guardia civil

Treinta años con nombre de mujer

  • En 1988 se abrieron las puertas de la Benemérita para ellas

  • Tras tres decenios de presencia en el Cuerpo, siguen siendo minoría pero estiman que existe la "igualdad real" entre compañeros

La Guardia Civil nació como instituto armado en 1844 de la mano del duque de Ahumada. El Cuerpo estuvo a lo largo de 144 años conformado solo por hombres, hasta que el 1 de septiembre de 1988 se incorporaron a la Academia de Baeza (Jaén) las primeras 197 componentes femeninas de la Benemérita, quienes en junio de 1989, tras completar su formación, se integraron en ella.

El camino abierto por aquellas pioneras deja hoy, tres decenios después de aquel hito, más de 5.500 mujeres en la Guardia Civil, un cuerpo que cada vez demanda más mujeres en sus filas y que se esfuerza cada día por adaptarse a las necesidades de la ciudadanía. Con todo, siguen siendo minoría. En Huelva, por ejemplo, solo significan el 6,4% del plantel profesional: 81 mujeres frente a los 1.251 hombres. Pero esta circunstancia no merma un ápice su percepción de que están en igualdad de condiciones.

En Huelva trabaja una de las 197 componentes de la promoción femenina primigenia del 88. Es la agente María José Suárez, destacada en Intervención de Armas y Explosivos desde 1996. Su primera intención era ingresar en el Ejército, pero la convencieron para que entrara a formar parte en un cuerpo con "carácter militar". Fue una de las elegidas entre las más de 2.900 aspirantes que se presentaron a las oposiciones de hace treinta años.

Recuerda que los inicios no fueron fáciles porque "era un cuerpo de hombres y tanto la gente en la calle como los compañeros eran reticentes a nuestra incorporación; hemos roto muchas barreras y abierto camino, hoy ya no se ve raro que una mujer vista de verde o lleve un tricornio". A día de hoy "estamos completamente integradas en la Guardia Civil y podemos ascender y acceder a cualquier especialidad", señala a este diario.

Suárez ha conseguido hacer de su vocación una forma de vida. "Somos como una familia y es un trabajo precioso, pero también muy duro; esto o te gusta o no estás aquí".

Otro de esos rostros de mujer de la Benemérita en la provincia es el de Ana Aleu. Ella es, a sus 26 años, teniente de la Guardia Civil en Huelva. Granadina de nacimiento, trabaja en la compañía de Cortegana, su primer destino profesional desde que saliera de la Academia hace dos años. Tenía claro que no quería marcharse de Andalucía para "estar un poquito más cerca de mi familia". A ella también le atraía el Ejército. Tenía como referente a su padre, militar de Artillería, pero a la hora de opositar "me di cuenta de que la Guardia Civil era el cuerpo que más me gustaba, sobre todo por el tema de la investigación y porque tiene muchísimas ramas y muchísimos posibles destinos". Lo que más disfruta es "ayudar a las personas, verlas tan agradecidas con nuestro trabajo".

La teniente Aleu no ha percibido ningún atisbo de discriminación: "Es cierto que en un pasado sí que lo vivieron y sí que lo sentían, creo que esas mujeres nos lo han puesto bastante fácil a la que venimos después y cada vez se está implementando más lo que es la igualdad real". Se siente como pez en el agua en su trabajo y estima que "me exigen exactamente lo mismo que al resto de mis compañeros".

En el Servicio de Psicología de la Comandancia de Huelva ejerce la capitán Carmen de Asido Orellana. Cuenta que debe su segundo nombre a la pasión que su padre siente por la historia: "Asido era el nombre romano de Medina Sidonia (Cádiz), de donde soy".

Estudió Psicología en Granada y fue durante la carrera cuando descubrió que una de las salidas profesionales de la materia estaba en la Benemérita. Barajaba entrar en las Fuerzas Armadas, pero un compañero le propuso entrar en la Guardia Civil "y me faltó el tiempo para presentarme en la Comandancia de Granada" para obtener más información. Se preparó a fondo durante dos años y consiguió una de las tres únicas vacantes ofertadas para toda España. Empezó a ejercer en 2007 y trabaja en Huelva desde 2009.

Está encantada con su cometido. "Desgraciadamente solemos ver cosas muy feas y necesitamos ventilación emocional". Ayudar a sus compañeros a través de la psicología clínica, gestionar las bajas o prevenir conductas suicidas están entre sus competencias.

Está casada con el jefe del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de Huelva y tienen una niña de 17 meses. "Creo, sinceramente, que existe mucha igualdad hoy día en el Cuerpo; jamás me he sentido discriminada por ser mujer y ya la gente está muy acostumbrada a respetar el uniforme sin importar si es un hombre o una mujer quien está debajo de él".

La capitán Orellana rompe los estereotipos fotografiándose en plena lactancia de su bebé. Es más, tiene claro que "me pongo el uniforme con mucho orgullo para trabajar, pero para salir me pinto y me pongo tacones; ser guardia civil no está reñido con la feminidad".

La brigada Isabel Latorre comienza mañana una nueva etapa como jefa de la Sala de Coordinación del 062 en Huelva (COS). Durante sus más de 25 años de trayectoria en el Instituto Armado, ha trabajado en Madrid y en el País Vasco en asuntos de protección, seguridad y elaboración de datos.

Es "hija del Cuerpo, por lo que esta profesión para mí es vocacional; he vivido en cuarteles toda mi vida y me fascinaba el trasiego de guardias que había día, tarde y noche en los diferentes destinos de mi padre", confiesa.

En este cuarto de siglo de entrega a su tarea profesional, Latorre nunca se ha sentido "ni discriminada ni acosada ni tratada de diferente manera". En todo caso, dice, "la discriminación es positiva". Aunque carece de cargas familiares, entiende que "la Guardia Civil aporta muchas facilidades a la mujer para la conciliación".

La onubense Trini Rodríguez tiene 34 años y lleva doce en el Cuerpo. Está destinada en el Centro de Cooperación Policial y Aduanera (CCPA) Ayamonte-Castro Marim, aunque por "circunstancias de conciliación familiar" se encuentra actualmente en el puesto de Aljaraque. Luchadora incansable, su vocación le viene "de pequeña porque soy nieta, hija, hermana, prima... de guardias civiles, de los cuales me siento muy orgullosa". Recuerda con cariño cómo "cuando llegaba mi padre del servicio me ponía su camisa del uniforme y sus teresianas y para mí ser guardia civil era un sueño".

En estos 12 años lo que más "me ha reconfortado es ayudar al ciudadano, la satisfacción del deber cumplido". Las labores que realiza en el CCPA de intercambio de información le han permitido conocer de cerca cómo trabajan otros cuerpos policiales tanto españoles como extranjeros "y hay un gran compañerismo con todos ellos". Tiene como objetivo especializarse en labores de investigación para ejercer en la Policía Judicial.

La agente Rodríguez cree que siempre existe un poso de discriminación en la sociedad y que es una cuestión de "educación para erradicarla". Pero en el ejercicio de su profesión "tengo las mismas condiciones que cualquier compañero". Subraya que muchos de ellos prefieren hacer el servicio "con una mujer al ser más operativo a la hora de realizar puntos de verificación, controles móviles, etcétera; pero también he vivido alguna situación sin importancia ni gravedad" que ha conseguido encauzar de forma favorable. Pero estos son "los menos casos que hoy en día nos podemos encontrar y, al fin y al cabo, somos el reflejo de la sociedad en que vivimos".

Destinada en Huelva desde hace cuatro años, concretamente en Torre la Higuera (Matalascañas), está la leonesa Begoña Crespo, que eligió la provincia para estar más cerca de su pareja, que trabaja también como guardia en Sevilla. Lleva 13 años en la Benemérita y adora de su trabajo "ver la confianza que deposita la gente en nosotros para ayudarles con sus problemas". Es la primera en su familia en ser miembro del Cuerpo y "espero no ser la última". Desde niña el uniforme verde le "despertaba gran admiración y respeto".

Está convencida de que, a día de hoy, "la igualdad entre hombres y mujeres en la Guardia Civil es completa y, aunque es verdad que somos menos mujeres que hombres, año tras año el número de mujeres aumenta y eso va a seguir así hasta que seamos tantas como hombres, seguramente".

La sevillana María Moscoso tiene 25 años y está en prácticas desde junio en la Patrulla Fiscal de Punta Umbría, su primer destino y un lugar que ella adora porque siempre ha veraneado en la localidad onubense, "por lo que la siento como mi segunda casa". Quería vestir de verde como su padre, "mi gran ejemplo a seguir e imitar".

Cree que es "fácil ser mujer guardia civil, no obstante, eso no quita que la gente se siga sorprendiendo al ver a una mujer de uniforme y tan joven y que me pregunten por qué he querido ser guardia civil".

La agente cree que las pioneras de aquella promoción de 1988 "sí que fueron unas valientes a la hora de decidir ser beneméritas; como en cualquier profesión que tradicionalmente había sido de hombres, imagino que los inicios siempre son duros al ser un gran cambio; pero poco a poco y con esfuerzo, paciencia y tesón, hoy disfrutamos de una institución en la que no se hacen diferencias entre hombres y mujeres".

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