Respons(H)abilidades

Cómo resistir un clima laboral tóxico

  • La Responsabilidad Social Corporativa bien entendida de cualquier organización empieza por cuidar las relaciones, el sentido de pertenencia y la satisfacción personal de sus personas

Cómo resistir un clima laboral tóxico Cómo resistir un clima laboral tóxico

Cómo resistir un clima laboral tóxico

No debería ocurrir, pero ocurre. Hay ambientes laborales tóxicos que pueden llegar a asfixiar a las trabajadoras y trabajadores de una organización, con todas las pérdidas que eso conlleva para la propia organización. De hecho, el tremendo error de no cuidar el clima laboral es bastante más caro de lo que parece. Por eso una empresa, y más una empresa que se precie de su Responsabilidad Social Corporativa (RSC), nunca debería desatender las relaciones, el sentido de pertenencia y la satisfacción interna, personal y profesional, de su principal público objetivo: sus personas. Pero también los trabajadores pueden tomar decisiones para prevenir los ambientes tóxicos o para defenderse y cuidarse si ya están en uno. Lo importante, siempre, es nuestra salud física y mental.

Para cuidarnos, lo primero y fundamental es estar atentos a nuestras emociones. Si cuando pensamos en ir a trabajar notamos síntomas como tristeza o falta de fuerzas, o si en nuestro lugar de trabajo nos sentimos enfadados, aislados o frustrados, o si dudamos de lo que somos capaces y nos duele profundamente no poder hacer bien lo que debemos hacer, es momento de pararse a reflexionar qué podemos cambiar.

A veces es difícil encontrar la razón exacta por la que nos sentimos así, y en otras ocasiones identificamos claramente la fuente de nuestras malas sensaciones. Quizás sea la presión o las exigencias laborales, la forma en la que nos lideran, o personas concretas. En cualquier caso, la clave para cuidarse está en tomar decisiones y hacer algo, aunque sólo sea para defendernos. Porque no hacer nada terminará pasándonos factura, y a la organización también.

Cinco conductas tóxicas a evitar

Además de estar atentos a nuestras sensaciones, es importante saber identificar las conductas tóxicas que envenenan literalmente nuestro entorno. El objetivo de conocer las más típicas sería evitarlas, en nosotros mismos y en los demás, y al menos en la medida de lo posible.

La conducta tóxica por excelencia, sobre todo en el ambiente laboral, es la agresividad. Y además ni siquiera tiene que ser directa contra uno mismo, nos roba energía tan sólo presenciar esas conductas agresivas. Échele imaginación –o memoria-: ¿identifica por ejemplo personas que todo lo pretenden arreglar a gritos o golpes, que piden constantemente confirmación de sus opiniones y se vanaglorian de tener siempre la razón?

Otra conducta tóxica típica es el victimismo. Las personas con este tipo de conductas pueden elevar a nivel de arte la capacidad de conmover a los demás. Tenga cuidado. Se nutren de nuestra energía suscitando pena o culpa. Ese victimismo les llena el lenguaje de quejas y lamentaciones, a veces incluso cuando bromean. Suelen centrarse en la previsión más negativa de las cosas, y usan mucho palabras como “todo”, “nada”, “nunca”, “siempre”: todo les pasa a ellos, nada les favorece, nunca tienen la culpa y siempre se llevan la peor parte. ¿Le suena?

El victimismo tiene otra versión igual de tóxica: el servilismo. Las personas con este tipo de conducta en realidad buscan que siempre les debamos algo, sobre todo emocionalmente, para generar otra fuente de quejas y reproches con los que robarnos la energía.

Y otras conductas tóxicas y peligrosas a evitar son el orgullo y la soberbia. Son típicas en personas que se desconectan de su esencia más íntima, inventándose otra identidad detrás de la que esconderse y para la que necesitan mucho más reconocimiento de los demás. Son identificables porque suelen hablar mucho de sí mismas. Mucho, mucho. Y aunque dicen que sí, también suelen escuchar poco a los demás. Poco, poco. ¿Reconoce estas conductas en su entorno?

El problema de las conductas tóxicas es que sí que sirven a las personas que las mantienen porque obtienen un beneficio directo en forma de energía robada. Es el entorno el que sufre las consecuencias. Así que hay pocas opciones de cambio si ese entorno, nosotros mismos, alimentamos sus conductas.

Y las estamos alimentando cuando nos achicamos o respondemos a gritos a las conductas agresivas; cuando consolamos y escuchamos permanentemente las conductas victimistas; cuando dejamos que nos endeuden con conductas serviles, o cuando damos reconocimiento a las conductas soberbias y orgullosas.

Cómo defenderme de un ambiente tóxico

Para no alimentar las conductas tóxicas que hay a mi alrededor, lo mejor y más efectivo es no tenerlas en mi entorno, o sea, evitarlas o quitarlas de nuestras vidas. Pero claro, esto no siempre es posible. Mucho menos cuando hablamos de jefes, compañeros de trabajo, subordinados o, ya puestos, de familiares.

En los casos en los que las conductas tóxicas nos estén afectando ya de forma grave y evitar a esas personas no sea una opción, lo mejor es reforzar nuestra autoconfianza y lograr que nos afecten lo menos posible. Se trata de eso que en términos taurinos se describe como “no entrar al trapo”.

Desde ahí, podemos empezar por ignorar a esas personas. Pero si no es posible o no funciona, podemos contarles de forma muy asertiva cómo enrarecen el ambiente con sus conductas, recordando que la asertividad implica, entre otras cosas, centrarse en los hechos y no en la persona. Y si tampoco eso es posible o funciona, podemos probar a contarles cómo nos hacen sentir, también desde la asertividad, y pedirles un cambio concreto con nosotros. Y si ni eso es posible o funciona, quizás debería pararse a reflexionar: ¿de verdad quiere seguir trabajando donde está?, ¿cuánto tiempo más va a resistir?, ¿qué puede hacer?

Y así, mientras busca y no una salida, puede concentrarse lo más posible en los aspectos positivos de trabajar donde lo hace, que alguno habrá; también puede buscarse vías de escape en forma de aficiones o nuevas actividades que hacer cuando sale de trabajar; y sobre todo, ante todo, y más que nada: puede alimentar su propia automotivación desde dentro, sin necesidad de ir a buscar la energía fuera de usted, no vaya a ser que por error caiga en la agresividad, el victimismo, el servilismo o la soberbia sin darse cuenta.

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