Prisión de huelva Agusto Thasio repasa en una conferencia la desdichada vida del literato de Orihuela

Miguel Hernández, intramuros

  • Los internos celebran con una exposición, lecturas de poemas y teatro el centenario del nacimiento del poeta, que ingresó en la cárcel onubense el 9 de mayo de 1939

El centenario del nacimiento de Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910) se convirtió ayer en toda una oda a la literatura entre los muros del Centro Penitenciario de Huelva. Durante más de un mes, los internos -y alumnos del Centro de Educación Permanente (Ceper) Miguel Hernández- han trabajado duro para elaborar un programa de actividades que culminó ayer con la visita a la prisión de la delegada de Educación en Huelva, Antonia Cascales.

El espacio adyacente al salón de actos estaba reservado para el recuerdo. Fotografías de gran formato mostraban la mirada oscura del poeta mientras el interno Antonio Castro Sanjuán se recostaba ante un escritorio y leía en voz alta y clara una de las cartas que Miguel Hernández envió a su esposa, Josefina, desde la antigua prisión provincial. "Querida Josefina, acabo de llegar a Huelva", comenzaba la misiva, que en la voz de Castro Sanjuán sonaba al poeta pastor, aquel que se crió entre los pastos y las palmeras del Levante.

Un poco más adelante, en el pasillo, esperaban más sorpresas. Un mural con un collage de fotografías y copias de manuscritos resumían para el espectador la obra de Miguel Hernández, desde Perito en lunas a Viento del pueblo, pasando por El rayo que no cesa o El hombre acecha. De la pared colgaban también los documentos que acreditaban su ingreso en la antigua cárcel de Huelva el 9 de mayo de 1939 "procedente de Rosal de la Frontera. 28 años".

La nana de la cebolla es, sin duda, uno de sus poemas más célebres y tuvo un lugar especial en la muestra. De un tablón colgaban las traducciones a distintos idiomas, entre ellos el suajili, el sueco o el alemán.

En la planta superior, Antonio Castro volvía a meterse en la piel del autor. Un trabajado decorado contextualizaba la estancia de Miguel Hernández en su celda de la penitenciaría onubense. Desde el camastro, el actor hizo al público viajar al pasado de miseria y cautiverio que vivió el poeta. Tras un aluvión del aplausos, el respetable tomó asiento en una sala. Desde allí, el director del Centro Penitenciario de Huelva, Francisco Sanz, manifestó que "la enseñanza es una de las bases fundamentales para conseguir un reducto de libertad aquí dentro; estudiar y leer es una fuga", a la vez que animó a los internos a escribir.

El docente y escritor de Isla Cristina Augusto Thasio ofreció una disertación amena sobre los avatares de la existencia del "poeta del dolor y la desgracia". En primera instancia, proyectó un vídeo que sirvió de preámbulo a su conferencia, donde desveló los detalles que, tras años de investigación, le han llevado a definir a Miguel Hernández como el poeta de la "mala suerte" y reconstruyó el momento de la detención del literato en la localidad portuguesa de Santo Aleixo da Restauraçao, donde los guardiñas le prendieron y lo entregaron a las autoridades españolas en Rosal de la Frontera "a cambio de cinco pesetas".

El acto conmemorativo culminó con la lectura de poemas que protagonizaron los alumnos del Ceper Miguel Hernández.

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