Fila siete

Intrigas cortesanas

Decía el inolvidable y genial director italiano Federico Fellini que el cine español tenía la fortuna de contar con una Historia rica en acontecimientos trascendentales y una Literatura de inigualables sugerencias para llevarlas a la gran pantalla. Salvo en raras ocasiones en uno y otro caso no siempre nuestra cinematografía supo aprovechar afortunadamente ese patrimonio y tampoco tuvo el acierto a la hora de plasmarlo en imágenes. Ahora nos asomamos a un pasaje de la historia, que, sin ser la primera vez que se lleva al cine, sí lo aborda de una manera más directa. Se trata de una conjura perpetrada en el reinado de Felipe II, cuando en los dominios españoles no se ponía el sol.

Una intriga histórica entre complejidades políticas y policiales en el marco del enfrentamiento entre la Casa de Alba, los Mendoza, la intrigante Princesa de Éboli, su amante, el poderoso Antonio Pérez, secretario del Monarca, y Juan de Escobedo, emisario de Juan de Austria. La conquista de las influencias del poder en el inmenso imperio español estaba en juego. El imponente marco arquitectónico del Monasterio de El Escorial es el escenario de estas tramas cortesanas que desconcertaban al Rey, empeñado en dilucidar quienes le servían y quienes le traicionaban.

No cabe duda de que el tema supone un gran reto para cualquier director, que Antonio del Real, titular de un cine casi siempre alejado de empeños tan comprometidos como éste, ha tratado de recrear con una ambientación fastuosa y adecuada, lo que se logra gracias a la brillante labor de la dirección artística de Luis Vallés y del figurinista Javier Artiñano.

Antonio del Real, que es un director de muy largo recorrido en el cine español, con una buena parte de su obra perfectamente prescindible, ha emprendido un trabajo muy ambicioso, tal vez excesivo, no para sus medios sino para su capacidad de articular con inteligencia y ponderación una puesta en escena que pone más empeño en un relato amoroso con dudosos trances sexuales, torpemente manejado, que en el fundamento histórico de una conspiración palaciega por el tráfico de influencias que siempre ha envenenado la política española.

El director ha preferido manejar esta intriga desde un punto de vista absolutamente comercial, de manera que resulte amena para el ciudadano medio, sin entrar en grandes disquisiciones sobre los abusos de la autoridad y las maquinaciones del poder, que nunca perdieron vigencia, de forma que pueda agradar a los amantes de la Historia a cualquier precio. Con todo hemos de admirar el enorme esfuerzo de producción que representa la película.

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