Rafael Núñez, ex dueño del bar Agmanir: “Las malas rachas en la hostelería se superan trabajando más”
El que fuera dueño del Agmanir lo deja porque tras "12, 14 o 15 horas diarias durante muchos años", su mujer "pasa muchas horas sola. Creo que ya era suficiente"
El emblemático bar Agmanir en el centro de Huelva necesita nuevo dueño: "Si no lo coge nadie cerraré las puertas y morirá"
Hay personas que no ocupan ningún cargo público ni salen todos los días en los medios de comunicación. Pero no les hace falta. Son conocidas por formar parte del paisaje cotidiano de muchos onubenses. Rafael Núñez, el ya ex dueño del Agmanir, es uno de ellos.
Durante la entrevista ha saludado a un total de 23 personas. O mejor dicho, le han saludado. Habla con la voz calmada de quien lleva el orden por bandera, pero no se está ni un solo segundo quieto. Se sienta en la última mesa del bar, en pleno centro de la calle Rábida, es decir, en el centro del centro de Huelva, y se recuesta sobre la silla. Automáticamente se incorpora. Juega con las manos, cambia de postura. Pero ni un solo balbuceo en su respuesta. Su tono vocal contrasta perfectamente con su personalidad. Quizás en esos contrastes esté el éxito. Tras 49 años en el Agmanir, y los últimos 19 de dueño, lo deja. Se retira. Por amor a su mujer, no porque esté cansado.
Pregunta.Esta entrevista es algo así como un premio a toda una trayectoria
Respuesta.Lo entiendo como un homenaje a toda una trayectoria. Han sido 49 años, un mes y 14 días en El Agmanir, más tres años anteriores fuera del negocio. En total, 53 años de vida laboral. Entré el 16 de octubre de 1976 y he estado hasta el 30 de noviembre, cuando entregué las llaves. Es prácticamente media vida.
P.Muchos le siguen llamando “jefe”.
R.Sí, los camareros me siguen llamando jefe. Hemos compartido muchos años. A la persona que fue el antiguo propietario yo lo veía como a un padre y le seguí llamando "jefe" toda la vida. Supongo que es una cuestión de cariño y respeto.
P.¿Cómo es el día después de dejar un trabajo al que ha dedicado casi toda su vida?
R. Cuesta mucho. Intentas normalizar tu vida y dedicar más tiempo a la familia, algo que antes no tenías. Yo me levantaba todos los días a las cinco y media de la mañana y llegaba a casa muchas noches a las doce o la una. Ahora me sigo despertando temprano, por inercia. He visto muchos amaneceres en la calle Rábida y eso genera nostalgia. Cambiar de vida después de tantos años no es fácil.
P.¿Cuáles han sido los motivos principales para dejar el negocio?
R.Principalmente la familia. Mis dos hijas viven fuera, una en Sevilla y otra en Barcelona, y mi mujer pasaba muchas horas sola. Creo que ya era suficiente. Y en segundo lugar, el cansancio por el tema del alquiler. Pagaba 5.800 euros al mes y nunca se me concedió una rebaja, mientras que a los nuevos arrendatarios sí. Eso también desgasta. El contrato terminaba el 31 de diciembre y decidí dejarlo antes.
P.¿Cómo deja El Agmanir?
R.Funcionando al cien por cien. El negocio se queda con la misma plantilla, los mismos camareros, cocineros y personal de barra. La cocina es la misma, la calidad es la misma. Solo cambia la dirección. Eso me deja muy tranquilo.
P.¿Siente que ha merecido la pena el esfuerzo?
R.Totalmente. Han sido 12, 14 o 15 horas diarias durante muchos años. Gracias a eso he sacado adelante a mi familia, he dado estudios a mis hijas y he conseguido que el negocio haya estado lleno cualquier día de la semana. Ver el bar lleno un martes o un jueves es una satisfacción enorme.
P.¿Nunca quiso tirar la toalla?
R.Nunca. Ni siquiera en los momentos malos, como el COVID. Las malas rachas se superan trabajando más, no menos.
P.O sea, qué nunca se cansó
R.Esa palabra no existe para mí. Tengo prótesis en las dos rodillas y, aun así, al mes de cada operación ya estaba aquí. Eso lo dice todo.
P.¿Cómo ha cambiado Huelva en estos 50 años?
R.Muchísimo. Yo aparcaba mi primer coche aquí con 18 años. La calle Rábida ha cambiado por completo y, afortunadamente, gracias a los bares se está recuperando. El ambiente de los fines de semana no tiene nada que ver con el de antes.
P.Se van a regular los veladores
R.Habrá que adaptarse. Es lógico que haya espacio para ambulancias, peatones y emergencias. Si se puede mantener el número de mesas respetando las normas, perfecto. Lo importante es que se deje trabajar.
P.¿Cuál es la fórmula para dirigir un negocio así?
R.Trabajo, orden y respeto. Tratar a los trabajadores como compañeros, escucharles y cumplir siempre con los pagos. Si dices que se paga el 15 y el 30, se paga. Eso da tranquilidad y fideliza a la plantilla.
P.¿Cómo se consigue un buen equipo?
R.Cuando encuentras a un buen camarero, hay que cuidarlo, motivarlo y pagarle bien. Un trabajador tranquilo rinde al cien por cien.
P.¿Los clientes acaban siendo amigos?
R.Muchos sí. Yo no tenía tiempo para hacer amigos fuera, los hacía aquí. Empiezan como clientes y acaban como amigos.
P.¿Qué ha aprendido de otros bares?
R.De todos se aprende. En Sevilla, por ejemplo, la rapidez es clave. También hay que controlar los tiempos para que los platos no se enfríen. Eso es fundamental.
P.¿Cambiaría algo si empezara de nuevo?
R.Nada. Mantendría la misma línea, la misma carta y la misma filosofía. Si algo funciona, no se toca.
P.¿Es el final definitivo de su vida en la hostelería?
R.Sí. Y lo he decidido yo. Nadie me ha obligado. Me voy tranquilo y satisfecho.
P.¿Cómo ve a Huelva hoy?
R.Más bonita, más turística y más viva. Cada vez más gente se queda en la ciudad y desde aquí recorre la provincia. Antes, en verano por las tardes no había nadie. Hoy las terrazas están llenas. Huelva ha crecido mucho y seguirá creciendo.
P.¿Qué desea ahora?
R.Paz y tranquilidad. Y que El Agmanir siga abierto y funcionando bien. Eso, para mí, es lo más importante.
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