Huelva

El legado eterno de Manuel López Vega

  • La misa funeral se celebró hoy en su parroquia de los Dolores presida por el vicario general, Francisco Echevarria. El día 6, a las 12:00, el obispo José Vilaplana presidirá en este templo una misa en memoria de Manuel López

La misa funeral se celebró ayer en la parroquia de los Dolores. La misa funeral se celebró ayer en la parroquia de los Dolores.

La misa funeral se celebró ayer en la parroquia de los Dolores. / Alberto Domínguez

Soy de la Plaza de los Dolores y soy de Las Colonias. Siempre que puedo, lo menciono, sobre todo ahora que, por circunstancias laborales, vivo fuera de Huelva.

Mis raíces y mis recuerdos más entrañables son de este barrio y, concretamente, de la parroquia de los Dolores. Mi hermano Manolo, nueve años mayor, me llevaba de la mano a la casa parroquial a mediados de los 80 a vivir una experiencia inolvidable: la grabación del Telesemanal, un programa de actualidad de la Legión de María, que tenía una parte seria y otra más desenfadada, con actuación musical incluida. En la primera salía hablando el alma máter de todo aquello, de la gran evolución de los jóvenes de Las Colonias hacia un futuro esperanzador: ese hombre de negro llamado don Manuel López Vega, que pasará a la historia por algo más que por tener una calle con su nombre.

Don Manuel era un cura de los de antes que imponía respeto sólo con su primer "Buenos días", pero ahora que reflexiono sobre su figura con perspectiva, veo claramente que realizó esa labor primigenia de Cristo que han hecho también numerosos sacerdotes: darle una motivación a jóvenes que, a mediados de los 80, tenían muchas papeletas para acabar colgados de la heroína. Como dice una estrofa de la canción de Led Zeppelin ‘Stairway to Heaven’: “Todavía hay tiempo para cambiar el camino en el que estás”.

Don Manuel tenía sus críticos por su verbo lento y pausado, pero lo cierto es que la parroquia se llenaba en las fechas clave y en la matinal de los domingos, muy lejos de la triste realidad que se vive ahora. Es cierto que las nuevas tecnologías y la cultura del ocio han vapuleado la tradición de la misa de domingo y la formación de grupos de jóvenes, más pendientes del twitter y del whatsapp que de coger la hucha para recolectar dinero para el Domund o de hacer oración, pero bien haría el sacerdote actual, don Pedro, en utilizar el ejemplo de don Manuel.

Un cura que siempre estaba en la calle hablando con la gente, siempre encontraba hueco para visitar a los enfermos del barrio (nunca faltó a su cita con mi vecina Manolita ni con mis abuelos Francisco y María para darle la comunión los domingos en casa) y siempre se paraba a hablar con los corrillos de jóvenes de todas las edades para interesarse por sus aficiones y abrirles las puertas de la casa parroquial de par en par. Míticos partidos de ping-pong en el salón de don Manuel. Profundas oraciones en compañía de amigos y familiares en los salones de arriba. Magníficas las colaboraciones con el grupo de San Francisco a la hora de preparar la misa y hacerla más atractiva para el gran público. Excursiones al Chaparral con toda la familia. Fueron años fabulosos, vividos con un grado de ilusión ya perdido.

Ya nonagenario, me cuenta un amigo que le saludó y no le reconoció. No importa. Su legado está ahí, en la mirada de Vicenta (qué gran labor la suya durante años en la parroquia); en el recuerdo del añorado Horacio; en aquellas jornadas inolvidables de la Epifanía con la visita de los Reyes Magos dejando regalos para los niños más pobres de Las Colonias y el salón de actos a reventar de ilusión y gente; sus gestiones para que un solar perdido de la mano de Dios en los años 70 se convirtiera en la Plaza de los Dolores; el cariño que don Manuel daba a los ancianos de la Residencia de las Hermanitas de la Cruz; su socarrón sentido del humor; su cabeza ladeada, como mirándote de soslayo, escudriñándote…

GRACIAS, don Manuel, por habernos dado una motivación en una época de incertidumbre. Gracias por abrirnos la puerta de su casa y de su alma tantas y tantas veces. Gracias por haber salvado tantas vidas de tantos jóvenes (y no tan jóvenes) que estaban tirados en la calle con la tentación de la droga o de la derrota sobre sus hombros. Gracias por su pasión por Cristo, por lo bien que ejemplificó en su persona el Nuevo Testamento, porque sí que dejó que los niños se acercaran a usted y les dio cobijo y les dio una caña de pescar para que se sintieran útiles y realizados. Dinamización lo llaman ahora.

De verdad, me siento un privilegiado por haber formado parte activa de la comunidad de la iglesia de los Dolores en su etapa dorada. Y siempre recordaremos mis hermanos Manolo y Marioli, Sebas, Álvaro, mi primo Francisco Javier (el que fuera el mejor monaguillo de don Manuel durante muchos años es hoy un oftalmólogo de prestigio en Huelva) y yo su frase más mítica, dicha siempre desde su gran virtud, que siempre fue el inconformismo bien entendido, el pensar que algo que está bien siempre puede quedar mejor, sacando a relucir el talento de los miembros de la comunidad: “¿Qué más podemos hacer por los jóvenes de la parroquia?”. Y, con el eco de esa oración en mi cabeza, le imagino conduciendo su vieja moto de Easy Rider escuchando los acordes del solo de guitarra de Jimmy Page, con esa melena que él decía que tenía en su juventud, por una autopista llena de luz hacia el cielo.

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