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Fin de curso

Un Sobresaliente en resistencia

  • Acaba un curso marcado por la presencia de la Covid-19, el cambio radical que ha supuesto en las formas de convivencia y aprendizaje en los colegios y en el esfuerzo de profesorado y alumnado

Termina el primer 'curso del coronavirus' en Huelva.

Termina el primer 'curso del coronavirus' en Huelva. / Rafa del Barrio

“Bienvenidos a Mundocole. Les recordamos que debe atender escrupulosamente las normas”. La locución suena vehemente y robótica, aunque a fuerza de repetida termina pareciendo normal, incluso da la impresión de que hubiera estado ahí siempre, a pesar de que en Mundocole todo es diferente a lo que se conocía hasta ese momento. “Les recordamos que debe atender escrupulosamente las normas”, insiste la voz, que vuelve a repetirlas una por una: “Deberán usar mascarillas en todo momento, y si necesitan tomar aire es necesario esperar a la salida. Está terminantemente prohibido tocar a otros compañeros, y por supuesto no pueden compartir utensilios ni comida. Para ir al baño deberán hacerlo uno por uno, siguiendo el camino indicado en color amarillo. No podrán desviarse de la trayectoria hasta la vuelta, en la que deberán tomar la ruta señalada en color rojo, aunque es recomendable que se aguanten las ganas siempre que sea posible”. La retahíla continúa exponiendo el resto de preceptos que deben atenderse en Mundocole: hay que merendar sentados, solos y alejados al menos un metro de otras personas, hay que hablar en voz alta pero sin gritar cuando se use la mascarilla. Sin ella, por supuesto, está prohibido hacerlo. Hay que aprender a expresar las emociones únicamente con los ojos. En invierno hay que llevar ropa de abrigo y mantas, ya que las ventanas permanecerán siempre abiertas. En verano se recomienda el uso de ventiladores individuales o abanicos, ya que queda terminantemente prohibida cualquier otra forma de airearse. Preferentemente tienen que usarse las escaleras, y el ascensor se limitará al mínimo imprescindible, pero cuando sea necesario utilizarlo su ocupación máxima será de una persona. “Si en algún momento es necesario prestar algún material, éste debe ser desinfectado antes de su uso y tras su devolución”, prosigue la locución, que recuerda además que las entradas y salidas se realizarán por las respectivas vías asignadas y siguiendo los flujos de circulación fijados, que deberán memorizarse desde el primer día.

Itinerarios de ida y vuelva por los pasillos de un centro educativo. Itinerarios de ida y vuelva por los pasillos de un centro educativo.

Itinerarios de ida y vuelva por los pasillos de un centro educativo. / Rafa del Barrio

Antes de acceder a Mundocole, los asistentes deben pasar uno a uno y en ordenada fila el control de temperatura dispuesto, independientemente de que ya lo hayan hecho en casa, además de lavarse las manos con una solución desinfectante. Esta norma es de obligado cumplimiento también en cada entrada y salida de las aulas del centro. En todo caso, en las mochilas tiene que haber un desinfectante individual para usar siempre que sea pertinente. Si es imprescindible usar los mismos materiales deportivos por varios grupos, estos deben limpiarse con una solución de agua y lejía pulverizada tras cada uso, lo mismo que en el caso de instrumentos musicales, de los dispositivos electrónicos o de los juguetes usados en el recreo. Se procurará siempre permanecer alejado de otras personas en el interior del centro. Otra cosa importante: en Mundocole está prohibido realizar actividades complementarias, actos comunes, el acceso de los padres a las instalaciones y cualquier tipo de celebración colectiva.

Geles, desinfectantes y mascarillas han estado presente en las aulas. Geles, desinfectantes y mascarillas han estado presente en las aulas.

Geles, desinfectantes y mascarillas han estado presente en las aulas. / Rafa del Barrio

También hay reglas estrictas para los trabajadores de Mundocole. La primera y más importante: deben olvidarse de todo lo que han estado haciendo durante años. Mundocole es diferente. En Mundocole no se pueden impulsar valores como la convivencia o el trabajo en grupo. No se puede invitar a la charla como forma de interrelación, ni por supuesto al contacto físico. “En todo caso, siga siempre las indicaciones establecidas en los carteles informativos repartidos por todo el recinto y recuerde que el objetivo común es evitar los contagios”, concluye la voz unos segundos antes de empezar de nuevo el cansino bucle: “Bienvenidos a Mundocole. Les recordamos que debe atender escrupulosamente las normas…”.

Una maestra toma la temperatura a una de sus alumnas. Una maestra toma la temperatura a una de sus alumnas.

Una maestra toma la temperatura a una de sus alumnas.

María del Mar sale cada día agotada del centro. Afortunadamente queda poco para las vacaciones. Atrás queda un curso entero que ha sido, de cabo a rabo, completamente nuevo. “Quién me iba a decir a mí que tendría que cambiar mi forma de trabajar con los niños después de treinta años”. Tan de sopetón. Tan radicalmente. Con tan poco tiempo para planificar. Y con tanto miedo. “El arranque fue muy duro. Había mucha incertidumbre y muchos temores, yo especialmente”, asegura esta maestra del CEIP José Oliva de la capital. “Los niños, por más que tú les dijeras, no eran conscientes del peligro que estábamos corriendo allí a diario, así que hemos tenido que estar explicándoles permanentemente por qué había que cumplir determinadas normas”. En cualquier caso, “a menudo se olvidaban de cosas, como que no podían hablar sin la mascarilla durante el desayuno, o lo de no prestarse cosas”. En realidad, reconoce María del Mar, “había que cambiar el chip después de toda la vida diciéndoles lo contrario. Se han portado como unos campeones”, sentencia la maestra, que recuerda que desde que empezó el curso asumió un reto compartido con toda la clase: “Siempre les digo: tenemos que llegar al día 22 de junio sanos y salvo. Haced todo lo posible. Y la verdad es que ha sido espectacular”.

Yolanda lo ha tenido incluso más difícil. Es maestra de Infantil, así que solo de pensar a lo que tenía que enfrentarse en el inicio del curso (niños de cuatro años, ojo, sin obligación de usar mascarillas) le hizo llegar a septiembre “con mucho miedo”. Recuerda que pensaba en lo increíble que le parecía que “nadie se diera cuenta de lo peligroso que iba a ser estar con ellos en un espacio cerrado y en contacto permanente. Si me dicen entonces que el curso iba a acabar sin ni un solo caso de Covid en la clase no me lo hubiera creído”. No es casualidad, claro. En medio ha habido un trabajo constante de nueve meses “sin descanso” y con la necesidad de adaptar el complejo programa de Infantil a una situación para la que desde luego no está pensado. El trabajo previo ha sido ingente: reorganizar la programación, los materiales, la metodología, la distribución espacial,  “e incluso nuestro ritmo de trabajo”. Yolanda reconoce que “parecía todo un poquito caótico, pero “al final se han adaptado perfectamente, mejor que nosotros. Ha sido una experiencia difícil, pero exitosa. Hemos triunfado, el curso ha terminado bien y ellos han demostrado una vez más su fortaleza”.

Indicaciones de seguridad frente a contagios en un centro. Indicaciones de seguridad frente a contagios en un centro.

Indicaciones de seguridad frente a contagios en un centro.

También los maestros han dado motivos para “enorgullecerse de su trabajo”, como asegura Inma Torres, que es representante del sector de educación-sector público de UGT Huelva: “han hecho un gran esfuerzo, se han desdoblado y se han reinventado” a pesar de las “malísimas condiciones en las que han trabajado”. Torres recuerda que “ha habido situaciones que han pasado desapercibidas y no se han tenido en cuenta”, y se refiere a casos concretos de niños con dificultades especiales para los que “ha sido un martirio”, lo mismo que para sus profesores. Durante este curso se van vivido “momentos muy complicados que al final se han ido solventando” gracias a la adaptación de profes, padres y madres y de los propios niños, “superando la carencia de recursos con ideas e imaginación”. El año ha pasado factura, asegura la representante sindical: “Los maestros están agotados, incluso con problemas psicológicos, por el esfuerzo realizado y por aguantar estoicamente problema tras problema”. En cualquier caso, como lo que cuenta, al final, es el resultado, el balance de tanto trabajo es positivo: “han demostrado, junto con el alumnado, que son unos campeones. Los niños han podido tener su rutina más o menos normal. Para ellos era muy importante volver a clase después de lo que vivieron el curso pasado y lo hemos conseguido”.

Indicaciones de itinerarios en los pasillos del colegio. Indicaciones de itinerarios en los pasillos del colegio.

Indicaciones de itinerarios en los pasillos del colegio. / Rafa del Barrio

Ni la incertidumbre ni el miedo ni los problemas ni los cambios de criterio día sí y día no han podido con la ilusión de los maestros: “hemos sabido mantenernos alegres, dinámicos, intentando trasmitir a los niños lo mejor”, expone María del Mar, “y creo que ellos -los niños-, dentro de lo que cabe, han estado felices en el cole”.

Quizás es importante que lo digan ellos mismos. Adrián, Jaime, Juan, Lorenzo, Sebastián y Arturo estudian Cuarto de Primaria y coinciden en que, al fin y al cabo, el curso ha ido bien, con dos peros: uno, las mascarillas: “no me dejaba respirar”, dice Juan. Jaime y Adrián, por si acaso, lo exageran para que se entienda mejor: “me asfixiaba". Los seisaseguran que no han pasado miedo, ni han sentido tristeza y ni siquiera han pensado que podrían contagiarse, aunque sí han echado de menos algunas cosas: las fiestas y verbenas, las porterías para jugar al fútbol y “verle la cara a mis compañeros”, como dice Sebastián. Para Lorenzo “ha sido casi todo igual”, salvando las estrictas normas, el frío y el calor, y el resumen de Arturo es que “hemos podido estar con los amigos” aunque hayan tenido que “estar alejados”. Valeria, Lola y María, que tienen solo seis años, pasaron algo de miedo al contacto físico al principio, pero desde entonces “todo ha ido bien”.

El uso de las mascarillas y la distancia de seguridad han sido una constante en todo el curso. El uso de las mascarillas y la distancia de seguridad han sido una constante en todo el curso.

El uso de las mascarillas y la distancia de seguridad han sido una constante en todo el curso.

Los niños se han adaptado con relativa facilidad a la nueva situación. Los niños se han adaptado con relativa facilidad a la nueva situación.

Los niños se han adaptado con relativa facilidad a la nueva situación. / Rafa del Barrio

¿Es posible que un curso como este no les haya afectado? Irene Martín Carrasquilla, psicóloga del Centro Luzanda de Huelva, cree que la clave está en la “gran capacidad de adaptación” de los niños: “Eso no significa que no les haya afectado, pero con la ayuda de sus familias y los maestros no se han quedado estancados, sino que han seguido avanzando y no han necesitado ningún apoyo externo. Se encuentran bien”. Los niños pequeños, aclara la psicóloga, “se adaptan prácticamente a todo siempre que tengan un colchón protector alrededor”, especialmente en su familia y su entorno más cercano. Tienen “capacidades y herramientas” para hacerlo y, de hecho, “han podido resurgir de todo esto sin mayores problemas”. Sin embargo, con los mayores no ha ocurrido lo mismo. Mundocole ha provocado un error crítico, un fallo en el sistema natural de las cosas. Para Martín, el hecho de no poder relacionarse con normalidad “les ha generado ansiedad”, ya que “están en un momento vital muy social, en que empiezan a ensanchar lazos con la familia y buscan otros grupos de referencia” y la pandemia lo ha impedido. “Nos hemos encontrado con muchos casos de niños que se sienten ‘perdidos’: no saben qué hacer, no tienen ganas de nada”. Generalmente a estos adolescentes “les cuesta retomar las relaciones sociales, les cuesta más salir, pero no es por miedo, sino porque no les apetece. No saben qué quieren ni qué hacer en el futuro”. La situación vivida en los colegios e institutos, ni siquiera en la calle, no ha sido la idónea. De hecho, Claudia, que tiene 14 años, ni siquiera da por bueno el curso. No le han gustado ni las mascarillas ni las distancias de seguridad porque lo que quiere es “estar con mis compañeros y hacer cosas juntos”. Lidia, que es su hermana y algo más pequeña (tiene 12 años) tiene una visión completamente distinta, o al menos en parte. Sí le ha gustado, en general, y se queda con las mascarillas como lo peor del curso.

Todos, sin excepción, confiesan que están muy cansados.

Quedan pocos días para que cierre Mundocole, pero la robótica voz prepara el cuerpo para lo que se avecina: “Recuerde que Mundocole volverá a abrir en septiembre”, dice. El martes, antes de echar la cancela, la letanía resonará a lo lejos mientras el profe Alejandro toma la mano del primero de los alumnos que, en ordenada fila, saldrán al cine para celebrar que el curso se acaba. Ya le vale al virus: toca hacer algo especial porque el año ha sido "atípico".

Qué demonios atípico: el año ha sido una pesadilla.

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