Huelva

El recuerdo anual a los fieles difuntos

  • La Hermandad de las Ánimas Benditas de la Concepción tiene su origen en 1882

  • Hoy celebra con la imagen rosario vespertino que llegará hasta las Hermanas de la Cruz

Nuestra Señora del Carmen y Ánimas Benditas en la parroquia de la Concepción. Nuestra Señora del Carmen y Ánimas Benditas en la parroquia de la Concepción.

Nuestra Señora del Carmen y Ánimas Benditas en la parroquia de la Concepción. / Alberto Domínguez

El Cementerio de Nuestra Señora de la Soledad no tiene una orientación caprichosa, mira hacia poniente porque es ahí donde se oculta el sol y para el cristiano es ahí donde nace la nueva vida en la eternidad. No hay oscuridad, es la luz eterna.

Es la creencia de una sociedad mayoritariamente católica que en el tiempo ha ido cambiando también sus ritos en el culto a los difuntos, que viene a ser también un recuerdo permanente a quienes nos antecedieron. Un recuerdo que permanece en el corazón, donde se mantienen vivos aquellos a los que quisimos y se fueron.

En Huelva, además, se cuenta desde 1882 con una Cofradía de Ánimas y digo que aún contamos con ella pues es para todos la recién recuperada hermandad que en este templo tiene a un grupo de seglares empeñados en fomentar el culto a Nuestra Señora del Carmen y Ánimas Benditas.

En la fundación de aquella cofradía se decía en la segunda mitad del siglo XIX que se proponía “propagar, cuanto le sea posible la piedad de los fieles, para con las benditas almas del Purgatorio, en cuyo sufragio se vienen practicando en esa parroquia, desde hace algunos años solemnes y muy devotos ejercicios”.

La renovada hermandad de la Concepción nos sorprende con la salida de la Virgen del Carmen y Ánimas Benditas que tiene previsto realizar en esta festividad de hoy de los Difuntos, a las 19:30. Es la primera vez que se programa en nuestra ciudad un rosario de vísperas con la salida de la sagrada imagen. Una aportación a esta fiesta que viene sintiendo las exportaciones de tantas otras que poco o nada tienen que ver con nuestra cultura, que ahora lo absorbe todo.

Para conocer ese culto y en la mentalidad de la época, recogemos lo que decía sus estatutos. En el reglamento se deja claro que pueden formar parte de ella “todos los verdaderos fieles de uno y otro sexo que tengan siete años de edad”.

En sus derechos estaba el recibir los bonos de limosnas para su distribución entre los necesitados que ellos consideraran.

La hermandad también realizaba por cada uno de ellos “inmediatamente después de su muerte los derechos de un funeral de quinta clase, y a que se les mande aplicar además dos misas rezadas dentro del primer mes después de su fallecimiento”. Además tenían derecho “ a que verificada su muerte se ponga a disposición de las respectivas ánimas del Purgatorio, y en especial de todos los cofrades difuntos, una misa cantada, haciéndose la procesión claustral de los cinco responsos”.

Se disponía también cada año “el ejercicio del mes de ánimas, predicándose durante el mismo, un novenario por lo menos”. En el día de difuntos la cofradía repartía bonos de pan.

Contaba con un estandarte, un paño mortuorio y un apartado fúnebre, que se facilitaba gratuitamente para los funerales de los asociados.

Las jornada de Todos los Santos y Fieles Difuntos siempre congrega a numerosas personas en los templos y se mantienen en el calendario como una de las fiestas religiosas más importantes en el año cuando, además, se muestra en rojo. En las hermandades de penitencia continúa la tradición de vestir a las dolorosas de luto.

Esto se mantiene en una sociedad que cada vez se va despegando de todo lo que es el culto a los difuntos, para alejarse de la realidad de la muerte, o al menos está cambiando la forma de mantener eso que pensamos del reposo eterno y se opta mayoritariamente por las incineraciones. Es más, y tampoco por depositar estas en columbarios de iglesias, sino que las familias prefieren esparcirlas por la tierra que el difunto pisó. La Iglesia, sin embargo, señala que las cenizas de los difuntos requieren un respeto y debe mantenerse el culto de siempre. Ahora aparecen espacios como los cinerarios comunes en lugares especialmente vinculados al culto cristiano, cada vez son más los familiares llevan aquí las cenizas de los seres queridos.

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