Natividad, la historia de una abuela entregada a los demás que se apagó en Adamuz: "Se fue haciendo felices a sus nietos"
Así era Natividad de la Torre, la onubense que era "todo corazón" y perdió la vida en la tragedia de Adamuz protegiendo a los suyos, como relata su hijo Fidel: "Creo que ella tuvo que decir: Llévame a mí, pero a mi hijo y a mis nietos los dejas aquí"
Hay viajes que comienzan con el amor de una abuela hacia sus nietos, unos días juntos vividos con la alegría de dar y ver las sonrisas en sus caras, y que, desgraciadamente, terminan de la manera más dolorosa, pero también, obrándose un milagro.
Una ilusión sencilla, de una abuela que quiere regalar recuerdos y vivencias únicas a sus nietos. La historia de Natividad de la Torre, una onubense que vivía entregada a los demás, comenzó como tantos otros, con una promesa cumplida y una sonrisa bajo un paraguas en Madrid, y terminó en uno de los accidentes ferroviarios más trágicos que se recuerdan en España.
Ella iba en el primer vagón del tren Alvia Madrid-Huelva, que chocó con un Iryo Málaga-Madrid en Adamuz (Córdoba), el pasado domingo 18 de enero, en el que han perdido la vida, por ahora, más de 40 personas. Y junto a Natividad, iban su hijo Luis Carlos y sus nietos Fidel, Carlota y Guillermo, que han sobrevivido a la tragedia, estando sentados en el peor lugar que podían ir: Justo al lado del impacto.
Una historia que nos ha transmitido su hijo, Fidel Sáenz de la Torre, que a día de hoy llora la pérdida de su madre, que aún no ha podido ser identificada, pero de la que tienen constancia que no se encuentra entre los supervivientes.
Un regalo de amor a su familia
Natividad había vendido un pequeño terreno. Con ese dinero tenía un plan claro, llevarse en verano a todos sus nietos de crucero. Pero la vida, a veces, aprieta el calendario. Y cuando vio que su hijo Luis Carlos no podía viajar, decidió planear una escapada más en familia: "Me voy a llevar a los tres chicos a ver El Rey León y te vienes conmigo”, para que los acompañase a la capital madrileña.
Así empezó todo. Un viaje a Madrid con sus nietos Carlota (10 años), Fidel (12) y Guillermo (9). Un fin de semana de regalos, abrazos y agradecimientos sinceros: “Abuela, gracias por el regalo”. Una felicidad entre una abuela y sus nietos, y de una madre junto a su hijo.
Y así se ve en la última imagen que conserva su hijo Fidel de ella, que se puede ver en la portada: “Iba lloviendo en Madrid. Ella caminaba con un paraguas, sonriente, con los tres niños. Esa foto es lo que me quedo. Se ha ido haciendo felices a sus nietos”.
El regreso a casa debía ser tranquilo, como tantos otros. Pero esta familia viajaba en el vagón número uno del Alvia, el más afectado por el impacto, justo detrás del maquinista. Allí iban Natividad, su hijo Luis Carlos y los tres niños.
Fidel padre estaba en Huelva cuando su hijo le llamó desde el tren: “Papá, te llevo un regalo”. Minutos después, la noticia saltó en los medios. Un descarrilamiento. Una colisión. “Esto será una avería más”, pensó. Hasta que sonó el teléfono.
"¿Eres el padre de Carlota? Estoy con tu hija, aquí, en la vía del tren”. La policía la había sacado por la ventana. Estaba herida, pero viva. Poco después supo que su hijo también había sobrevivido. Y su sobrino. Y su hermano. Todos habían logrado salir… Todos menos Natividad.
"Llévame a mí, pero a mi hijo y a mis nietos los dejas aquí"
La familia es creyente. Muy vinculada a la Iglesia. Y hay una imagen que Fidel repite una y otra vez, como si en ella pudiese estar la explicación de lo ocurrido: "Mi madre iba rezando el rosario. Y creo que ella tuvo que decir: "Llévame a mí, pero a mi hijo y a mis nietos los dejas aquí"
Su hermano Luis Carlos permaneció atrapado entre los hierros durante una hora y media. Consciente. Y a pesar de estar atrapado, sacó fuerzas para sacar y empujar a los niños hacia la ventana, mientras otras personas los recogían desde fuera: "Cuatro héroes lo llevaron en camilla un kilómetro y medio. Dos hombres y dos mujeres".
Los niños están heridos, pero vivos. Carlota ha sido operada del fémur. Fidel tiene la pierna escayolada. Guillermo sufrió heridas en la cabeza. Luis Carlos continúa ingresado tras varias intervenciones. Y todos iban en el vagón más devastado, pero han sobrevivido.“Yendo los primeros, al lado del maquinista… Es un milagro” , un hecho que aún no se puede creer Fidel, y por lo que se siente agradecido, a pesar de la desgracia de perder a su madre.
Durante horas, la familia se aferró a la esperanza. A la posibilidad de que Natividad estuviera herida en algún hospital sin identificar. Hasta que la realidad se impuso, al no estar entre los supervivientes: "Ya sabíamos que a mi madre la habíamos perdido”. Aún esperan la identificación definitiva por ADN. Pero no hay duda. Natividad está entre las víctimas.
Fidel habla de su madre con una certeza absoluta que era todo corazón:“Mi madre ha vivido por y para los demás. Toda la vida entregada al necesitado, al prójimo”. Participaba en grupos parroquiales, ayudaba a quien llamara a su puerta, vivía desde la fe, pero sobre todo desde la bondad, “un ejemplo para el ser humano. Para mí, mi madre era una santa en la tierra”.
El legado de Natividad
Fidel no quiere protagonismo, solo que su historia sirva para algo más grande:“La vida se va y no avisa. Le damos importancia a lo banal y olvidamos decir te quiero. Luego solo te queda el recuerdo”.
Natividad de la Torre se ha ido como vivió, dando amor, tiempo y fe. "Se ha ido disfrutando de sus nietos", cuidándolos hasta el final, dejando tras de sí una familia rota por el dolor, pero en pie: "Estoy agradecido a Dios por tener a mis hijos. Es un milagro”.
Quizá ese sea el mensaje que ella deja. Que la vida es frágil. Que hay que besar y abrazar más. Que hay que vivir para los demás. Que lo importante nunca es lo material ni lo banal. Y que hay personas que, incluso en la tragedia, siguen siendo luz para su familia, como lo ha sido Natividad.
“Abuela, gracias por el regalo”, le decían sus nietos, que siempre tendrán muy presente que el verdadero regalo fue tenerla a ella.
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