La Librería y Despacho de Prensa de Justo Toscano: un negocio que conectó a Huelva con la actualidad

Tribuna

Un referente en la memoria de Huelva durante casi un siglo

La Librería y Despacho de Prensa de Justo Toscano, en Huelva. / Colección Jesús Copeiro, tomada de Fotos Antiguas de Huelva y su provincia.
Antonio Agustín Gómez Gómez, director de la Biblioteca Provincial de Huelva.

12 de enero 2026 - 06:00

Hay lugares que, aunque ya no existan, permanecen anclados en la memoria sentimental de una ciudad. Para varias generaciones de onubenses, la calle Joaquín Costa —la actual calle Palacio— no se entiende sin el trasiego de periódicos, el olor a tinta fresca y el escaparate de postales de la Librería y Despacho de Prensa de Justo Toscano. Durante cerca de ocho décadas, el número 5 de esta céntrica vía fue, junto con la Papelería Inglesa, uno de los principales puntos de acceso a la información impresa en una Huelva que aguardaba con expectación la llegada de los diarios procedentes de fuera de la ciudad.

En esta nueva entrega de nuestra serie dedicada a los “santuarios del libro”, rescatamos la historia de un negocio familiar que desempeñó un papel clave en la distribución de periódicos y revistas en Huelva, y que durante un tiempo incorporó también la venta de libros de lectura y material gráfico, como postales y recuerdos impresos.

Aunque Antonio José Martínez Navarro, en su Historia menuda de Huelva, sitúa la librería ya en la calle Palacio en 1905, la documentación conservada no permite, por ahora, corroborar ese dato. Los registros notariales y los anuarios de comienzos del siglo XX dibujan, en cambio, un perfil profesional inicial de Justo Toscano García todavía alejado del comercio librero y de la prensa escrita. En 1903 aparece al frente del Café América, situado en la calle Concepción, y en 1904 consta el traspaso de dicho establecimiento a su suegro, José Pinzón, por la cantidad de 4.000 pesetas.

Los padrones municipales permiten seguir su trayectoria vital y laboral, aunque con las limitaciones propias de este tipo de fuentes. En los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, Toscano figura inscrito de forma reiterada como camarero o jornalero, una clasificación amplia que no siempre refleja con exactitud la actividad real desempeñada. No puede descartarse, por tanto, que tras la venta del café iniciara ya una nueva línea de negocio vinculada a la venta de periódicos y a la gestión de suscripciones.

Con todo, la primera referencia clara e inequívoca que lo sitúa como corresponsal y vendedor de periódicos en activo no aparece hasta 1911. Ese mismo año, los padrones municipales recogen el traslado de la familia Toscano a la calle Palacio, número 5, el que sería durante décadas el emplazamiento de su despacho de prensa y librería. A partir de ese momento, la documentación permite seguir con mayor nitidez el desarrollo de un negocio que acabaría convirtiéndose en un referente informativo y cultural para la ciudad.

Una de las postales comercializadas por Justo Toscano a partir de 1921, los sellos de esta postal circulada corresponden a una edición de 1922. / Archivo Histórico Provincial de Huelva

Una fotografía conservada en la colección de Jesús Copeiro, tomada en la década de 1920, nos permite asomarnos a la fachada del establecimiento y a la intensa vida callejera que bullía ante sus puertas. No era solo un punto de venta, sino también un lugar de encuentro. En la imagen, muchos de los transeúntes lucen los característicos sombreros canotiers, tan populares en los felices años veinte, y en primer plano se intuye otra estampa habitual de la época: niños trabajando como voceadores de prensa, con un fardo de periódicos bajo el brazo. Junto al despacho de Justo Toscano se aprecia además el estudio del fotógrafo Francisco Cerezo, con sus pequeñas marquesinas en las que se exhibían retratos de onubenses como reclamo publicitario. Destacan con claridad los grandes rótulos que, a izquierda y derecha, anuncian los dos principales géneros a la venta: “PERIÓDICOS” y “LIBROS”, este último parcialmente oculto por una pizarra en la que el propietario destacaría, a tiza, alguna información o anuncio que lamentablemente no conseguimos distinguir.

Junto a la venta de prensa diaria y libros, Justo Toscano desarrolló también una pequeña pero significativa labor editorial. A comienzos de la década de 1920, al igual que otros libreros e imprentas de la ciudad, editó y comercializó su propia colección de tarjetas postales, entre las que destaca un álbum compuesto por diez vistas de Huelva y La Rábida, que se ofrecía al precio de una peseta. En estas imágenes quedaron fijados algunos de los espacios más emblemáticos de la vida urbana —la Plaza de las Monjas, la calle Concepción o el Paseo del Muelle—, hoy un valioso testimonio visual que nos acerca a una Huelva de comienzos del siglo XX ya desaparecida.

Con el paso del tiempo, la librería se consolidó como un auténtico centro neurálgico de la prensa local. Era habitual que kiosqueros y vendedores ambulantes acudieran allí a recoger los periódicos, que solían llegar con un día de retraso, algo común en la época. El escritor y cronista de la ciudad Diego Lopa recuerda en su libro Las caras de Huelva el papel fundamental que desempeñó el establecimiento durante la etapa del diario Odiel, contribuyendo a la consolidación de la cultura periodística en la ciudad.

Tras el fallecimiento del fundador en 1927, el negocio quedó en manos de la familia. Fue su hijo, Justo Toscano Pinzón, quien asumió el relevo y garantizó su continuidad en unos años marcados por la inestabilidad política y social. Ser librero y distribuidor de prensa en aquel contexto no estuvo exento de riesgos. En agosto de 1936, apenas iniciada la Guerra Civil, Toscano Pinzón fue detenido por falangistas e ingresó en la Prisión Provincial bajo la acusación de “delito gubernativo”, una fórmula administrativa utilizada para justificar detenciones arbitrarias. Aunque fue liberado al día siguiente, el episodio ilustra bien el clima de sospecha que rodeó a quienes, desde librerías y despachos de prensa, facilitaban el acceso a la información en aquellos tiempos convulsos.

Durante años, el establecimiento figuró bajo la denominación jurídico-comercial de Viuda de Justo Toscano, fórmula habitual en la época, incluso cuando el negocio pasó luego a manos de una tercera generación. La Librería y Despacho de Prensa logró sobrevivir a la guerra y a la larga posguerra, y continuó activa hasta las últimas décadas del siglo XX. Cuando cerró definitivamente sus puertas, Huelva no perdió solo un comercio: se apagó una de esas ventanas cotidianas que, durante casi un siglo, permitieron a varias generaciones de onubenses asomarse al mundo a través de las páginas de los periódicos. Fotografías como la que acompaña este reportaje ayudan hoy a rescatar del olvido una parte esencial de la memoria colectiva de la ciudad.

Antonio Agustín Gómez Gómez es director de la Biblioteca Provincial de Huelva.

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