Crimen de Laura Luelmo Laura Luelmo sufrió más de 40 lesiones y una mortal producida con una piedra

  • Tenía una fractura de la base craneal que indica que fue "la última y desencadenante de la muerte"

  • El examen forense señala la existencia de "violencia de cariz sexual" en el cuerpo de la joven

A la izquierda, precintada y custodiada, la casa donde residía Laura; a la derecha, la de Bernardo Montoya, lugar del primer ataque. A la izquierda, precintada y custodiada, la casa donde residía Laura; a la derecha, la de Bernardo Montoya, lugar del primer ataque.

A la izquierda, precintada y custodiada, la casa donde residía Laura; a la derecha, la de Bernardo Montoya, lugar del primer ataque. / Alberto Domínguez (El Campillo)

La profesora zamorana Laura Luelmo padeció "más de cuarenta" lesiones de diferente naturaleza, la mayoría de ellas en la cabeza, que acabaron con su vida tras el ataque sufrido, presuntamente, a manos de Bernardo Montoya, único investigado por el momento por el asesinato de la joven.

Así consta en el anexo del informe preliminar de la autopsia, dirigida por la jefa del Servicio de Patología del Instituto de Medicina Legal (IML) de Huelva tras el hallazgo del cuerpo (el 17 de diciembre pasado), un documento al que ha accedido en exclusiva Huelva Información y que fue remitido a la titular del Juzgado de Instrucción 1 de Valverde del Camino el 21 de diciembre, jornada en la que Montoya pasó a disposición judicial.

En este anticipo de los datos más relevantes del examen forense y a falta de conocer las pruebas complementarias solicitadas y la autopsia definitiva, los médicos que analizaron el cuerpo sin vida de Laura determinan que "coexisten lesiones en mandíbula, región frontal y región temporal". La mayor parte de los golpes se concentra en la cabeza.

Sin embargo, los facultativos precisan que las heridas que sufrió la joven de 26 años "son compatibles en su producción con haber sido golpeada con un objeto de caracteres inciso-contusos, con transmisión de suficiente fuerza viva como para producir el hundimiento craneal".

La profesora presentaba otra herida en la mandíbula por un golpe con un palo o barra metálica

El objeto que acabó con la vida de Laura de un golpe "ha de ir provisto de aristas para producir la patología lesiva encontrada", por lo que los forenses concluyen que esta lesiones serían "compatibles en su génesis con haber sido golpeada con una piedra".

Hay que recordar en este punto que el propio Bernardo Montoya, en su declaración judicial adelantada ayer por este diario, manifestó que una vez que dejó a la víctima malherida en el paraje de La Mimbrera de El Campillo recordó que había olvidado una manta de su propiedad junto a ella, por lo que decidió regresar a la zona entre "las 3:00 o las 4:00" del día 13. Estaba lloviendo y, viendo que "estaba aún viva", se dio "cuenta de que estaba sufriendo y cogí una piedra y se la tiré a la cabeza".

Este golpe tremendo causó a Laura Luelmo un traumatismo craneoencefálico con hundimiento del hueso temporal izquierdo que conllevó una fractura de la base craneal, lesión "de las denominadas mortales de necesidad" que, además, hace pensar a los médicos que esta "es la última que se produjo y fue la desencadenante de la muerte".

Otra de las heridas más llamativas es la fractura de la mandíbula. A juicio de los expertos del IML esta lesión, de superficie "más lisa" que la mortal y con mayor longitud, pudo habérsele ejecutado al asestar un golpe "con un palo y/o una barra metálica".

La Policía Nacional custodiando el tanatorio Atlántico cuando se encontraba allí Laura. La Policía Nacional custodiando el tanatorio Atlántico cuando se encontraba allí Laura.

La Policía Nacional custodiando el tanatorio Atlántico cuando se encontraba allí Laura. / Alberto Domínguez (Huelva)

En este sentido, Montoya hace alusión a este ataque solo en la última de sus versiones, la que defiende en la actualidad y en la que inculpa a su expareja sentimental, Josefa Carmina G.C. Como avanzó este rotativo ayer, el convicto aseguró a los funcionarios de Sevilla II que encontró a las dos mujeres en el salón de su casa, en el número 1 de la calle Córdoba de El Campillo, "discutiendo acaloradamente", momento en el que presuntamente Josefa "le propina un golpe en la cara con un palo de escoba, provocando la caída de Laura al suelo y un abundante sangrado en su cara". En ninguna de las dos versiones precedentes hace alusión a la agresión con el palo.

Los forenses también aluden a la existencia "de violencia de cariz sexual" en la víctima, cuyo cuerpo apareció desnudo de cintura para abajo y "con manipulaciones tanto en genitales externos como internos". Sufría heridas en el tercio superior del muslo, en la vulva y en la pared vaginal.

El cuerpo sin vida de Laura Luelmo presentaba otras lesiones de menor entidad, diseminadas por el resto de la superficie corporal, con "caracteres de vitalidad" y que no son en sí mismas "incompatibles con la vida". Tenía hematomas en las muñecas, puesto que fue encontrado en La Mimbrera con las manos atadas a la espalda "por un cordón de zapatilla y/o bota", según se puede leer en el acta del levantamiento de cadáver, a la que también ha tenido acceso este periódico.

Observaron que no había signos de defensa en las uñas de Laura y que sí padecía hematomas en los tobillos que les llevaban a pensar "que haya podido producirse al ser asida por los pies y ulteriormente arrastrada".

Aquel 17 de febrero –en torno a las 17:00– el cuerpo se encontraba en un "terreno escarpado, con desnivel y numerosa vegetación, en las cercanías de un árbol, en una pequeña oquedad y oculto parcialmente por elementos vegetales; desde el lateral del camino es imperceptible, debiendo descender por parte de la ladera para poder avistarlo". Estimaron los médicos legales "de manera intuitiva" en el acta que la muerte se podía haber producido "entre 48 y 72 horas previas al levantamiento", es decir, entre el viernes 14 y el sábado 15 de diciembre.

En la autopsia preliminar se señala que la cronología evolutiva de los fenómenos cadavéricos y el estado de conservación de los órganos internos indican "que el fallecimiento no se produjo el mismo día de la desaparición de la víctima, el martes 11 de diciembre, sugiriendo un periodo de supervivencia de dos o tres días tras el mismo". Esta equivocación en la fecha del secuestro de la profesora zamorana, a la que se le perdió la pista el 12 de diciembre, pudo haber llevado a error al determinar que falleció dos o tres días después, en lugar de uno o dos días después desde la fecha correcta: o el jueves 13 o el viernes 14. La circunstancia propició el enfrentamiento público entre la Guardia Civil y los forenses.

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