Literatura

La Fundación Cajasol exalta la lengua como lugar común para España y América

  • La sala El Comercial acoge hasta el 27 de noviembre una muestra sobre la relación entre escritores de un lado y otro del Atlántico con piezas asombrosas y únicas para la revelación

El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, durante su intervención en la apertura de la muestra. El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, durante su intervención en la apertura de la muestra.

El presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, durante su intervención en la apertura de la muestra. / Josué Correa

Recordaban ayer en la presentación que a Gabriel García Márquez no le gustaba eso de distinguir entre autores de distintos continentes. “No hablemos más por separado de literatura latinoamericana y de literatura española, sino simplemente de literatura en lengua castellana”, afirmó el Nobel colombiano en 1968. Y, de hecho, esa es la idea que hay detrás de Un puente de palabras. Los Nuestros, la exposición con la que la Fundación Cajasol eleva la lengua española a espacio común de España y América, vínculo único que se hace grande en los libros.

Cobra una dimensión especial la propuesta en Huelva, cuna de tantas cosas como de esos primeros pilares del puente fortalecido con las letras a lo largo de los siglos. Cuna también de Juan Ramón, en la cúspide absoluta de la literatura hispana y símbolo del lazo estrecho que unió definitivamente en el siglo XX dos mundos físicos en uno universal.

Hay en esta muestra abierta en la sala El Comercial onubense un recorrido extenso y detallista de la vida literaria y personal de algunos de los nombres que sustentan la grandeza de, probablemente, la literatura más poderosa que se haya dado nunca en el mundo. Confluyen trayectorias que se cruzan en el océano y comparten experiencias y sentimientos recogidos aquí en libros, manuscritos, epístolas, fotografías, dibujos y objetos personales que dejan mucho lugar a la evocación de aquel pasado lejano que hizo más grandes las vidas de lectores, también de común terreno lingüístico.

Juan Ramón y Zenobia, uno y otro, ambos siempre juntos, uno sólo, viajaron a Cuba en 1937, al inicio de su exilio, y posteriormente, en 1948, a Uruguay y Argentina. Viajes que marcaron, también a ambos lados, a los autores locales y al moguereño expatriado, aunque realmente éste defendiera siempre, lejos ya de España, que su patria verdadera siempre fue la lengua española.

Lorca, amigo, también cruzó ese puente en 1933, poco antes de que la sinrazón privara a esa patria común de un portento literario. Estuvo en Buenos Aires, por el estreno teatral de Bodas de sangre, que le elevó a un estatus de estrella que le costaba asumir.

De aquellas escapadas reveladoras hay constancia física en la exposición de El Comercial. Entre otras piezas, un dibujo prácticamente inédito en España, Marinero del amor, realizado por Federico para su amigo Gabriel Manes, y que, antes que ahora en Huelva, sólo había sido mostrado en 1986.

Hay trazos también de Alberti, y muchos manuscritos de autores admirados e idolatrados por tantos años. Y las mismas gafas a través de las que miraba al mundo Julio Cortázar; las mismas, parecidas, con las que lo hacía Juan Carlos Onetti; pipas y ceniceros de ambos, o un pisapapeles, nunca visto de un nicaragüense, Rubén Darío, que tan bien se movió, igualmente, en la misma lengua a uno y otro lado continental.

No faltan Borges, Benedetti, Lezama Lima, el propio García Márquez o su íntimo enemigo Vargas Llosa. También Ramón Gómez de la Serna, María Zambrano, Cernuda... La biblioteca reunida es única, procedente de los fondos del Museo del Escritor, de Madrid. Aunque aclaraba ayer uno de sus directores, Claudio Pérez, comisario también de la exposición con Raúl Manrique, que más que una muestra de libros es de escritores, de literatura, de la lengua. Y aquí, entregados a su exaltación en la misma tierra de un patriarca indiscutible, Juan Ramón Jiménez, se verá hasta el 27 de noviembre.

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