Manuel Báez ‘Litri’, un mito del toreo nacional

Huelva de ayer a hoy

En los años veinte despertó en Huelva el sentimiento y la identidad de un pueblo por sus triunfos en todo el país, como la Oreja de Oro de la Asociación de la Prensa

Centenario de su cogida mortal en la plaza de toros de Málaga, presidida por los reyes de España

El diestro recogiendo la Oreja de Oro en la plaza de toros de Huelva el 2 de agosto de 1925. / Archivo E.J.S.

Manuel Báez ‘Litri’ se encuentra en ese libro de la historia de las grandes personas que forjan el sentimiento y la identidad de un pueblo como Huelva.

Un mito del toreo en un olimpo en el que quedó grabado su nombre hace ahora un siglo.

Las crónicas de los grandes periodistas de esta ciudad contemporáneos con el diestro aseguran que Manuel Báez ‘Litri’ ofreció en los años veinte del siglo pasado ese revulsivo que necesitaba una ciudad para muchos dormida e indolente.

Es Manolito, como le decían por ser un joven de sus calles, de su barrio de San Sebastián, donde concitaba la armonía, regalaba el afecto y generaba el orgullo de sus vecinos.

Su casa, en la plaza de los Carros (hoy dedicada a su dinastía), donde antiguo se daban los comunicados del cabildo a voz de pregonero. De una estirpe taurina, siendo su padre Miguel quien le llevó e inculco esto del toro. Le compró un novillo para ver las artes taurinas que desbordaba en el chaval y lo encerró en la plaza de toros de Huelva que él mismo había inaugurado. Más que revolcones lo que los críticos de la época destacan es la valía y el pundonor del joven Manuel.

Se irá fraguando el artista en los ruedos y por donde pasa va levantando pasiones, su arte, su valor, el arrojo ante el astado… Está creando una figura muy especial que irá enamorando a toda España.

Manuel Báez ‘Litri’, todo arte y valentía. / Archivo Sugrañes

Manuel Báez ‘Litri’ pronto destaca y enorgullece a sus paisanos en la corrida de la Prensa de Madrid, que la entidad periodística continúa en la actualidad celebrando. Recibirá en 1925 la Oreja de Oro, el máximo galardón taurino de la época y uno de los más exponentes premios de las artes. Huelva recibió la noticia con la mayor de las satisfacciones, Manuel solo llevaba algo más de un año desde su alternativa. La entrega de aquel galardón se va a producir dentro de un gran acontecimiento. La Oreja de Oro se expone en la sede de la Asociación de la Prensa de Huelva, en la calle Puerto. Se organizaron grandes colas porque nadie quería perderse ese momento, mostrando de alguna forma esa cercanía con Manolito, a la vez que reconocían en él su grandeza torera. Una entrada que se hacía a beneficio de la Asociación de Caridad para la colonia de los niños en Punta Umbría. Aquella tarde del 2 agosto de 1925 en la plaza de toros de Huelva fue todo un revuelo, Manuel Báez recibía la Oreja de Oro dando la vuelta al ruedo y es el público el que anima a su padre a que le acompañe en tan gran acontecimiento.

Devoto de la Virgen de la Cinta, sufragó el embellecimiento del mirador

Un Manuel Báez ‘Litri’ que le veremos entregado a esa devoción tan choquera como es la Virgen de la Cinta a la que él y su familia acudían a dar gracias. No solo entregó como ofrenda de su amor a la Patrona de Huelva la Oreja de Oro, sino que sufragó las primeras obras de embellecimiento del mirador del santuario, en un momento en el que este se renovaba. Una semilla cintera que más tarde seguiría su hermano Miguel participando en las obras de mjora de los años cincuenta que nos regalan hoy la belleza de esta casa devota.

Sí, he querido hoy hablar con Manolito vivo, que en la flor de la vida lo dejó todo en Málaga en la tarde del 11 de febrero de 1926.

Busco ese pañuelo en el que Huelva bañó sus lágrimas el día 18 con su muerte, sin dejar de pensar lo que sintieron los onubenses al verse despojado de algo más que un torero, de ese chaval que en las tardes de corrida provocaba un vuelco al corazón, al joven que en unos fríos años veinte supo llenar de luz, alegría y orgullo a una Huelva de ayer y de siempre.

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