Estudiantes, entre el crecimiento y el reto de estrechar vínculos
La hermandad del Martes Santo, a medio camino entre barrio y centro, afronta una nueva etapa marcada por el crecimiento, la autocrítica y la llamada a la participación de sus hermanos
La Hermandad de Estudiantes vive desde hace décadas un equilibrio singular, debido a la posición geográfica en la que se encuentra. A medio camino entre el carácter de hermandad de barrio y la solemnidad propia de las cofradías del centro, su identidad se ha ido forjando en esa dualidad que hoy sigue marcando su forma de estar en la calle y, sobre todo, su vida interna. Al frente se encuentra Pablo Marchena, un hermano mayor que habla con franqueza, autocrítica y un profundo sentido de pertenencia.
La vinculación de Estudiantes con el mundo académico no es una etiqueta añadida con el tiempo, sino un rasgo fundacional. Sus orígenes se remontan a los años cuarenta, cuando un grupo de jóvenes —muchos de ellos estudiantes— comenzó a dar forma a una devoción que acabaría cristalizando en hermandad. “Desde ese momento ya se nos conocía como los estudiantes”, explica Marchena, recordando cómo aquel grupo inicial quiso dotar a la corporación de un carácter serio y estable, lejos de algo pasajero.
La hermandad se funda oficialmente en 1949 y alcanzó el pasado año su 75 aniversario, una cifra que permite mirar atrás con perspectiva. Desde aquel primer Cristo —un cautivo pequeño, casi doméstico— hasta la actual imagen de León Ortega, Estudiantes ha ido creciendo paso a paso, consolidándose como una cofradía reconocible y respetada dentro del Martes Santo onubense. “Cuando sale a la calle es una hermandad seria y señera”, resume su hermano mayor.
Ese crecimiento también es numérico. La hermandad ronda hoy los 915 hermanos, con una incorporación constante de niños y jóvenes. Las cuadrillas funcionan con solvencia, los acólitos se forman con cursos específicos y el Martes Santo el entorno del templo se llena hasta no caber un alfiler. Sin embargo, Marchena no se conforma. “Estamos viviendo el mejor momento de nuestra historia, pero yo le exigiría más a la hermandad”, reconoce, señalando una de las grandes preocupaciones actuales: la falta de vida de hermandad durante el resto del año.
El diagnóstico es claro y lo comparte con otros hermanos mayores: Hay respuesta cuando hay música, actos multitudinarios o Semana Santa, pero cuesta más llenar los cultos, las convivencias o las iniciativas formativas. “La sociedad está tirando para otro lado”, reflexiona, convencido de que cada vez más las personas son atraídas por la espectacularización más que por la devoción y fe cristiana. Aun así, insiste en que Estudiantes no agoniza ni mucho menos: hay proyectos, estabilidad económica y trabajo constante.
Ese trabajo se nota también en el patrimonio. En los últimos tiempos se han restaurado varales, varas, candelería y el guion histórico, que se está pasando a una nueva tela. Se han confeccionado nuevas dalmáticas y se prepara un nuevo libro de reglas ante el deterioro del actual. Además, se están realizando ajustes en los pasos para facilitar una salida especialmente complicada por las dimensiones de la puerta del templo, uno de los grandes retos logísticos de la cofradía.
Junto a lo material, Estudiantes mantiene una intensa labor social. La hermandad colabora de forma permanente con las Hermanitas de la Cruz, atiende a varias familias del barrio y trabaja con entidades como el Banco de Alimentos, Cáritas, Aspapronia, Princesa Rett o la Fundación Ángel Muriel. Una de las iniciativas más reconocibles es la entrega anual de mochilas completas con material escolar a niños que lo necesitan, un gesto coherente con su identidad y que se ha convertido en una seña propia.
La toma de decisiones en la calle, especialmente ante la amenaza de lluvia, es otro de los momentos de mayor responsabilidad. Estudiantes ha salido históricamente incluso mojándose, siempre priorizando el patrimonio humano, con decenas de monaguillos y hermanos implicados. “Equivocarte es posible tanto saliendo como quedándote”, admite Marchena, que no oculta el peso que supone cada decisión.
Más allá de balances y proyectos, el hermano mayor quiso lanzar un mensaje claro y directo a todos los hermanos. Un mensaje que pide ser escuchado. La Hermandad de los Estudiantes está abierta a todos. A quien tenga una necesidad, una inquietud, una idea o simplemente ganas de acercarse. “Las puertas están siempre abiertas”, insiste. Quien quiera colaborar en mayordomía, priostía, como acólito o en cualquier tarea será bienvenido. La hermandad —subraya— está para escuchar, acoger y trabajar juntos, porque solo así puede seguir viva y seguir siendo, de verdad, la casa común de todos sus hermanos.
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