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Huelva

El santo cura Girón

  • Hace 14 años que partió hacia las marismas del cielo y desde entonces lo tengo más presente en mi pensamiento y corazón 

Pedro Rodríguez y Paco Girón.

Pedro Rodríguez y Paco Girón. / H. I. (Huelva)

Francisco Girón Fernández, conocido por el cura, Paco Girón, hace, hoy, catorce años que partió hacia las marismas del cielo. Parece que fue ayer, cuando en su casa de Higuera de la Sierra, luchaba contra la cruel enfermedad que terminó con su vida. Murió en su cama, rodeado de su familia, ante el dolor de la gente de su pueblo y de todos los que lo queríamos.

Desde ese día, aprovecho cada aniversario (ya son catorce) para escribir sobre él y, sobre todo, tenerlo más presente en mi pensamiento y corazón.

Cuántos más años pasan, la figura de este hombre excepcional se engrandece y los que tuvimos la suerte de beber en su “fuente de agua viva”, lo extrañamos más. Tenemos la suerte de que, el santo cura Girón, nos ha dejado un legado excepcional de testimonios, acciones personales y el tesoro de su libro: “Lo que mis ojos han visto” (el cual te recomiendo).

Ahora mismo, lo tengo en mi mesa. En la primera línea del libro escribe: “La experiencia más gozosa de mi vida ha sido y es, Jesucristo…”. Al comenzar el segundo párrafo, señala: “Cuando uno vive en los últimos tramos del camino, siente la necesidad y el deber de comunicarlo…”. ¿Comunicar qué?. Las experiencias únicas vividas en sus propias entrañas y con tantas personas que caminaron con él.

Era matrícula de honor en empatía

Don Francisco o Paco, como le llamábamos indistintamente, ejerció una teología experimental, lejos de dogmatismos. Con ella, consiguió entrar en el corazón de todo el mundo. Era matrícula de honor en lo que hoy está de moda: empatía.

Sabía escuchar, mirar y ponerse en el lugar del otro. Por lo cual, era capaz de acoger y dar respuesta a sus anhelos. El santo cura Girón, nos regaló su humildad. Vivía con sencillez, sin darse importancia, sin soberbia ni prepotencia.

Era muy generoso. Todo lo compartía (tiempo, sonrisa, coche, dinero, sabiduría, bondad…). Nunca pasaba de largo… Vivía a fondo las bienaventuranzas: ayudar a comer al que no tiene comida; acoger al forastero; vestir al desnudo; visitar al enfermo…

Los que caminamos con él por la vida, estamos obligados a recordar eternamente su figura inimitable. Y hacer todo lo posible para que haya una mayor implicación de la Diócesis y adhesión de la sociedad civil de Huelva en la causa abierta en Roma para que, cuanto antes, sea reconocido santo de la Iglesia católica. Mientras llega ese momento, para los que lo conocimos de cerca, es, sin duda, el santo cura Paco Girón.

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