Los Reyes Magos navegan entre mares de magia e ilusión
Niños y mayores se echaron a la calle para acompañar a Melchor, Gaspar y Baltasar en sus nuevas carrozas
¿Cuánta magia cabe en una ciudad un 5 de enero? Eso se debieron preguntar al salir por las calles de Huelva Melchor, Gaspar y Baltasar y ver las caras de esos onubenses en su visita anual guiados por la estrella de la ilusión. En un día frío e invernal, la ilusión y la magia se rindieron a Huelva. No solamente los niños disfrutaron de la cabalgata. También los adultos. Las parejas que, apoyados en una farola, veían la comitiva pasar y por supuesto también se agachaban a por caramelos. Porque en Huelva este lunes reinó la magia y la ilusión.
La magia estuvo hasta en el cielo, que decidió que desde el domingo por la mañana en esta ciudad no cayera ni una gota más. En el aire, que decidía hacia donde iban los caramelos que con fuerza lanzaban los Reyes. Y también la ilusión, que se apoderaba de esos niños para lanzarse al suelo. También esos padres, que decidían en décimas de segundo y de la mano de sus hijos, si les dejaban cogerlos o agarrarlos porque el tractor que mueve la carroza y sus grandes ruedas están demasiado cerca.
Antes de que Huelva se rindiera a Melchor, Gaspar y Baltasar, guiadas por la Estrella de la Ilusión, se realizó la ofrenda floral a la Virgen de la Cinta en su Santuario, como manda la tradición. Una vez las campanas replicaron las 15:30 se montaron en sus nuevas carrozas que simulan las carabelas con las que Colón descubrió América.
Abría la cabalgata este año quién siempre lo ha cerrado, el cuerpo de Bomberos. Se iban turnando y animando al público que esperaba pacientemente que comenzará el espectáculo. Hasta trece carrozas partieron del centro social Los Desniveles cada una dedicada a una temática diferente. Destacó, más allá de las cuatro principales, la del Patio del Amor. Llena de corazones, fue repartiendo un poquito de ese calor fraternal que tanto hace falta.
Lo más escuchado en la Orden, cuando el día estaba por estrenar y algún rayito de sol iluminaba la barba blanca de Melchor fue "Baltasar, el patinete", ese vídeo viral de un niño en la cabalgata de Madrid del año pasado. Estos niños también viven en la sociedad del espectáculo.
Bajaron sus majestades y pasaron la amplia avenida de Cristóbal Colón antes de meterse en el barrio de Las Colonias. Ahí comenzó un pequeño retraso. A la plaza de toros, más desangelada que otros años, llegaron a las cinco de la tarde. Y a partir de ahí, la avenida Alemania la transcurrieron a una velocidad endiablada para recuperar minutos, pero al llegar a la calle San José de nuevo otro parón una vez pasada la catedral de La Merced.
Y así se fue metiendo esta comitiva en el centro de Huelva, donde doblaron la calle Plus Ultra para llegar a la catedral de la Concepción, a la que Baltasar le tiene una especial devoción. Y las calles cada vez se iban llenando más. Al llegar Melchor a la plaza Quintero Báez, a La Palmera, no se cabía, al igual que por Pablo Rada, donde el día se apagó pillando a Sus Majestades llegando a la rotonda de Bomberos. Ya con la noche encima, se aventuraron en la avenida Federico Molina y acabaron en el Ayuntamiento. Porque en esta ciudad se sigue creyendo en la magia.
Muy importante el momento al llegar a la rotonda Pío XII, la del Papa, donde se hizo el silencio. No había pasado nada, simplemente que ese trecho era libre de ruido en favor de las personas del espectro autista. Ese ratito era para ellos. Porque la música estuvo presente, muy presente. Las diferentes bandas de Sus Majestades conformaron un concierto nómada repleto de canciones conocidísimas por el gran público. Entre ellas el himno del Recreativo de Huelva o la 'Potra Salvaje', todo cabe.
Los niños, repartidos entre los que estaban con la familia y con aquellos compañeros del cole, gritaban el nombre de cada uno de los Reyes que iban pasando por delante de él. La palabra más repetida ha sido "aquí, aquí", y dependiendo de si han tenido suerte o no con el número de chuches que han cogido, se enfadaban o se marchaban satisfechos.
Y así, se fueron marchando los niños a la cama. Temprano, para que les dé tiempo a los Reyes Magos a pasar por todas las casas y dejar todos los regalos. Cuando se despierten tendrán muchos regalos, y habrá que esperar otros 365 días para que la magia y la ilusión se adueñen de las calles, aunque solo sea por un ratito.
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