Cantar jugando en el Concurso Infantil de la Peña Flamenca de La Orden

La 45ª edición del Concurso Infantil de la Peña La Orden, gran cantera de cantaores onubenses, se celebra este sábado en el Gran Teatro de Huelva

Arcángel, Rocío Márquez, Argentina, Carmen Molina, Regina y Jesús Corbacho pasaron por su escenario

Arcángel con copa ganador Conurso infantil Peña La Orden .
Arcángel con copa ganador Conurso infantil Peña La Orden .
Miguel Á. Fernández Borrero

08 de junio 2024 - 03:00

-. ¿Y si organizamos un concurso infantil de fandangos?

La idea se puso sobre la mesa de la directiva de la Peña Flamenca La Orden cuando la presidía Pepe Mancha. La propuesta se concretó en 1980 y comenzaron las gestiones para convocar la primera edición. Se redactaron las bases y se cursaron las invitaciones a escuelas y academias de flamenco de la capital y provincia para atraer la participación de sus alumnos. Comenzó entonces una colaboración que ha sido fundamental para mantener la vigencia del concurso y que se ha demostrado muy fructífera para ambas partes; la mutua implicación ha generado una corriente relacional que es la que mantiene, hasta el día de hoy, esta fórmula de éxito que son los concursos de flamenco.

Dada la peculiaridad de que son niños de hasta catorce años los que pueden participar, el infantil de La Orden es genuino y sin comparación posible; ningún otro en la provincia alcanza la longevidad de este concurso. Y específicamente, por lo que se refiere al fandango de Huelva, si lo ponemos en valor y comparamos, habremos de convenir que ninguna otra experiencia ha aportado al cante emblemático onubense lo que aporta este como modelo, tanto en fomento de la afición como en número de participantes.

Su estabilidad la prueba el hecho de que ha mantenido las mismas normas básicas de funcionamiento casi sin variación durante toda su trayectoria; si acaso, precisar que en las primeras ediciones se pedía a los concursantes que cantaran seis fandangos y en la actualidad se piden solo cuatro. Se establecen tres premios en metálico para las mejores interpretaciones y tres accésit o premios especiales al mejor fandango del Alosno, del Andévalo y la Sierra y de los estilos de Pepe Sanz. Cada año se dedica el concurso a un pueblo, un cantaor reconocido o una personalidad relevante.

La ganadora de la primera edición fue María Engracia García, que, como muchos otros concursantes que consiguieron premios, dejó su nombre para el recuerdo, pero no se dedicó profesionalmente después al arte flamenco. Por el tablao de la peña han desfilado en estos 45 años nada menos que 1.200 niños y niñas procedentes de todas las comarcas de la provincia, más unos 150 guitarristas acompañantes y alrededor de un centenar de aficionados han formado sus jurados. Como “patrimonio artístico de este concurso” denomina Antonio López, ex presidente de la peña, a los nombres de gran relieve flamenco que pasaron por aquí. “El incentivo que supone para cientos de jóvenes cada año participar es un estimulante de primer orden para crear afición flamenca”, afirma. En efecto, el tablao de esta peña guarda memoria de nombres como los de Carmen, Helga y Olivia Molina, Regina García, Arcángel, Argentina, Rocío Márquez, Jesús Corbacho, Christian de Moret y otros que hoy son primeras figuras del arte flamenco.

El Concurso, venero de arte

Por este concurso pasaron, cuando niños, artistas onubenses que hoy están situados en los primeros puestos del escalafón flamenco. La fama de parte de estas figuras trasciende los ámbitos cercanos y se extiende por el mundo.

He querido recordar con varios de ellos la memoria que guardan de cuando intervinieron en este concurso, y de la breve conversación mantenida se extraen aspectos muy interesantes para reflexionar. El primero es que, cuando participaron, todos lo vivieron como un divertimento, como un juego. Han transcurrido 25 ó 30 años desde entonces, y en ese periodo se ha producido un cambio social que ha virado, en ocasiones, hacia actitudes más competitivas, con clara pérdida del fair play y del disfrute que caracterizaba a aquellos niños de entonces. Tampoco este concurso se ha sustraído a la inercia competitiva general que se ha ido apoderando del ambiente social a todos los niveles. Llama la atención la coincidencia en este aspecto de prácticamente todos los consultados. Lean con interés sus reflexiones.

Carmen Molina

Carmen es la “Messi del concurso”, como la llama el presidente Manuel García Iglesias: ganó cuatro ediciones sucesivas entre 1993 y 1996, desde los once a los catorce años, pero ya había participado en una semifinal cuando tenía solo seis, compitiendo, entre otras, con alguna de sus hermanas. Una niña pugnando por los premios con adolescentes que le superaban en edad. Ella intervino con sus dos hermanas en los concursos de los años 80 y 90, y el ganar o perder se solventaba deportivamente, sin generar frustraciones cuando no se obtenían premios. Por eso ahora resalta los valores de participar. “Vosotras sois privilegiadas –les dice a las concursantes-, porque con vuestra edad estáis aprendiendo vuestra propia cultura sin que os cueste trabajo. Os preparáis varios estilos de fandangos porque hay que llevarlos a un concurso, pero lo principal de eso es el aprendizaje. Cuando yo me presentaba con mis hermanas, para mí lo importante era llevar aprendidos cada vez más estilos de fandangos… Era todo un reto: aprender los tonos, letras nuevas, conocer cada estilo, llevar el compás… Ir al concurso nunca fue para mí una competición, entre otras cosas porque muchos aspirantes eran compañeros míos en el cuadro de cante de la peña…”.

Carmen Molina en otra actuación del concurso infantil peña la Orden.
Carmen Molina en otra actuación del concurso infantil peña la Orden.

En aquellos años, el aprendizaje era más difícil. “El guitarrista de la peña, Pedro Calvo, nos ayudó muchísimo… Rescataba grabaciones antiguas, que no se conocían apenas, para enseñárnoslas. Los niños de hoy tienen mucha suerte de acceder a archivos de Antonio Rengel, de Rebollo, de cantes viejos… Nosotros no teníamos acceso a esas grabaciones, porque las peñas las guardaban como tesoros a los que no permitían que accedieran más que unos pocos… Cuando yo era una niña, nunca escuché directamente un disco de Rengel, sino las interpretaciones que hacían los mayores que tenían acceso restringido a sus discos, pero no directamente a la fuente, que los niños de hoy sí que la tienen con fácil acceso para aprender de las grabaciones originales. Aprendimos gracias a los discos que grababan las peñas, la Peña Femenina con la ayuda de Onofre, que conocía tan bien los diversos estilos de fandangos... Para los aficionados mayores y para los de mi edad, nuestra escuela era escuchar, una y otra vez, en una peña en otra, en otra… y echar ratos de cante juntos, claro… Hay una gran diferencia para el aprendizaje entre el ayer y el hoy”.

¿Qué hay que sugerirle a los jóvenes concursantes de ahora? “Que el concurso infantil de la Peña La Orden no se lo tomen como una competición, sino como una enseñanza más. El concurso te obliga, una vez al año, a prepararte una serie de fandangos que te enriquecen culturalmente… Me da pena quienes se lo toman como una competición, porque son niños. Y en esto tienen mucho que ver las actitudes de los padres, que lo primero que tendrían que pensar es "qué fortuna la mía de que mi hijo, mi hija tengan interés en aprender los estilos de los fandangos". Esa suerte no la tienen todos los padres, y por ahí es por donde debieran de pensar”.

Arcángel

Francisco José Arcángel Ramos, Arcángel, para el arte, ganó tres veces este concurso. Para él, que desde niño tuvo la ilusión de ser artista profesional del flamenco y que es hoy referente máximo del cante, su memoria asocia aquellas participaciones como acontecimientos de ilusión. “Cada vez que cantaba en el concurso, yo lo vivía como algo muy bonito, con muchos nervios… Estaba descubriendo un montón de cosas que me enriquecían en conocimientos y me gustaba mucho participar… Pero debo decirte que las primeras veces que concursé me gustó más, porque entonces no había ese afán competitivo que ya, en las últimas veces, vi que se acrecentó, ese sentido de competir, aunque seguíamos siendo niños con trece o catorce años. Eso ya no me gustó tanto”.

Arcángel con copa ganador Conurso infantil Peña La Orden .
Arcángel con copa ganador Conurso infantil Peña La Orden .

Desde su larga experiencia como cantaor profesional, Arcángel recomendaría a los nuevos concursantes “que vayan con el objetivo de pasarlo bien, de vivir una experiencia nueva. Y, para después, si van a seguir el camino del arte flamenco, tener claro que del paso de los primeros concursos al profesionalismo hay un trecho muy largo, de otra responsabilidad y donde todo es mucho más complejo”.

Regina

La cantaora Regina García es también ahora profesora que da clases de cante a niños en la Escuela Municipal de Flamenco de su pueblo, Rociana del Condado. Ella ganó el concurso de la Peña La Orden en un par de ocasiones. Aquella niña enamorada del arte desde pequeñita, que cogía las ropas de su madre y se vestía de coplera, que prefería jugar a artista antes que jugar a las muñecas, siempre se tomó lo de cantar en público como un juego. “Para mí el concurso no era una competición; era como una prueba para ser artista… Así que cantar en el concurso seguía siendo un juego de ser artista, como lo que yo hacía en mi casa con diez, doce años… Participando en el concurso encontraba cosas muy bonitas, como la convivencia con niños nuevos, el cariño de los responsables de la Peña, de los aficionados que iban a escucharnos cantar, de las madres y los padres que los acompañaban… Guardo un recuerdo precioso de todas aquellas vivencias… Luego, muchos se quedaron en el camino y no siguieron carrera para ser artistas. Pero por ese concurso hemos pasado casi todos los que nos dedicamos a esta profesión, tan dura y tan apasionante a la misma vez”.

Regina García cantando en concurso infantil Peña la Orden.
Regina García cantando en concurso infantil Peña la Orden.

Regina coincide con otros compañeros en lo que conviene a los concursantes. “Que se lo tomen como un ensayo más y que disfruten. Y que si se van a dedicar a esto, que sigan estudiando mucho el flamenco, pero que no abandonen sus estudios, porque la preparación es fundamental para la vida. Y que no dejen de jugar, de disfrutar, de aprender y que no se presionen, porque concursar es unos días; si consiguen premio, fantástico, pero si no ganan, no tiene que pasar nada”.

Jesús Corbacho Vázquez

Jesús Corbacho viene de familia de flamencos. Pudo ser guitarrista, porque por ahí inició su aprendizaje, pero le sedujo más el cante y a él se ha dedicado desde niño. Hoy es uno de los cantaores más solicitados para acompañar al baile, lo que le ha procurado actuar y recorrer el mundo varias veces con compañías de baile. El concurso de la Peña La Orden fue de los primeros peldaños para su carrera. Ganó dos segundos premios en sendas ediciones.

Jesús Corbacho en el concurso infantil de la Peña La Orden.
Jesús Corbacho en el concurso infantil de la Peña La Orden.

Haciendo memoria, resalta la fascinación que le producía cantar en una gala como las finales de los concursos en el Gran Teatro. “Aquello fue algo muy bonito para mí; era un concurso que llevaba ya bastantes años celebrándose cuando yo actué. El ambiente del Gran Teatro era algo grandioso, espectacular para un chiquillo como yo... Presentarse a los concursos debe ser un estímulo para prepararse, para aprender bien los fandangos… La principal meta es cumplir el propósito propio, el de uno mismo… Eso es importante, y si se consigue un premio, mejor todavía… Enfrentarte a un público desde un escenario, siendo un niño, tiene un valor mágico en sí mismo”.

Rocío Márquez

Como un juego también, Rocío comenzó a formarse en la Peña Flamenca de Huelva siendo una niña. Tan como un juego empezó, que recuerda alguna clase en la aprendía fandangos mientras estaba jugando al jula jo. Ganó un segundo premio. “Para mí era un juego; no tenía sentido de competir, sino de disfrute; eran mis compis con los que estaba aprendiendo; conocía a otros niños… Y me sorprendía al escuchar lo bonito que cantaban algunos compañeros, de aprender los estilos de fandangos… Era un juego en el que toda mi familia me acompañó en la final, en el Gran Teatro… Y era bonito también porque toda la gente que estaba allí lo hacía por afición y sin cobrar… Una entrega de personas como Manolo el Málaga, Amparo Correa, Mario Garrido, Juan Sanz… todos con una actitud y un cariño para recordarlos”.

Rocío Márquez, en el Concurso Infantil de la Peña Flamenca de La Orden.
Rocío Márquez, en el Concurso Infantil de la Peña Flamenca de La Orden.

¿Cómo recuerda Rocío sus primeras actuaciones? “Pisar el escenario cantando es para una niña una sensación muy feliz, muy ilusionante. Aunque todavía no lo sientas de una manera consciente y madura, sí que empiezas a vislumbrar que ese es el camino que quieres seguir. Es un juego, un disfrute, unas ganas de conocer más, de ir identificando fandangos, de meter las palmas a compás a la vez que cantas… Todos esos pasitos los vives con mucha ilusión”.

Es importante que el recuerdo de aquellas primeras experiencias en el mundo del arte dejen un poso de juego y de felicidad en la memoria. “En otros concursos, como alguno de televisión, he visto a niños angustiados, que no querían estar y que sufrían, pero que sus padres les obligaban. Esto hay que referirlo, porque lo principal es que actuar sea una iniciativa de los propios niños, siempre desde su disfrute y su voluntad. Y si no disfrutan, que paren”.

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