Una noche en una casa rural entre Alájar y Aracena termina en miedo, sombras y luces que se encendían solas

Huelva Paranormal

María Luque y Andrés Ferrer, una pareja de unos 40 años, pasa un fin de semana de desconexión en la Sierra que termina siendo un quebradero de cabeza por los fenómenos paranormales que experimentan

Una casa rural con una sombra.
Una casa rural con una sombra.
José Manuel García Bautista

08 de febrero 2026 - 05:00

La casa está en las afueras del camino comarcal, a medio trayecto entre Alájar y Aracena (no me está permitido dar su ubicación exacta), era finales de otoño. La tarde había caído pronto y la niebla comenzaba a filtrarse entre encinas y castaños que se veían desde la casa cuando la pareja llegó al alojamiento.

Se llaman María Luque y Andrés Ferrer. Ambos tienen en torno a los cuarenta años. Viven en Sevilla y habían decidido pasar un fin de semana de desconexión en la sierra onubense, lejos de la ciudad y del ritmo acelerado del trabajo. Habían reservado una casa rural rehabilitada, antigua, de muros gruesos y tejado bajo, anunciada como “ideal para el descanso y la tranquilidad”.

La casa, según la documentación que ellos tenían, formaba parte de un pequeño conjunto de edificaciones rurales levantadas a finales del siglo XIX. Había sido reformado de manera intermitente, respetando la estructura original con sus vigas de madera, chimenea central, suelos de barro cocido. El entorno inmediato estaba despoblado. La casa más cercana se encontraba a más de mil quinientos metros, separada por un sendero de tierra apenas visible de noche.

Durante el resto de la tarde, poca, María y Andrés pasearon por los alrededores. La luz se filtraba entre los árboles y la fotografía era muy buena. El aire era frío, pero limpio. A su regreso, encendieron la chimenea, prepararon una cena sencilla y se acomodaron en el salón. Según relatarían después, la casa transmitía una sensación rara puesto que era acogedora, sí, pero también excesivamente silenciosa, como si absorbiera cualquier sonido, que ellos achacaron a lo grueso de los muros.

La primera anomalía se produjo pasada la medianoche

A la 1:07 horas, María escuchó lo que describió como “pasos lentos y arrastrados” en la planta baja. No eran crujidos aislados ni el sonido habitual de una estructura antigua. Tenían cadencia. Ritmo. Le dijo a Andrés que pusiera atención, que también los escuchó con claridad. Ambos permanecieron en silencio durante varios segundos, tratando de identificar su origen.

Los pasos parecían desplazarse desde el salón hacia la zona de la cocina.

Decidieron ir a mirar, encendieron la luz del pasillo y revisaron cada habitación. No encontraron nada fuera de lugar. Todas las puertas estaban cerradas. Las ventanas, aseguradas. No había señales de animales ni corrientes de aire que justificaran los ruidos. Regresaron al dormitorio con una inquietud leve, pero diciéndose que “no tendría importancia”.

No lograron conciliar el sueño

A las 2:43 horas, una puerta se abrió y se cerró de golpe. Esta vez con claridad suficiente como para descartar cualquier duda. Se trataba de la puerta del pequeño cuarto de aperos anexo a la cocina. Andrés fue a mirar solo. Comprobó el pestillo. Estaba intacto. El aire en el interior de la casa, según describiría después, parecía “más denso, como cargado”.

Fue entonces cuando comenzó el problema eléctrico

Las luces del salón se encendieron de manera repentina. Se apagaron. Volvieron a encenderse. No parpadeaban. Funcionaban como si alguien accionara el interruptor. Andrés revisó la instalación. Los magnetotérmicos estaban correctos. No había tormenta ni viento fuerte en el exterior. María, en ese momento, ya acompañaba a Andrés “me daba miedo estar sola en el dormitorio”.

Minutos después, María observó algo que cambiaría el tono de la noche…

En el extremo del salón, junto a la pared opuesta a la chimenea, distinguió una silueta oscura. No era una sombra proyectada por la luz. Tenía contorno propio. Altura aproximada de un adulto. No se desplazaba. No emitía sonido. Permaneció allí durante unos segundos que ambos describieron como “eternos”.

Cuando Andrés giró la cabeza para mirar, la figura ya no estaba.

No gritaron y tampoco huyeron, permanecieron inmóviles, tratando de procesar lo ocurrido. La sensación que describen no fue de pánico inmediato, sino de estado de alerta extrema, como si la casa hubiera dejado de ser un espacio seguro. Los pasos regresaron. Esta vez en el pasillo siempre detenidos antes de llegar al final del pasillo, al dormitorio que ellos ocupaban. A partir de ese momento, decidieron no apagar ninguna luz.

Entre las tres y las cinco de la madrugada, los fenómenos se repitieron de forma intermitente con ruidos de puertas, pasos, el encendido y apagado de una lámpara concreta del pasillo. No volvieron a ver la silueta, pero ambos coincidieron en sentir una presencia constante, difícil de explicar con palabras.

Al amanecer todo se acabó

Con la primera luz, el entorno recuperó su aspecto habitual. La casa volvió a parecer un alojamiento rural más. Pero el desgaste emocional era evidente. Recogieron sus pertenencias sin desayunar y abandonaron el lugar antes de las ocho de la mañana.

Días después, ya en Sevilla, intentaron encontrar explicaciones que fueran racionales. Un fallo eléctrico. Sugestión. Fatiga. El aislamiento. Sin embargo, una conversación posterior con un vecino de la zona añadió un matiz inquietante. Según este, la casa había permanecido deshabitada durante décadas tras la muerte de un antiguo propietario que vivía solo. Nadie supo precisar las circunstancias exactas.

La propietaria nunca volvió a contactar con ellos.

En el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, el patrimonio rural convive con historias no siempre recogidas en la publicidad ni en los folletos turísticos. Casas antiguas, caminos olvidados y noches largas forman parte del paisaje. Lo ocurrido aquella madrugada permanece, para sus protagonistas, sin una explicación definitiva.

Y en la sierra, cuando cae la noche, no todo lo que se oye puede verse. Ni todo lo que se ve encuentra fácilmente un nombre…

*Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: contacto@josemanuelgarciabautista.net

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