Cultura

Dios santo, nos casamos

Conociendo la poética de Adrian Tomine (Sacramento, 1974), que gusta de reflejar la frialdad emocional y la desventaja que supone tener sentimientos en una sociedad hedonista y narcisista como la nuestra, uno se esperaría todo tipo de catástrofes y humillaciones, una perturbadora disección de los días previos al paso por el altar, en Escenas de un matrimonio inminente, pero no, nada de eso. Lo de Tomine, servido en castellano por la editorial Sins Entido, es un librito amable, un sencillo recuento en forma de documento autobiográfico de las triviales y consabidas vicisitudes de toda pareja de tortolitos que pretende intercambiarse anillos: la confección (consensuada) de la lista de invitados, la contratación del local en el que se celebrará el convite y la elección del disc-jockey, el encargo de las invitaciones, la organización de las mesas, la prueba en el salón de belleza, la lista de boda, etcétera, etcétera. Según se desprende de la lectura de Escenas..., el propio minicómic no es sino el regalo que los cónyuges, Adrian y Sara, hicieron a sus invitados, lo que le añade al asunto un tierno toque metaliterario.

En las antípodas de las ácidas y desesperanzadoras historietas de Optic Nerve, recopiladas en nuestro país con los títulos Sonámbulo y otras historias, Rubia de verano y Shortcomings -quizá haya suerte y caiga también algún día la cajita de trabajos primerizos 32 Stories: The Complete Optic Nerve Mini-Comics-, aunque compartiendo con estas la voluntad gekiga de representar la realidad sin más, Escenas de un matrimonio inminente es una obra menor en todos los sentidos menos en uno: Tomine se abre aquí al sentimentalismo y la comedia, enriqueciendo de este modo sus registros. Y qué le va a hacer el hombre, si está felizmente casado.

Adrian Tomine. Sins Entido. 56 páginas. 10 euros.

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