María Macías/ directora Cáritas

María Macías: “Hay que romper las cadenas que nos llevan a repetir patrones de vida”

María Macías.

María Macías. / Rafa García. (Huelva)

María Macías García fue nombrada el pasado 25 de enero directora de Cáritas Diocesana de Huelva. Durante más de veinte años ha desempeñado la labor de trabajadora social en diferentes entidades, una experiencia que le hace tener un profundo conocimiento de la realidad de los colectivos más desfavorecidos.

–Qué supone para usted acceder a la dirección de Cáritas en Huelva?

–Para mí ha sido un regalo. Cuando don Santiago me llamó, lo primero, agradecer que confíe en mí para esta tarea. Ha sido un regalo, personal, profesionalmente y a nivel eclesial.

–Anteriormente estuvo en Cáritas como trabajadora social

–Soy trabajadora social y trabajé en Cáritas en 2010. Estuve en varios programas de Cáritas, primero cubriendo una sustitución por una baja maternal en el programa de Familias y después, justo cuando se acababa la baja, se fue un compañero, de Puertas Abiertas, a trabajar a Cáritas Internacional, y me ofrecieron el puesto en Puertas Abiertas.

Allí estuve unos tres años como trabajadora social en atención a personas sin hogar, sobre todo a españoles. En esa época en Puertas Abiertas se trabajaba por perfiles. Había una persona que se encargaba de las mujeres, otra que trabajaba con los inmigrantes que empezaban a quedarse por aquí, y yo me encargaba fundamentalmente de los españoles y de los europeos.

Fue una experiencia muy bonita, introducimos el taller artesano, empezamos a hacer por la tarde los talleres de artesanía y comenzamos a vender para intentar becarlos.

–¿Cómo definiría el papel de Cáritas en la sociedad actual?

–Creo que Cáritas hace un papel a nivel social muy importante. Somos una entidad grande, tenemos muchos técnicos y hacemos un papel, sobre todo, con la gente que no se atiende desde otros recursos. Aquí llega mucha gente que no tiene cabida en otro sitio.

–¿En qué momento se encuentra Cáritas?

–Cáritas ha crecido mucho. Estamos en un momento muy positivo, contamos con unos cuarenta trabajadores, hay un equipo de comunicación, un equipo de formación y atención al voluntariado y a la animación comunitaria. Hay un equipo grande de Familia, que ahora con el tema del Covid ha tenido un papel bastante importante; hay un equipo de empleo, que hace orientación, intermediación y formación y luego el equipo de exclusión. Aquí en la sede tenemos dos casas de acogida, una para enfermos y otra para procesos de personas que están en situación de exclusión, que empiezan a querer vivir de otro modo, y luego está el Centro de Puertas Abiertas.

Además, tenemos una casa de menores-mayores, la Buena Madre, y un piso, recién estrenado, para las personas que están acabando sus procesos con un poquito más de autonomía, aunque hay una técnica trabajando allí, pero la idea es que ellos comiencen a ser independientes totalmente, empiecen a trabajar, pueden ahorrar, es como un puente para la inclusión en la sociedad, que es lo que buscamos.

–¿En qué área hay que incidir más?

–Nuestra sociedad es cambiante en todos los sentidos, y la pobreza ahora está cambiando cada vez más. Acabamos de tener una reunión sobre el tema de los asentamientos, que también estamos ahí, y me decían los compañeros: cómo está cambiando el perfil de los primeros asentamientos que nos encontrábamos a los de ahora, en los que ya hay mujeres, a veces hay niños, eso antes no estaba. Creo que donde hay que incidir es en las necesidades nuevas que van surgiendo, que la pobreza no es estática y hay que estar muy al día de esos cambios que se van dando y de ir atendiendo a la manera que las necesidades nuevas van requiriendo.

–¿Qué reto se ha planteado como directora de Cáritas Huelva?

–Mi idea fundamental es conocer profundamente todo lo que se hace, observar, ver, mirar conjuntamente la realidad e ir actuando en las necesidades nuevas, dando las respuestas que la sociedad va demandando.Es importante que no nos olvidemos que trabajamos dentro de la Iglesia, y nosotros somos el corazón de la Iglesia, estamos atendiendo a esa herida, a ese sufrimiento del mundo y creo que ahí es donde tenemos que seguir estando.

–En 2021 disminuyó un 6,2% el número de personas que acudieron a Cáritas, ¿ha seguido 2022 en esta línea de disminución?

–Estamos en periodo de obtener esos datos de 2022. En 2023 se empieza pidiéndole a todas las parroquias y técnicos esos datos y ahora empezamos a tratarlos.

–¿Qué es lo que más demandan las personas que acuden a Cáritas?

–Depende del programa al que vayan, es muy variado, porque, por una parte, tenemos a personas que necesitan un empleo, a las que se les atiende en el programa de Empleo, se les hace la orientación laboral, la intermediación, se les da formación. Luego hay personas que aunque no tienen empleo no se puede empezar a trabajar con ellas por ahí, porque a lo mejor tienen unas necesidades básicas que no están cubiertas, y hay que empezar desde el programa de Familias para ver cómo se orienta. Hay personas que no tienen ni para pagar los suministros, no tienen prestaciones.Lo que nosotros hacemos es estudiar a la persona e intentar tratarla de una manera global y ver en que programa encajan las necesidades primeras que hay que cubrir de esa persona.

–Su profesión de trabajadora social le permite tener una radiografía más exacta de los colectivos menos favorecidos, lo que le ayudará en esta nueva etapa

–Sí, yo además he trabajado con drogodependientes, he trabajado en la prisión... he trabajado con mujeres, con madres solteras, con familias, me he dedicado profesionalmente a trabajar con muchos colectivos y la experiencia anterior en Cáritas también me ayuda, porque la estructura de Cáritas prácticamente no ha cambiado. La estructura del programa de Empleo, el programa de exclusión, el programa de Familias, la comunicación se viene usando en Cáritas hace muchos años.

Don Santiago me decía que él quería que hubiera alguien aquí que conociera la realidad social y que supiera cómo intervenir hoy en día en esas realidades.

–¿Cuántas personas pasan al día por el Centro de Puertas Abiertas?

–Entre sesenta y setenta personas, número que se incrementa en periodo de campaña agrícola.

–¿Qué habría que hacer para evitar la cronificación de la pobreza?

–Últimamente he trabajado en una asociación y hablábamos mucho de cómo estábamos atendiendo. Yo tengo cuarenta y cinco años y llevo trabajando en lo social desde que acabé la carrera. Acabé la carrera con veintitrés años y me estoy encontrando con hijos y nietos de gente que yo atendí. Creo que tenemos que darle una pensada a nuestra manera de intervenir. Hay cosas que son urgentes y hay que atenderlas, pero hay situaciones en las que hay que romper algo que no sabemos, hay que romper las cadenas que nos llevan a repetir patrones de vida.

Yo he atendido, cuando trabajaba en drogas, a padres de niños que estoy atendiendo ahora, entre los que hay madres con dieciocho años que están repitiendo esos patrones. Creo que hay que hacer intervenciones mucho más integrales con las personas a todos los niveles: psicológico, social, familiar, porque no sólo es que se cronifica sino que se hereda. Al menos esa es la experiencia que yo he estado teniendo.

–¿Qué se les ofrece en el Centro de Puertas Abiertas cuando llegan?

–Café y ducha, y es, muchas veces, la puerta de entrada también a Cáritas. A partir de ese café y esa ducha, hay unos técnicos y unos voluntarios que acompañan a esa persona, que empiezan a conocerla, a saber dónde están viviendo, qué necesidades tienen, qué problemáticas tienen. En muchos de ellos hay una problemática de adicciones, sobre todo es alcohol. Se empieza a trabajar acompañando a esas personas desde donde están, intentándoles ofrecer que existe otra posibilidad.

–¿Cómo están funcionando las casas de acogida?

–La verdad es que los dos son proyectos preciosos. Están llenas. En la Casa Santa María hay una cama vacía que se usa para los fines de semana de permiso de la gente de prisión. En la Casa de los Milagros se atiende a personas que están enfermas para poder proporcionarles los tratamiento de larga duración y, a veces, para poder proporcionarle un lugar donde poder morir dignamente y acompañado.

En la Casa Santa María se ofrecen proyectos de recuperación personal. Algunos vienen de Puertas Abiertas, de prisión y se abre un proceso de acompañamiento a otra vida, de salir de la situación en la que estaban y tener una vida en la sociedad completamente normalizada

–¿Cuantos jóvenes hay en la Casa de la Buena Madre?

–Hay siete plazas, de las cuales están ocupadas seis. Son chicos que no tienen cabida en el sistema porque ya son mayores de edad. El sistema de protección de menores ya no tiene competencia. Son jóvenes que están estudiando y buscándose el futuro.

–Hábleme del nuevo proyecto, el piso del tercer nivel

–Ya hay seis personas viviendo en el piso. Está destinado a aquellas personas que están terminando su proceso de reinserción. A veces tenemos plazas concertadas con Proyecto Hombre, y los chicos que están terminado la fase de rehabilitación, que no tienen familia pero que es importante que se desenvuelvan solos en la calle, están en este recurso.

También hay personas que han terminado sus tratamientos en la Casa Santa María y que están empezando a trabajar. Se utiliza este piso como un puente para que ahorren, tengan más autonomía. En el piso lo hacen todo ellos, y cuando puedan buscarán uno de alquiler.

Hay un joven que está estudiando un grado medio, una mujer que ha salido de su rehabilitación y está trabajando... No hay edad para este recurso.

–La formación sigue siendo clave para Cáritas

–Claro. En Cáritas desde el programa de Empleo se hacen cursos y luego se derivan a otros recursos de formación, los chavales están en los institutos de manera normalizada. Un chico se está sacando el carné de conducir, otro realizando un curso de carpintería.

–La labor de Cáritas no sería posible sin los voluntarios, ¿qué destacaría de ellos?

–Ellos sí que son el corazón de Cáritas. En todos los proyectos de Cáritas hay voluntarios y no queremos que dejen de estar. Nosotros estamos dentro de la Iglesia, aportamos la parte técnica por decirlo de alguna manera, vamos de la mano, vamos y venimos juntos. Las Cáritas parroquiales funcionan todas con voluntarios, aunque en momentos puntuales hay técnicos para cosas concretas. Hacen noche en las casas de acogida, la tienda se abre con los voluntarios. Son el alma de Cáritas, hacen un trabajo gratuito, desapercibido, muy importante para nosotros.

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