Huelva

Una familia denuncia el acoso escolar que sufre su hijo en un colegio de Huelva

  • La víctima se vio obligada a cambiar de centro después de cuatro años de hostigamiento

La madre del menor acosado, con la documentación aportada en la redacción de ‘Huelva Información’. La madre del menor acosado, con la documentación aportada en la redacción de ‘Huelva Información’.

La madre del menor acosado, con la documentación aportada en la redacción de ‘Huelva Información’. / Alberto Domínguez (Huelva)

La palabra inglesa bullying, que retumba cada vez con más fuerza en nuestra sociedad, tiene una traducción clara en castellano: "intimidación". Es el acoso escolar, que conlleva actitudes agresivas o denigrantes de unos alumnos hacia otros para imponer su poder, someterlos y ridiculizarlos hasta convertirse en su peor pesadilla.

Y esto es lo que ha sufrido un menor onubense durante cuatro años en el colegio privado San Vicente de Paúl de Huelva. Su madre, M.V.V.M., confiesa con lágrimas en los ojos que durante ese tiempo llegó a tener miedo "de dejar solo a mi hijo por si se hiciera daño o se suicidara, no sabíamos lo que se le pasaba por la cabeza".

Pero empecemos por el principio de este grave asunto. Los episodios primigenios del acoso se manifestaron en 4º de Primaria. No porque el pequeño transmitiera nada a sus padres, sino porque en junio de 2015 M.V.V.M. halló entre uno de los cuadernos de su hijo una carta en la que decía "que se quería morir, que no entiende por qué le hacen esas cosas, que si se muere quizá lo echen de menos...", todo acompañado con el dibujo de una calavera. Le preguntaron que qué ocurría y el chiquillo les dijo "que estaba harto de que se metieran con él, que le decían caramono, que era lo más feo que ha parido madre y otras cosas así".

Sus progenitores solicitaron una tutoría y se citaron con el orientador al inicio del curso siguiente, 2015/16. "Nos personamos en el centro para recordar la cita y aún seguimos pendientes de la misma, después de cuatro años", denuncian.

Las reuniones con la tutora del menor fueron varias tanto en 5º como en 6º, y la maestra les indicaba que tomarían las medidas oportunas. "Durante ese tiempo nuestro hijo nos oculta todos los insultos, vejaciones y exclusión social a la que se veía sometido por un grupo de compañeros de su clase".

La situación llegó al "punto máximo" durante el primer trimestre del curso pasado, ya en 2º de ESO. "El niño nos pide estar presente en la tutoría, durante la cual nos expone todo lo que le está pasando y quiénes se lo están haciendo, así cómo se siente emocionalmente", narra su madre. El menor confesó cosas como que le tiraban el material escolar por el suelo o que le escribían "perra" en los apuntes de clase. Él se afanaba en borrarlo con tippex para que nadie descubriera a sus acosadores. Hasta que se le agotó la paciencia.

Sus padres decidieron llevarlo a una psicóloga, quien determinó que el crío ha sido víctima "de acoso físico (empujones, patadas...), verbal (insultos, menosprecios...), escrito (cartas con insultos), psicológico y social (aislamiento del resto del grupo)", como consta en el informe psicológico. La experta determinó que presenta "baja autoestima, preocupación excesiva por la evaluación de los demás, pensamientos y conductas sobre los hechos que generan importantes niveles de ansiedad y un nivel alto de sufrimiento que, de cara a los demás, intenta disimular". También sufrió trastornos alimenticios, del sueño y ansiedad.

Su rendimiento académico se vio mermado por la situación de acoso. El equipo educativo del Conservatorio de Música Javier Perianes, donde el crío cursaba sus estudios desde 2013, agrega en un informe que "ha desarrollado toda su actividad de forma completamente correcta y adecuada, tanto desde el punto de vista académico como de relación con el resto de la comunidad educativa". M.V.V.M. enfatiza que "nunca ha tenido problemas de socialización allí".

Un instante de la entrevista con la madre de la víctima de bullying, de espaldas. Un instante de la entrevista con la madre de la víctima de bullying, de espaldas.

Un instante de la entrevista con la madre de la víctima de bullying, de espaldas. / Alberto Domínguez (Huelva)

Todo lo contrario que en el San Vicente de Paúl, donde uno de los agresores "intentó forzar a nuestro hijo para que se tomara un zumo que estaba derramado en el suelo" delante de sus compañeros de clase.

En otra ocasión el menor perjudicado se olvidó el bocadillo en casa, su hermano se lo llevó más tarde y, "como no coinciden en el tiempo del recreo, se lo dio a algunos de sus compañeros". Estos se dedicaron "a abrir el bocadillo y ensuciarlo, tirarlo por el suelo, para después dárselo como si nada". Afortunadamente, aquella vez otros compañeros le contaron lo ocurrido y evitaron que se lo tomara.

Con el informe psicológico en la mano, los padres de la víctima solicitaron el pasado 27 de febrero la apertura del Protocolo de Acoso Escolar, pero "pasados 15 días y ante el silencio del centro, acudimos a la Delegación de Educación y nos atendió un inspector que nos dijo que no tenía notificación del caso".

De hecho, pese a haber pedido al centro la activación del protocolo, el pasado 4 de marzo el pequeño sufrió otro ataque durante el recreo. "Varios compañeros cogieron de brazos y piernas a nuestro hijo con la intención de meterlo dentro de un contenedor que está en el patio", señala la madre.

Finalmente se abrió el Protocolo de Acoso Escolar, en el que se identifica al acosado y a los acosadores, se puntualizan las características del hostigamiento ("intencionalidad, repetición en el tiempo, indefensión, componente grupal y presencia de observadores pasivos"), se tipifica como "acoso de exclusión y agresión verbal" y se detallan las medidas a tomar.

La sanción a los acosadores es la "suspensión del derecho de asistencia al centro por cuatro días lectivos, coincidentes, en parte, con las XXIV Jornadas Culturales". M.V.V.M. critica duramente el castigo porque "significaba que iban a tener más vacaciones, ya que después venía la Semana Santa". Pese al respaldo del Consejo Escolar a la pena impuesta a los acosadores, "reclamamos", pero las diferencias con el equipo directivo del colegio fueron in crescendo. "No llevaban a cabo el protocolo", espeta la denunciante.

Los padres de la víctima recuerdan que el pequeño, de 14 años, tuvo que repetir 2º de ESO y que se vio obligado a hacerlo en otro centro de la capital onubense, donde ahora está "muy contento y muy bien con sus compañeros, se ha adaptado perfectamente".

La intención de hacer público el caso atiende a que "no entendemos la actitud del colegio y no queremos que le pase a nadie más".

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