El grito que volvió de entre los muertos
Trinchera Sonora
El Muerto celebra su ‘resurrección’ entre el éxito de su gira nacional y la inminente grabación de un nuevo disco
No todos los muertos descansan en paz. Algunos se levantan con los puños cerrados, el pulso encendido y un mensaje entre los dientes. El Muerto ha vuelto a rugir, y lo ha hecho con la misma fiereza con la que un día se abrió paso entre el metal, el rap y el hardcore. Lo suyo no es una resurrección simbólica, sino una reconquista sonora: la demostración de que hay cuerpos que la música no entierra y almas que siguen golpeando desde dentro del ataúd, como si de Beatrix Kiddo en Kill Bill: Volumen 2 se tratase, hasta volver a salir.
Han pasado 14 años desde que aquel grupo de músicos onubenses decidiera unir sus mundos —el del rock, el metal y el hip-hop— en una criatura difícil de clasificar. Nacía El Muerto, en 2011, con un sonido propio y una actitud que mezclaba calle, rabia y lucidez. En sus primeros pasos ya dejaron claro que venían a quemar las etiquetas: Evolución, Solo, Welcome, M.C. y El Muerto, los temas de su primer EP, eran una declaración de guerra a los géneros cerrados y a las fórmulas seguras. Aquel videoclip de Solo, que fue elegido mejor del año por la revista La Estadea, fue más que un golpe de suerte: fue la confirmación de que algo muy serio estaba fraguándose aquí, en este rincón medio perdido del sur.
Luego llegaron las giras, los festivales, los viajes en furgoneta y ese aprendizaje que solo se obtiene a base de escenario y sudor. El Muerto se hizo a sí mismo en la carretera. El público entendió rápido que lo suyo no era pose, era actitud. Con el LP Mil motivos para odiarte (2014) consolidaron su sonido crudo y orgánico, ese muro sonoro sin imposturas que los convirtió en una banda de directo brutal, de esas que no se entienden del todo hasta que las tienes delante.
El parón llegó después, de la mano de la maldita pandemia, y con él, el silencio. Pero el silencio de El Muerto nunca fue sinónimo de muerte, sino de preparación. Tres años de oscuridad después, en 2023, el grupo volvió a levantarse con una nueva formación y un hambre renovada. El guitarrista original, Juan M. G., reunió a Thassio —voz mítica del hip hop onubense con Deliriko—, Pablo Morán, Viktor y Juan Antonio Alves. Y lo que surgió de ese reencuentro fue dinamita pura.
El regreso se fraguó sobre el escenario, donde siempre se han sentido más vivos. Desde noviembre de 2024, la banda ha recorrido salas y festivales de todo el país (con parada en Portugal) con el Corre o Reza Tour, una gira que ha funcionado como un exorcismo colectivo: cada concierto una purga, cada tema una descarga de rabia controlada, cada riff un recordatorio de que siguen aquí, más afilados que nunca. Y entre bolo y bolo, tres singles que han terminado de sellar su vuelta por todo lo alto: Ni permiso ni perdón, Libre y El Bloque. Tres fogonazos que condensan la esencia del grupo —metal, rap, actitud y músculo—, pero también su madurez y su compromiso con un sonido cada vez más pulido y demoledor.
Porque El Muerto no solo grita, también piensa. Y eso los hace más peligrosos. Su sonido es hoy una mezcla de potencia y precisión, un ejercicio de músculo y equilibrio. Las bases golpean como martillos, las guitarras abren cicatrices y la voz de Thassio atraviesa como un proyectil, combinando el fraseo del rap con la agresividad del metal más salvaje. Pero, más allá de la forma, hay fondo. Letras combativas, callejeras, políticas si se quiere, pero sobre todo humanas. Canciones que no buscan aleccionar, sino golpear conciencias. Que hablan de rabia, de resistencia y de no aceptar ni permisos ni perdones.
En lo visual, la banda ha llevado su concepto hasta las últimas consecuencias: videoclips poderosos, estética cuidada, narrativa coherente. El trabajo audiovisual y promocional es una muestra de madurez profesional que se nota también en los detalles: en el sonido, en el ritmo, en la energía.
Ahora, con la gira llegando a su fin y la mirada puesta en el estudio, El Muerto se prepara para un nuevo asalto. A finales de noviembre volverán a Estudiomathica (Cartaya), bajo la producción de Santi García, para grabar su nuevo disco, que no cabe duda que será el trabajo más feroz y meditado de su carrera. Una nueva descarga de Hardcore Rap Metal “desde la ultratumba”, como ellos mismos se definen, pero con una precisión y un empaque que solo dan los años de brega y los escenarios pateados.
No hay artificio en ellos. No hay impostura. Hay fuego, hay mensaje, hay verdad. Lo que empezó como una rebelión sonora se ha convertido en un proyecto sólido, con discurso y con propósito. El Muerto no ha vuelto para mirar atrás, sino para volver a levantar el polvo del suelo.
Porque, al fin y al cabo, no todos los muertos resucitan. Algunos simplemente se niegan a quedarse bajo tierra. Y cuando vuelven, lo hacen para que el mundo tiemble otra vez.
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