Gonzalo Leandro. Gabitel Ingenieros

"Busco la felicidad de los que están cerca de mi"

  • El fundador de esta firma onubense, líder en el sector de las telecomunicaciones, se muestra convencido de que el verdadero patrimonio, lo más importante, es el capital humano

Gonzalo Leandro, fundador de Gabitel Ingenieros. Gonzalo Leandro, fundador de Gabitel Ingenieros.

Gonzalo Leandro, fundador de Gabitel Ingenieros.

Ser feliz es una decisión. Algunos aún no se han dado cuenta. Otros, están en ello. Varios buscan la felicidad de su entorno familiar o se empeñan en que otros vayan felices a trabajar. Es el caso de Gonzalo Leandro, fundador de Gabitel Ingenieros, el grupo empresarial nacido en Huelva en 2001 y puntero en el sector de las telecomunicaciones a nivel nacional: “yo quiero que la gente se levante contenta y venga a trabajar sabiendo que es parte de un proyecto y que, a pesar de todo, le compense por ese tiempo que está aportando a la empresa en vez de dedicarlo a su familia o a sí mismo.”

Para lograrlo, su prioridad es que reine el buen ambiente por lo que, entre otras acciones, replica iniciativas de las grandes multinacionales que van desde la instalación de espacios de distensión como un gimnasio, hasta un acuerdo con un equipo de psicólogos que pueda ayudar a los trabajadores en cualquier circunstancia, pasando por diversas prestaciones de servicios a disposición de los trabajadores.

Asegura que las puertas de su despacho siempre están abiertas y que no son pocos los que vienen a desahogarse o con alguna solicitud, a veces extra laboral, que, “si está en mi mano, por supuesto que les ayudo: lo único que quiero es colaborar. Algunas personas son muy altruistas con los que no ven y luego no tienen un trato agradable con el que comparten el día a día. Por ahí no paso. No tolero una mala palabra o un trabajador que cree mal ambiente, que no comparta la filosofía de la empresa, que no tenga otro interés que suyo propio. Pocas veces hemos tenido que prescindir de alguien, pero dado el caso me toca a mí tomar ese tipo de decisiones. Pero lo importante, insisto, son las personas, los equipos y cada uno tiene su parte de responsabilidad en lo que hacemos. No soporto las injusticias. Tampoco me corresponde a mí impartir justicia, pero intento ser justo. Me preocupo y ocupo de que el resto esté bien.” Con el crecimiento de la empresa asegura que cada vez es más difícil llegar hasta el último trabajador, “conocerle y que cuente conmigo si tiene un problema”. A veces se trata de tomar muchos cafés con ellos.

En ocasiones, también se da un distanciamiento especialmente con la gente nueva que me llama de usted y yo no estoy acostumbrado. En cualquier caso, si veo que alguien no se acerca, tomo yo la iniciativa. Puede que no conozca los nombres de los casi 250 trabajadores, pero sé perfectamente quiénes son y qué hacen. Soy malo para los nombres pero me sé más de 200.” El responsable aclara que gestiona la empresa como una familia que crece rápido: los hermanos mayores son los que deben transmitir la filosofía: “tenemos una estructura definida, muy procedimental de forma que el que entra debe verse apoyado y arropado por el resto de compañeros. De hecho, tenemos un equipo de bienvenida formado por diez personas seleccionadas por los propios compañeros que se encargan de cada empleado que llega sea acogido. Ante la fama de “controlador” advierte que, sencillamente, es organizado: “el control se basa en una organización y una estructura. Para que esto funcione, todos debemos tocar la misma música, llevar la misma partitura y tener las mismas normas. Para eso sí soy muy exigente”.

Una de las iniciativas más novedosas es un gimnasio para los trabajadores. Una de las  iniciativas más novedosas es un gimnasio para los trabajadores.

Una de las iniciativas más novedosas es un gimnasio para los trabajadores.

Leandro es un caso atípico en el mundo de las telecomunicaciones, una rama de la ingeniería bastante impersonal y poco cercana en general. Puede que el secreto esté en que nunca ha trabajado para terceros: “esto empezó en el salón de mi casa. Terminé la carrera y no me convencía ninguna de las salidas profesionales que habían tomado mis compañeros. Así que compré un piso y empecé completamente solo. Era un trabajo más operativo, directamente relacionado con la ingeniería. Ahora me dedico más a la gestión de proyectos y personas. Somos una empresa de servicio y el capital de la empresa son los trabajadores que tenemos. Una de las máximas que sigo, y que está escrita bien grande en las paredes de la oficina, es la frase de Hugh Downs: “afirmar que mi destino no está ligado al tuyo es como decir: Tu lado del bote se está hundiendo.” De veras que lo pienso. Cada vez que tomo una decisión lo hago buscando en el bien de todos y agradezco profundamente el esfuerzo de cada una de las personas que trabaja conmigo.”

Esa filosofía ha llevado a Gabitel a un crecimiento constante también a nivel internacional. Sin embargo, Leandro no se considera ambicioso: “empecé a trabajar bien, soy exigente y cumplidor y eso es lo que ha hecho que vaya creciendo. El objetivo nunca fue crear una gran empresa, ha sido algo natural como resultado de un gran esfuerzo por hacer las cosas lo mejor posible y, así, lograr que vuelvan a contar con nosotros. Es una dinámica que nos ha ido llevando a Andalucía y a España. El objetivo ahora sí es la internacionalización pero asegurando la estabilidad de la base. Lo bueno es que hablamos del sector global por excelencia, lo cual es una ventaja. Trabajar con las grandes empresas nos está abriendo las puertas del mundo y, lo mejor de todo, es que podemos hacerlo desde Huelva, la ciudad donde quiero vivir.”