Genios del flamenco

Manuel Torre ‘Niño de Jerez’

Manuel Torre ‘Niño de Jerez’ Manuel Torre ‘Niño de Jerez’

Manuel Torre ‘Niño de Jerez’

Manuel Soto Loreto, artísticamente conocido como Manuel Torre. El Torre le viene de su padre, al ser persona de gran estatura, alto y grande, asimismo buen cantaor flamenco. Nació en el típico barrio de San Miguel de Jerez de la Frontera el 5 de julio de 1872. Sus comienzos artísticos los efectúa siendo un niño en su tierra natal, en el café cantante Veracruz, escuchando y aprendiendo de los grandes maestros: Manuel Molina, Carito, El Loco Mateo, Los Marruros; escogiendo de cada uno de ellos lo que más le interesa a su forma y manera de interpretar el cante flamenco, escuchando y asimilando también a Paco la Luz y El Viejo de La Isla.

En Sevilla empieza actuar de joven con gran éxito, bautizándole con el nombre de Niño de Jerez, en la que graba sus primeros discos con este nombre, con gran aceptación y acogida en todos los círculos flamencos.

Sin duda de ninguna clase, el cante de Manuel Torre fue el más genial desde los tiempos de Tomás El Nitri. Incluso como éste, era enigmático y extravagante, lo que le impidió ganar mucho dinero, creándose enemistades por su forma de ser. En muchas ocasiones era solicitado para una fiesta o actuación pero si estaba con sus galgos o gallos de peleas, algo que le gustaba mucho, por mucho dinero que le ofrecieran anteponía cualquier pretexto para no asistir y continuar con sus aficiones, a las que daba más importancia que al arte , que era lo que le daba para vivir y hacerse famoso. Pese a todo logró ser de los más grandes del cante flamenco; cuando tenía que desplazarse a cualquier pueblo cercano para actuar, lo hacía en su burrillo moruno, que casi siempre le acompañaba, que no hubiese cambiado por la mejor jaca torera del rejoneador Cañero, aunque al montarse en el diminuto jumento casi le arrastraban los pies por el suelo.

Estuvo casado con la gran bailaora Antonia La Gamba.

Fernando de Triana dijo que al mejor que escuchó cantar fue a don Antonio Chacón, pero el que le ponía los “pelos de punta” y el que mas gañafá le tiraba al alma era Manuel Torre. Fue su compañero a la vez que su ídolo. El día que le echaba carbón a sus duendes no había quien cantara ni trasmitiera como lo hacía Manuel Torre. Nadie dijo nunca, ni creía que se pudiera repetir, la letra de seguiriya que parecía escaparse de la calcinada boca de la fragua más gitana que soñara faraón: “Vamos a jincarnos de rodilla/ que ya viene dio/ va a recibirlo la mare e mi arma y de mi corazón”.

De él se dijo que su cante era como un temblor largo y jondo. “Era el mejor seguiriyero de todos los tiempos”. Esto se lo escuché decir al gran guitarrista Manolo de Huelva, que le acompañó con sus toques en infinidad de ocasiones. Con este genial tocaor tuve la dicha de compartir muchas charlas y comentarios en las distintas visitas que le efectué en su domicilio de Sevilla, preparando el festival homenaje a su persona, que organizó la Peña Flamenca de Huelva en el Estadio Colombino en agosto del año 1973. Del Torre, como él le llamaba, me contó en una ocasión que vinieron a Huelva cuando ambos artistas estaban en todo su apogeo artístico, contratados por un buen dinero a una importante fiesta que tuvo gran expectación entre los flamencos de esta tierra que tuvieron acceso a la misma para escucharlos. Empezada la fiesta, el cantaor le dice a Huelva –así llamaba al guitarrista–, “coge la guitarra y toca al 3 x medio”, empezando con unos ay, ay, ay. Se toma una copa y dice “no tengo tono”.

Espera un rato, repitiendo la frase, pide otra copa y no se arranca hasta pasar un tiempo largo, empezando a retirarse los invitados. Los que pagaban la fiesta le dicen al camarero que les den unos duros y que se marchen, pues han venido a cantar y tocar y no lo hacen, dando la fiesta por terminada. Dada la hora que era (de madrugada), no pueden volver a Sevilla, de donde venían, pues hasta el día siguiente no salía La Tartana –palabras textuales de Manolo de Huelva–, entonces solo se viajaba en coche de caballo, y así lo hacen. Al llegar a Niebla paran para cambia la caballería y al bajarse le dice el Torre a Manolo, “¡Huelva coge la guitarra, tengo ganas de cantar por seguiriya!” – “¿Ahora tiene ganas de cantar?”–, responde el Huelva. En la posada se celebraba el bautizo de un gitanito y allí se llevaron dos días sin salir del pueblo, cantando y tocando los dos, y fue el día que mejor escuché cantar en mi vida al Torre. De esta manera fue como me lo contó nuestro paisano, efectuando ambos una serie de actuaciones por toda Andalucía.

Del Torre, como el siempre le llamaba al referirse a Manuel Torre, decía que junto a Tomás Pavón, cada uno a su estilo y forma de interpretar el cante flamenco, eran los más grandes cantaores que él escucho, y con los que más fiestas y actuaciones compartió. Aparte de gran seguiriyero era un impresionante cantaor de saetas, como a pocos había escuchado, comentando que influía mucho en sus actuaciones el estado de ánimo que tuviese. El día que no le cogía bien o no tenía ganas, mejor no escucharlo.

Don Antonio Chacón era un admirador de Manuel Torre, al que más de una vez lo hacía trasladarse desde Sevilla donde vivía, hasta Madrid, en un viaje en el que se tardaban días, costeándole el desplazamiento, la estancia y un buen dinero por su actuación.

El 22 de julio de 1933 fallece en Sevilla. Según Fernando de Triana, el día de su muerte le faltaron dos importantísimos detalles: el primero, la cantidad de dinero que pudo ahorrar en su vida artística, y el segundo, la cantidad de amigos que no supo conservar para que recogieran a la cabecera de su cama el último quejido de su vida, y todo por sus rarezas. Fue el triste epílogo de la mejor historia, aunque es verdad que cantó todos los palos y cantes flamencos siendo uno de los mejores intérpretes de los cantes de Jerez, e incluso de los no nacidos en su tierra, como aquel impresionante estilo de fandango campero, inspirado en los fandangos de nuestra capital y provincia, aquella letra que decía: “Blanca paloma yo te traigo/ que del nido la cogí/ su madre se quedó llorando/ como yo lloré por ti/ la solté y salió volando”.

Su ciudad natal, Jerez de la Frontera, para inmortalizarlo colocó una placa en la casa donde vino al mundo, como recuerdo constante para que todo el que pasé por la misma sepa que allí nació uno de los mejores cantaores de todos los tiempos, que cantó por seguiriyas como no lo había hecho nadie.

Según el maestro de Los Alcores, Antonio Mairena, para él fue “de verdad el mejor de todos los tiempos”.

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