Coronavirus

La lluvia condiciona la tarde de sábado y las medidas de contención en los bares de Huelva

  • Una clientela animada de café y refrescos convive de seis a ocho con adolescentes en la calle

Establecimiento en la Plaza de las Monjas con la terraza abierta y con público bajo la lluvia sobre las siete y media de la tarde. Establecimiento en la Plaza de las Monjas con la terraza abierta y con público bajo la lluvia sobre las siete y media de la tarde.

Establecimiento en la Plaza de las Monjas con la terraza abierta y con público bajo la lluvia sobre las siete y media de la tarde. / Josué Correa

Había cierta expectación por cómo sería el primer fin de semana de aplicación de los nuevos horarios de la hostelería en Andalucía. El más cercano, además, a las fiestas navideñas, de celebración ya esta próxima semana. Pero la lluvia acabó por aguar la tarde-noche al sector, aún con los irreductibles –que siempre los hay– ávidos de calle y relaciones sociales pese al agua, a las condiciones impuestas por las autoridades a los establecimientos y, claro, la propia prevención de contagios por la covid-19, detrás de todo.

Bares y restaurantes deben cerrar a las seis de la tarde, para reabrir después a las ocho y servir cenas hasta las diez y media. Las cafeterías –también bares de copas con esa consideración– pueden permanecer abiertos en esas dos horas, aunque con el imperativo de no servir alcohol. Es la nueva Ley seca de estos años veinte, los del siglo XXI, instaurada en tiempos de coronavirus para evitar tumultos en las calles y un relajamiento excesivo entre el público en esos momentos de alegría y distensión entusiasta entre el almuerzo y la cena un fin de semana cualquiera.

Éste no lo era. Con las navidades a la vuelta de la esquina, y con muchas ganas de diversión tras un año marcado por la reclusión doméstica, sólo la lluvia pudo cambiar ayer el guión. Porque puestos a hacer tiempo hasta que la veda se levantara de nuevo, tampoco era cuestión de pasear, paraguas en ristre, sin opciones de esperar en una terraza de un modo más light, fuera del espacio protector de una sombrilla o de un soportal de la Gran Vía.

Éstos, en pleno centro, fueron refugio, sobre todo, para los más jóvenes. Grupos de adolescentes había, incluso con instrumentos, a las puertas de la Delegación de Salud, tratando de amenizar una tarde que otros se empeñaban en mantener viva a trago de litrona.

Las tertulias eran varias antes de las ocho en ese tramo peatonal, ante el brillo de un túnel luminoso que lucía más solitario que cualquiera de los días pasados. ¡La tarde de un sábado prenavideño! Pero no, el día se metió en agua a media mañana y no hubo tregua por la tarde. Justo en esas horas en las que el personal necesitaba un refugio al aire libre previo a retomar la diversión con una copa antes de la cena. Quizá en ese momento esperado también por el comercio, sector que también estrena estos días horario, los establecimientos considerados no esenciales, necesitados también de una inyección de ventas y de ánimo para afrontar con mejores perspectivas las fechas festivas y la posterior cuesta de enero, que promete serlo a todos los niveles y en todos los ámbitos.

Tampoco fue así. Las persianas siguieron abiertas, en algunos casos hasta bien entrada la noche, pero el engorro de los paraguas y las condiciones impuestas para seguir en la calle, alternando en los bares, hicieron que una buena parte del gentío optara por marcharse a casa, tomarse allí la copa y reservarse para días posteriores, esperan, ya sin lluvia.

Entre grupos de jóvenes deambulando por la calle, probando suerte en algún bar (cafetería), en los que echar el rato, los que ofrecían completas meriendas sí trataban de aprovechar la coyuntura. Tampoco todos, porque quienes desafiaban esa tarde impertinente de agua no daban tampoco para llenar lo que quedaba abierto.

En Plaza de las Monjas y Gran Vía, focos para una tarde de sábado, se veía quienes resistían con un cubata aguado desde antes de las seis, y quienes llegaban después relevando en las mesas a los que se cansaban de tónica, cerveza sin alcohol o coca-cola, que para muchos no dejaban de ser más que sucedáneos sin chispa. Los que lo dieron todo en el primer turno sí se quedaron con esa chispa recibida antes del toque de campana, y bien que la exhibieron con sus animados cánticos y ganas de nuevas amistades.

En medio, aguantando estoicos, los empresarios, aún sin entender el razonamiento seguido para adoptar estas medidas, ejerciendo de policías entre la clientela, no siempre comprensiva con las normas, y esperando que la situación cambie estas semanas a mejor por el bien de sus empleados y la estabilidad de sus negocios.

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