El Síndrome de Casandra: Por qué nos aterrorizan los desastres naturales y cómo recuperar la calma
Psicología y Salud: Todo está en ti
¿Pero por qué nos afecta tanto? Desde la psicología evolutiva, el miedo es una herramienta de supervivencia
Inundaciones sin precedentes, incendios que devoran provincias enteras y sismos que sacuden nuestra idea de seguridad. En un mundo donde las catástrofes naturales parecen ser la nueva normalidad, la psicología explica por qué nuestro cerebro se bloquea ante la furia del planeta y qué herramientas existen para no vivir bajo la sombra del miedo.
Hace décadas, las catástrofes naturales se percibían como eventos fortuitos, "actos de Dios" o anomalías estadísticas que ocurrían "en otra parte". Hoy, la narrativa ha cambiado. La inmediatez de las redes sociales y la crisis climática han transformado esos eventos en una presencia constante en nuestras pantallas y, por extensión, en nuestra psique.
El miedo a los desastres naturales —que en sus formas más agudas puede derivar en ecocansancio o ecoansiedad— no es solo una reacción ante el peligro físico, sino una crisis existencial sobre nuestra vulnerabilidad en un planeta que creíamos dominar.
¿Pero por qué nos afecta tanto? Desde la psicología evolutiva, el miedo es una herramienta de supervivencia. Ante una amenaza, nuestro sistema nervioso activa el eje hipotálamo-pituitario-adrenal, preparándonos para la lucha o la huida. Sin embargo, los desastres naturales presentan un desafío único: no se puede pelear contra un huracán ni se puede huir de un terremoto con la certeza de estar a salvo.
La pérdida del "Mundo Justo": La mayoría de los seres humanos operamos bajo el sesgo cognitivo de la "hipótesis del mundo justo": la creencia de que si somos buenas personas y seguimos las reglas, estaremos a salvo. Un desastre natural rompe este contrato de forma violenta. Es aleatorio, masivo e indiferente a nuestros planes. Esa falta de control es la que genera el trauma.
El fenómeno de la "Disponibilidad Heurística”, psicólogos como Daniel Kahneman han explicado que tendemos a juzgar la probabilidad de un evento según la facilidad con la que recordamos ejemplos similares. Al estar expuestos a un flujo constante de imágenes de catástrofes en tiempo real, nuestro cerebro sobreestima el riesgo inmediato, asumiendo que el desastre es inminente, incluso si estadísticamente el peligro en nuestra zona es bajo.Y sobre todo últimamente con las catástrofes de la Dana y la del tren ,esto ayuda a alimentar la certeza de que pueda ocurrir más frecuentemente y estar en alerta.
El miedo a la naturaleza en el siglo XXI ya no es una emoción monolítica. Se ha diversificado y especializado, adaptándose a nuestra forma de consumir información y a nuestra relación con el entorno. Los psicólogos clínicos advierten que estas manifestaciones no son solo "preocupaciones", sino estados que pueden alterar la química cerebral y la funcionalidad diaria.
La ansiedad anticipatoria y la "Hipervigilancia Digital" este es el miedo al "cuándo", no al "qué". Es una respuesta del sistema de alerta que se queda encendido en modo de espera. El individuo no está reaccionando a un peligro presente, sino que su mente vive en un futuro catastrófico constante. En la era de las redes sociales, esto se traduce en una hipervigilancia digital: la necesidad compulsiva de consultar radares meteorológicos, aplicaciones de detección sísmica o cuentas de Twitter especializadas en emergencias. Esta conducta busca una falsa sensación de control, pero el efecto es el contrario: mantiene los niveles de cortisol (la hormona del estrés) elevados de forma crónica, lo que agota las reservas de energía del paciente y genera trastornos del sueño.
La Ecoansiedad: El duelo por un futuro incierto ,a diferencia de un terremoto, que es un evento discreto con un inicio y un fin, la ecoansiedad es un "estrés sin fin". La Asociación Americana de Psicología (APA) la define como el temor crónico a la catástrofe ambiental que proviene de observar el impacto aparentemente irreversible del cambio climático. Lo que hace única a la ecoansiedad es que no nace de un trauma pasado, sino de una pérdida de confianza en el futuro. Genera sentimientos de:
Culpa: Por el propio estilo de vida y la huella de carbono.
Impotencia: La sensación de que las acciones individuales son insignificantes frente a la magnitud del problema.
Solastalgia: Un término acuñado por el filósofo Glenn Albrecht para describir la angustia que produce el cambio del hogar o del entorno familiar debido a la degradación ambiental. Es "sentir nostalgia por el lugar donde aún vives" porque ya no lo reconoces.
Otra causa de este miedo es el trauma vicario y el impacto del "Testigo Remoto" es decir, ya no necesitamos estar en el centro de un huracán para sufrir sus efectos psicológicos. El trauma vicario (o trauma secundario) ocurre cuando un individuo se expone de manera repetida y prolongada a relatos, imágenes y videos de dolor ajeno. El cerebro humano posee neuronas espejo, encargadas de la empatía. Al ver imágenes en alta definición de personas perdiendo sus hogares o animales sufriendo, nuestro cerebro puede procesar ese dolor como si fuera propio.
El resultado es un agotamiento emocional que mimetiza el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT): irritabilidad, entumecimiento emocional y una visión del mundo como un lugar inherentemente peligroso y hostil.
La "Parálisis por Análisis" ante el desastre surge una manifestación conductual: la congelación. Ante la magnitud de las posibles catástrofes (megaincendios, subida del nivel del mar), muchas personas caen en un estado de desatención selectiva o negación defensiva. Es un mecanismo de defensa del ego; el problema es tan grande que el cerebro decide "desconectarse" para no colapsar. El peligro de esta cara del miedo es que impide la preparación real, dejando a la persona más vulnerable ante un evento real.
Conclusión: De la parálisis a la preparación
No podemos elegir el tiempo que nos toca vivir, ni podemos domesticar por completo la fuerza del planeta. Sin embargo, la salud mental en tiempos de crisis no se trata de la ausencia de miedo, sino de la capacidad de actuar a pesar de él. Convertir la angustia en preparación y la impotencia en acción comunitaria es la única forma de habitar un mundo incierto con la cabeza alta. La naturaleza puede ser implacable, pero la capacidad humana para adaptarse, reconstruir y apoyarse mutuamente es, históricamente, mucho más poderosa.
"No se trata de esperar a que pase la tormenta, sino de aprender a bailar bajo la lluvia... y de construir mejores paraguas para todos."
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