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Un oasis en el corazón de Doñana

  • Urbanizaciones, hoteles, restaurantes y comercios hacen de Matalascañas una playa visitable durante todo el año

Un oasis en el corazón de Doñana Un oasis en el corazón de Doñana

Un oasis en el corazón de Doñana / josué correa

Almonte puede presumir de ser una de las localidades con mayor superficie de Andalucía, además de ser el término municipal más extenso de la provincia de Huelva, contando nada menos que con más de 50 kilómetros de costa. En esta ocasión, nuestro recorrido por el litoral onubense nos lleva hacia una de las playas almonteñas, Matalascañas, sin duda la más conocida entre los veraneantes.

Este núcleo costero urbano nació en los años 60 del siglo XX, al amparo de una de las torres levantadas durante el siglo XVI en estas costas, la popular Torre de la Higuera, convertida en icono de Matalascañas al permanecer desde 1755 invertida y fuera de su emplazamiento original, conservándose actualmente sólo sus cimientos, visibles sobre las aguas atlánticas.

La Torre de la Higuera es uno de los iconos de Matalascañas, al estar tumbada desde 1755

Llegar a Matalascañas desde Huelva y su provincia es fácil, si bien en ocasiones se producen retenciones a su entrada, toda vez que esta playa es una de las más frecuentadas por visitantes y turistas, que encuentran en ella, entre otras ventajas, un espacio natural, pues no hay que olvidar que Matalascañas se ubica junto al Parque Nacional de Doñana y algunos de sus parajes y palacios más significativos. En efecto, una de las miles de posibilidades para pasar las vacaciones aquí es visitar esta Reserva de la Biosfera.

Pero vayamos antes a sus extensas playas de arena dorada y fina y sus aguas limpias y revoltosas, como sucede en el océano atlántico, tan características de este núcleo costero. El visitante puede acceder a la playa de Matalascañas por algunas de sus paradas más populares, como la de la Torre de la Higuera (la Peña), la del hotel Flamero, Bajo Guía, Barlovento, Caño Guerrero, Alcotán o los Palos, esta última ya en los límites de Doñana.

En cualquiera de ellas se puede encontrar un gran número de establecimientos gastronómicos y hoteleros, algunos con gran renombre, que hacen que Matalascañas tenga actividad y vida más allá de los meses de verano.

En sus chiringuitos y restaurantes se pueden catar manjares de la costa onubense como pescados, gambas y coquinas, maridados por los mejores vinos del Condado.

Niños y mayores pueden realizar diferentes actividades durante el verano en Matalascañas, como por ejemplo pasear a caballo o practicar deportes náuticos, además de su extensa programación cultural.

Como premio a la calidad de sus aguas, a la información y gestión ambiental, además de contar con excepcionales medidas de seguridad y servicios, Matalascañas posee bandera azul desde hace varios años. Igualmente, cuenta con otros distintivos como el Q de Calidad Turística, Ecoplaya o Destino Accesible, además del galardón Sendero Azul Doñana Sur de Almonte.

Así se explica que cada año lleguen hasta estas playas miles de turistas nacionales e internacionales, si bien la palma se la llevan los sevillanos, al ser considerada Matalascañas tradicionalmente como una de las playas preferidas por los residentes en la capital andaluza y de su provincia.

La Peña, una de las paradas más populares de Matalascañas.

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