Respons(H)abilidades

Antes de certificar hay que creer en la RSC

  • Las pyme se acercan cada vez más a la Responsabilidad Social Corporativa y son las que más RSC hacen aunque las que menos la comunican y saben que no tiene por qué ser costosa

Antes de certificar hay que creer en la RSC Antes de certificar hay que creer en la RSC

Antes de certificar hay que creer en la RSC

T style="text-transform:uppercase">odo apunta a que la próxima certificación que las empresas buscarán o tendrán que lucir en sus papeles será la de Responsabilidad Social Corporativa. Primero fue la Calidad, después el Medio Ambiente, más tarde los Riesgos laborales… Ahora el mundo se centra en la ética empresarial, un camino sin retorno que vivió en nuestro país un paso de gigante el año pasado con la entrada en vigor de la Ley de Prevención del Delito y que tiene su máximo exponente en la RSC.

Y es que la RSC lo engloba todo: medio ambiente, política laboral, acción social… En ese tipo de certificaciones han ido por delante las grandes organizaciones. Ahora muchas de ellas, ya con sistemas de gestión implantados para la Calidad, el Medio Ambiente o la Prevención de riesgos entre otros, están esperando que sea certificable la Norma internacional ISO desarrollada para la Responsabilidad Social, la 26000. Es de hecho ya una clara referencia en Europa, en España y en muchas comunidades autónomas que empiezan a impulsar mecanismos de desarrollo de la RSC.

A medida que las instituciones públicas promueven políticas con sentido y los conceptos se aclaran, también se va diluyendo la tradicional brecha que existe entre las pyme y la Responsabilidad Social Corporativa.

Según recientes estudios publicados, las pequeñas y medianas empresas se empiezan a quitar los complejos y van apostando por esta potente herramienta de gestión que parecía exclusiva de las grandes organizaciones. De hecho, lo suelen tener más fácil y hacen más RSC, aunque lo comunican menos.

Las pyme se van convenciendo poco a poco de que la RSC no tiene por qué ser costosa o empantanar en papeles a la estructura. Y que tampoco hay que certificarla sí o sí. De hecho, en mi opinión certificar la RSC no funciona si antes no se cree en ella. No creer en la RSC se nota, y si se nota no funciona

Creer que algo nos hace mejores antes de certificar que lo tenemos debería ser una obligación, ya que no creer en aquello que decimos a todos los demás que tenemos es un sinsentido.

Este lío sintáctico viene a decir que para que una certificación le sirva de verdad a una empresa, el primer requisito es que crea en lo que certifica y lo integre en su gestión. Lo contrario duplica esfuerzos, multiplica papeles y tiempo, y le resta muchísima eficacia, poniendo en riesgo cada año el mantenimiento de la certificación que toque durante la indispensable auditoría externa. Pasa bastante con la Calidad o el Medio Ambiente. Los que lo viven lo saben. En Responsabilidad Social Corporativa se nota muchísimo más.

Por eso la RSC no es el destino, es el camino. La certificación o validación de la Responsabilidad Social Corporativa por cualquiera de los modelos que existen es una meta importante, pero no es lo que la hace efectiva.

Lo que hace que la RSC sea un arma estratégica para hacer rentables y resistentes los negocios es creer en ella y hacerla desde dentro, desde el primer ejecutivo de la empresa hasta el último becario que se incorpora. Así sí funciona como motor y garantía de sostenibilidad, para la propia empresa y para la sociedad en la que desarrolla sus negocios. Por eso nos incumbe a todos.

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