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Microactos, el valor de lo pequeño

  • Las convocatorias con partidos políticos que agrupan a un menor número de asistentes buscan brindar una experiencia única entre la persona votante y el líder en cuestión

Microactos, el valor de lo pequeño.

El grado de aceptación de un partido político se puede medir por la capacidad de convocatoria en grandes actos. En plazas de toros y polideportivos es donde muestran su músculo. Desde hace unos años, sin embargo, se está imponiendo un modelo de campaña electoral de mayor cercanía, con pequeños actos que convocan a penas a un puñado de personas a las que los candidatos, además de hablarles, las puede escuchar y tocar.

Cuando Podemos celebró en otoño de 2014 su asamblea fundacional reuniendo a 8.000 personas en el palacio de Vistalegre (Madrid) bajo el lema Sí se puede quiso escenificar el fin de bipartidismo y el nacimiento de una nueva etapa en el tablero político español.

Paradójicamente, ese gran acto fue también el principio de múltiples crisis y sangrías internas, pero, en ese momento, fue una gran puesta en escena y el punto de partida del documental Política, manual de instrucciones dirigido por Fernando León de Aranoa, en el que el cineasta narra cómo una formación nueva disputa el poder a los grandes partidos tradicionales sin haber conseguido aún presencia parlamentaria.

Tan sólo unos meses antes del famoso acto en la madrileña plaza de Vistalegre que lanza nacionalmente a Podemos, el PSOE quebraba su manera tradicional de hacer campaña electoral anunciando que afrontaría las elecciones europeas del 25 de mayo de ese año, 2014, con un reguero de microactos por todo el país. Y sin vallas electorales. Fueron concretamente, o al menos ése fue el anuncio, 1.400 microactos celebrados en la calle para convencer al electorado con las cien propuestas que contenía el programa de los socialistas bajo el lema Tú mueves Europa.

El gran objetivo de esa entonces novedosa campaña era buscar el voto útil de la izquierda. Y se iba a hacer convenciendo a la persona directamente, hablando con ella. ¿Cambio estratégico o austeridad económica por la crisis? Probablemente, ambas cosas.

Las plazas de toros concitaban grandes multitudes durante la II República. Acudían por afinidad política, pero también atraídos por la oratoria de líderes como Pablo Iglesias, Alejandro Lerroux o Manuel Azaña. Actualmente, sin embargo, llenar un recinto con militantes y simpatizantes en un gran acto político supone un esfuerzo ímprobo para los partidos. Resulta tan costoso como necesario, ya que un pinchazo puede asestar un golpe mortal a la campaña, especialmente en la moral del partido convocante.

El objetivo de un gran acto político no es captar nuevos adeptos a la causa. El grado de penetración que alcanza un acto público es muy escaso, y abarca casi en exclusiva a los electores que ya están convencidos. Se organizan para mostrar fuerza y para colocar el mensaje del día en los telediarios y en las redes sociales.

Imagen de 'Política, manual de instrucciones' de Fernando León de Aranoa. Imagen de 'Política, manual de instrucciones' de Fernando León de Aranoa.

Imagen de 'Política, manual de instrucciones' de Fernando León de Aranoa.

Sin embargo, el escaso interés del electorado por la asistencia a grandes mítines frente al enorme esfuerzo que supone organizarlos puede ser una de las razones que está llevando a los partidos a decantarse por la celebración de microactos. Contribuye también la tendencia actual en estrategia política que dicta cercanía, contacto y naturalidad por encima de otro tipo manifestaciones más exhibicionistas que, si bien muestran el poderío de la formación, supone un alejamiento del líder con sus electores.

En los pequeños actos se habla de tú a tú con el candidato y juegan a favor de su imagen y reputación. Son mucho más sencillos de organizar y, por tanto, tienen más posibilidad de éxito. Asimismo, son considerablemente más baratos y están al alcance de cualquier formación política.

Sin filtros

Los eventos micropolíticos buscan experiencias únicas entre el votante y el líder. Y, como contraprestación, el candidato recibe el feedback directo, sin filtros que edulcoren el sentimiento y la opinión de los electores.

La experta Diana Rubio defiende la celebración de microactos políticos como una herramienta de comunicación personal y única: “Poder debatir en primera persona con el político fuera del entorno habitual ayuda a acercar posiciones y genera valores como la confianza, la empatía, la reputación y la memorabilidad positiva. Esa experiencia puede hasta influir directamente en la determinación del voto”. En el ámbito local, este tipo de actos son muy apropiados ya que los candidatos en muchos casos necesitan distanciarse del mensaje nacional y desarrollar su propia campaña, más pegada al terreno y a las particularidades del territorio.

Los grandes actos públicos de los políticos han sido sustituidos por eventos menos concurridos. Los grandes actos públicos de los políticos han sido sustituidos por eventos menos concurridos.

Los grandes actos públicos de los políticos han sido sustituidos por eventos menos concurridos.

Otra de las ventajas es que este formato asegura una importante presencia en las calles en tiempos de campaña y supone un estímulo para la movilización de militantes y simpatizantes, cuyo trabajo es imprescindible en acciones como el canvassing o puerta a puerta. Paseos por zonas concurridas de la ciudad, desayunos o meriendas con diferentes grupos para dialogar e intercambiar opiniones o micromítines callejeros son los habituales en este tipo de microactos.

También las reuniones privadas en pequeños actos o tupperpolitics. Este procedimiento, según Manuel A. Alonso y Ángel Adell, consiste en invitar al candidato a dar una charla en casa de un miembro del partido o simpatizante ante un grupo de personas. Este formato ofrece interesantes posibilidades debido a que puede construirse una audiencia a medida y al fuerte grado de interactividad que se genera con el líder.

El tupperpolitics consigue potenciar al máximo la segmentación y la personalización, si bien ambos autores creen que hay que ser “cuidadosos” y evitar juntar a unos pocos simpatizantes ya convencidos “para contarse unos a otros como van a ganar las elecciones”. Para salvar ese error, el esquema ideal es que un 25% de la asistencia la conforme miembros del partido y el resto simpatizantes débiles o indecisos y, por lo tanto, votos que ganar. Puede tener un carácter sectorial o bien convocar a líderes de opinión y personas referentes en sus diferentes ámbitos.

El sentido de éste y de cualquier microacto electoral es ir sumando a apoyos mediante una experiencia única y directa con el candidato, algo imposible desde el tendido de una plaza de toros.

www.charotoscano.com

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