiós. Adiós Marco Macías Prieto, voy a echar de menos tu ingenio, tu ironía, tu bondad y tu amistad. Adiós amigo mío, te voy a echar de menos. En estos momentos San Pedro ya debe llevar una camiseta de Biblos. (Daniel Quintero, amigo).

Marco fue mi compañero en el periódico El Nuevo Lunes y en la revista El Siglo, con Rosa del Río de directora. De él destaco su afán de trabajo, se quedaba en la redacción hasta la 1 de la madrugada sin protestar, y sobre todo su simpatía y amabilidad. No dudó en invitarme a su casa de Huelva a pasar con su familia toda la Semana Santa. En agradecimiento a que le hospedé en la mía cuando un bombero le despertó entrando por la ventana de su dormitorio de Pozuelo de Alarcón para desalojarle porque el piso de al lado se estaba quemando, una de sus viñetas hecha realidad. (Zaida Pérez Sevilla, periodista).

Allá en el año 1989 Marco fue navegante de Aventura 92 Rumbo a la Selva del Orinoco y era el viñetista del Diario de a bordo. Ganó su pasaje con un cómic titulado Cosas y casos colombino, que narraba en viñetas la historia menuda del descubrimiento. Todas las mañanas de travesía desayunábamos con sus dibujos que eran esperados por toda la tripulación. (M.C.S. en nombre de De la Cuadra y de todos los monitores del viaje).

Marco se nos ha ido pero cada vez que se abra un Biblos, ahí estará Marco. Cada vez que en el club hablemos de cómics, ahí estará Marco. En cada Salón del Cómic que se celebre, ahí estará Marco. Y para siempre, en nuestro corazón y en nuestro recuerdo, estará Marco. Adiós amigo. (Paco Palomino, Club de lectura de cómic de la biblioteca).

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