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Tres conductas tóxicas que todos debemos evitar especialmente en septiembre

  • Este mes marca en el calendario para la mayoría de nosotros todo un reto emocional para que el que debemos prepararnos siendo muy conscientes de nuestras emociones y conductas

Tres conductas tóxicas que todos debemos evitar especialmente en septiembre Tres conductas tóxicas que todos debemos evitar especialmente en septiembre

Tres conductas tóxicas que todos debemos evitar especialmente en septiembre

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Casi todos los mortales estamos estos días viviendo la vuelta al cole, la vuelta a la rutina, la vuelta a las obligaciones, la vuelta a los madrugones… En menos palabras: la vuelta a la realidad. Incluso quienes ya tengan las vacaciones como un vago recuerdo del pasado reciente, encuentran en el devenir de septiembre una dura prueba para la estabilidad emocional. Y es que los días se acortan, las costumbres relajadas de las tardes veraniegas se acaban, las presiones laborales y domésticas aumentan, el tráfico se densifica, los extras económicos ya gastados o los que debemos afrontar toman todo su peso en nuestras cuentas corrientes, y así un largo etcétera de factores que favorecen la aparición de sensaciones y conductas poco productivas. El secreto es estar atentos a cómo hablamos y qué hacemos, y crear nuevos hábitos que nos satisfagan, para evitar convertirnos en bombas de mal rollo que nos afecten a nosotros y a nuestro entorno.

Antes de entrar a enumerar las tres conductas que nos van a servir de avisos de alerta, pongamos un poco de contexto a por qué llegamos a sentirnos así y qué podemos hacer para prevenirlo.

El síndrome post-vacacional

El síndrome o depresión post-vacacional no es un invento de los muy vagos. Es una somera depresión transitoria que existe, no tiene por qué se grave aunque depende mucho de cada persona, pero sí es real y no tiene por qué estar asociada a las vacaciones. Se refiere al estado de desgana y falta de energía que nos atropella cuando, después de haber cambiado los hábitos cotidianos durante un tiempo, debemos enfrentarnos a recuperar hábitos que teníamos y que no nos satisfacen tanto. Y claro, esto después de unas vacaciones es más fácil que nos pase.

Resulta más duro cuanto menos nos agraden los hábitos a los que debemos volver. Eso es lógico. Por eso si no nos gusta demasiado el trabajo que hacemos, o el ambiente que tenemos en casa o en clase nos incomoda, o no nos emociona encontrarnos con según qué personas, más probabilidades tendremos de sufrir los síntomas.

Hay que estar muy atentos, porque aunque no suele ser necesaria la atención profesional de un especialista, si se mantienen las sensaciones de apatía, decaimiento y hastío más de un mes o llegamos a sentir ansiedad, deberíamos empezar a valorar el buscar ayuda.

Prevenirlo es una cuestión de sentido común, como casi siempre, aunque me fastidie tanto repetir que es el menos común de los sentidos. Por ejemplo, ayuda no volver de golpe y reservar unos días de adaptación; no empezar por las obligaciones más tediosas o complicadas; ir recuperando las rutinas y horarios habituales poco a poco; y hacer algo de ejercicio, dormir adecuadamente y comer sano –que eso siempre viene bien-.

También ayuda, y mucho, ir viendo opciones y planificar la próxima escapada quizás en un puente no demasiado lejano, agendar encuentros con amigos o familiares que nos carguen las pilas, o apuntarnos a alguna actividad que nos guste y nos ofrezca una rutina nueva que nos motive,. Porque la motivación es extensiva y la sensación llegará incluso a las situaciones que no estaban generando las malas sensaciones. Pruebe.

Los pilotos de alerta

Todos nuestros pensamientos nos generan una sensación, física y emocional. Con esas sensaciones damos forma a nuestra actitud. Esa actitud tiñe las conductas que ponemos en marcha e influyen en los resultados que obtenemos, confirmando la mayoría de las veces el pensamiento con el que comenzó este proceso. Así que si el pensamiento no era constructivo, y nos generó una actitud negativa, estaremos confirmando algo que no nos viene bien. Pongamos un ejemplo.

Primer día de trabajo. Pensamiento: “seguro que me han dejado todas las tareas desagradables a mí”. Sensación: cabreo, pocas ganas de llegar a la oficina, mal humor con quien me encuentro. Actitud: defensiva y pesimista. Conducta: llegas a tu mesa y lo primero que buscas son las tareas desagradables pendientes. Resultado: negativo. Pensamiento confirmado: ¡siempre me dejan las tareas desagradables a mí!

Y noten que no hace falta que haya pocas o muchas tareas pendientes, ni siquiera las razones por las que están pendientes. El hecho es que yo ya había construido mi realidad. ¿Qué hubiera pasado si hubiera llegado con otro pensamiento?, ¿habría ido a buscar del tirón las tareas desagradables?

No podemos cambiar las cosas que nos pasan, pero sí que podemos decidir con qué actitud las afrontamos. Esto depende en gran medida de nuestros pensamientos y de nuestra forma de hablar. Y ahí, en lo que pensamos y lo que decimos, es donde vamos a vigilar las tres alertas de las que debemos estar muy pendientes para no convertirnos en personas con conductas tóxicas.

La primera es la que acabamos de describir. Estén muy atentos a sus primeros pensamientos del día. Si la mayoría son catastrofistas, si sienten comodidad en el rol de víctimas, mal vamos. Y no se trata de ir al pensamiento opuesto e ingenuo, al “ya verás qué buenos han sido mis compañeros que no me han dejado tareas desagradables”, porque de alguna forma eso nos lleva al mismo sitio: a buscarlas. Se trata de encontrar otros pensamientos positivos que no dependan de los demás. Por ejemplo: hoy haya lo que haya me lo voy a tomar con calma y me voy a planificar bien la semana.

La segunda alerta es la queja. Pongan mucha atención a sus quejas porque son verdaderos pilotos de aviso de que algo no va bien o está a punto de estallar. Para esto hay que aprender a escucharse, e identificar con honestidad todas las quejas que salen de mi boca y todas las que se quedan en pensamiento. Y si son muchas, tenga cuidado, busque qué está pasando.

Y la tercera alerta es la siempre complicada de pronunciar procrastinación, o lo que viene siendo de toda la vida posponer las cosas. Estén muy atentos a qué tareas u obligaciones posponen sistemáticamente y por qué. Quizás sólo con pararse a pensarlo encuentren algunas respuestas. ¡Feliz vuelta!

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