Ponce repudia una indignante agresión pública y apela al civismo de una ciudad que aspira a ser culta y civilizada
El periodista insta a los lectores de Diario de Huelva a rechazar comportamientos que degradan la condición humana
La Introducción
SENSIBILIDAD SOCIAL
El texto de hoy de Blanqui-Azul refleja la sensibilidad social del periodista y, por ende, de la Huelva de principios del siglo XX, utilizando una retórica moralista para denunciar el acoso callejero. La temática central es la falta de civismo y la crueldad colectiva hacia los vulnerables, personificada en la "señá Ana", una mujer cuya única "falta" es padecer una enfermedad mental, descrita aquí con el eufemismo de estar "chiflada".
El estilo es marcadamente subjetivo y emocional, empleando un léxico cargado de indignación para confrontar al lector con términos como "sonrojo", "inri" o "gentuza". Nuestro autor utiliza la ironía para resaltar la gravedad de un acto que degrada la imagen de una ciudad que aspira a ser considerada "culta y civilizada".
Históricamente, la crónica evidencia una profunda división de clases y una crítica a la falta de educación de la "chiquillería harapienta", sugiriendo que la barbarie es impropia del progreso urbano. El artículo funciona como un termómetro social de la época, donde la prensa asumía un papel de juez moral frente a comportamientos que hoy calificaríamos como acoso o maltrato psicológico.
En resumen, José Ponce Bernal apela al orgullo local de los onubenses para erradicar conductas bárbaras que avergüenzan a la ciudad y a los pueblos en general en su espacio público más céntrico. El texto destaca por su defensa de la dignidad humana frente a la burla pública, exigiendo un comportamiento ético acorde a los valores de la modernidad de aquel entonces.
Verá usted: En la tarde de ayer cuando nos dirigíamos hacia la Redacción a pergeñar unas líneas para este DIARIO, nos encontramos en plena calle Cánovas, en el corazón de la ciudad como si dijéramos, con un espectáculo que nos llenó de sonrojo y de indignación. Unas cuantas individuas y unos cuantos individuos, faltos de todo sentido moral y social, mataban sus ocios en zaherir y maltratar a una feliz ancianita conocida por «señá Ana» que no ha cometido otro delito a la sociedad que el estar un poco o un mucho chiflada. El espectáculo, por demás era poco edificante e impropio de una ciudad culta como nuestra Huelva, pues mientras esos seres que carecían de toda inteligencia y sensibilidad hacían blanco de sus burlas a una pobre vieja, la chiquillería harapienta y sin educación, hacían causa común con los mayores, contribuyendo lamentablemente a aumentar el inri de la víctima propiciatoria.
Protestamos enérgicamente de estos hechos que vienen a sentar una precedente moda favorable para esa gentuza que creyendo deleitar a los más, lo único que hacen es caer en los más profundos ridículos.
Son espectáculos indignos de pueblos cultos y civilizados, que no pueden permitirse.
Blanqui-Azul
Diario de Huelva, 17 de enero de 1931
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