Huelva

Cinco siglos de historia de La Concepción

  • Puerta del Atlántico ofrece visitas guiadas al templo todos los miércoles de marzo

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Un recorrido por la historia y riqueza patrimonial de la Parroquia de la Concepción de Huelva. Una treintena de personas participó ayer en la primera de las visitas guiadas al templo, organizadas por el Centro Puerta del Atlántico, dependiente de la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de la capital onubense, que se repetirán todos los miércoles del mes con motivo del quinto centenario de la edificación. Se trata de una iniciativa del informador turístico José María Maldonado, que hizo de guía.

El edificio, construido en el siglo XVI, fue objeto de varias reconstrucciones y restauraciones a lo largo de su historia debido a los daños ocasionados por el terremoto de Lisboa, en 1755; el incendio de 1936 y las obras de construcción del edificio colindante en la calle Méndez Núñez, en 1999, que afectó gravemente la estructura del templo.

El grupo de visitantes accedió a la parroquia por la entrada principal de la edificación, cuyo estilo gótico-mudéjar está enmascarado por las distintas obras llevadas a cabo. En la actual fachada, que es del siglo XVIII, se encuentran las esculturas de la Inmaculada, San Pedro y San Pablo, así como dos azulejos, uno de la Inmaculada, de Mensaque Rodríguez y Cía (1939), y otro del Nazareno (1927), del taller de Ruiz de Luna e hijos, de Talavera de la Reina, con la imagen del Cristo del siglo XVII destruida en 1936.

Antes de iniciarse la visita, el párroco Diego Capado se acercó al grupo, congregado en la calle Concepción, ante la Iglesia, y le deseó que disfrutara con la ruta guiada por el interior del templo.

Tras pasar por el nártex, donde se quedaban los no bautizados, la visita comenzó por la capilla bautismal, donde se encuentra una talla de San Juan Bautista (1963), de León Ortega, y de la Virgen de Fátima, de los talleres de Olot. Maldonado comentó que todas las vidrieras de la parroquia, con excepción de la de San Alfonso María Ligoria (de la empresa Santarrufina), son de la empresa La Veneciana, incluyendo las que hay en la puerta lateral, que representan la Sangre de Cristo y el Cordero de Dios.

Durante el recorrido, los visitantes pudieron ver las imágenes de San Nicolás de Bari, de los talleres de Olot; la Virgen de la Soledad, del siglo XVIII, de autor anónimo, cuya corona es del orfebre Ramón León Peñuela, y la Virgen del Rocío (1936), de Sebastián Santos Rojas, haciendo paradas ante el altar de San José, hoy cubierto por una lona, al estar en proceso de restauración, en el que se ubicará la talla de San José (1946), de Pérez Comendador, y las de San Joaquín y Santa Ana (1950), de Luis Ortega Bru, que también se están restaurando, y ante la capilla de la Vera Cruz, con los titulares de la hermandad: El Cristo de la Oración en el Huerto (1977), de Luis Ortega Bru, y Nuestra Señora de los Dolores (1967), de Luis Álvarez Duarte.

En el presbiterio se encuentra la imagen de la Inmaculada, de Castillo Lastrucci; unos ángeles, de Luis Ortega Bru, y unas pinturas, de Mario Moya. Destaca la gran lámpara de finales del XIX.

El recorrido prosiguió por la nave del sagrario, donde está expuesto el Santísimo. El sagrario de plata (1958) es obra de Jesús Domínguez, y la escultura del Sagrado Corazón de Jesús (1939), de Sebastián Santos Rojas. La comitiva pudo apreciar los detalles del retablo del Perpetuo Socorro, tallado por Miguel Hierro Barreda en 1954, y de las tallas de San Estanislao de Koska y de San Antonio de Padua.

En la capilla del Nazareno, el titular de la hermandad, una imagen de 1950, de Sebastián Santos Rojas, estaba en las andas sobre las que realizó el pasado lunes el Vía Crucis, que organiza el Consejo de Hermandades.

La ruta por el interior del templo siguió por el retablo de la Virgen del Carmen, de Miguel Hierro Barreda. La talla es de Agustín Sánchez Cid. Junto a ella están las imágenes de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. A continuación se encuentra la Inmaculada, obra de Mario Moya.

La comitiva pudo subir al coro y ver el interior de la parroquia desde otra perspectiva, finalizando la visita en la sacristía, donde hay una placa de mármol del antiguo Convento de los Mínimos.

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