pedro díaz torrejón. fiscal delegado de menores

"La Justicia debe entenderse porque si no, probablemente no sea Justicia"

  • En los últimos seis años ha llevado las riendas del Ministerio Público en la jurisdicción de Menores

  • El mes que viene deja Huelva y se instalará en la Fiscalía madrileña de Getafe

Es cercano, educado, amable y sensato. En Huelva ha crecido como fiscal (adora la jurisdicción penal) y domina el territorio de Menores como la palma de su mano. De esta ciudad echará de menos demasiadas cosas, por lo que no descarta regresar en los últimos años de su carrera profesional. La cuenta atrás para su marcha a Getafe ha comenzado.

-¿Qué ha significado Huelva para usted?

-No sé si uno, como dicen, viene a Huelva llorando y se va llorando. Yo no vine llorando porque vine cargado de ilusiones, pero sí me voy a ir llorando.

-¿Por qué?

-Por su luz, por la gente, y por todo lo que aquí me han dado. A nivel laboral me han permitido ser el profesional que soy hoy, con mis virtudes y mis defectos. La formación que hoy tengo se la debo a Alfredo Flores, Jesús Jiménez, Isidora Solís, Justo Gallardo... En definitiva, a los compañeros de la Fiscalía Provincial de Huelva, que son los que me han enseñado a ser fiscal. Desde el punto de vista personal, aquí han nacido mis hijos, que son choqueros. El de cuatro años dice que no quiere ir a un colegio de Madrid, que lo tengo que llevar a su colegio, Las Agustinas, que es mágico. Aquí he sido muy feliz. He tenido mis ratos de ocio con mi peña del Atlético de Madrid, que yo creé, y me he desarrollado también como persona.

-El vínculo es potente.

-Creo que será ya eterno hasta que dios se acuerde de mí. Bajaré cada vez que pueda a esta tierra a la que tanto debo. Esta ciudad y esta provincia son una de las joyas que tenemos en este país y, sin embargo, no tienen la fama que merecen. Es verdad que Huelva tiene cosas mejorables. Siempre me he quejado de las infraestructuras: la conexión con Madrid es deficiente, francamente mejorable. Lo critico y emplazo a los políticos, aquellos que pueden tomar decisiones, porque Huelva lo merece.

-¿Por qué se va entonces?

-Principalmente, por tema familiar. Me vine hace 11 años, mis padres eran jóvenes; hoy también lo son, pero menos. Estar a más de 600 kilómetros de casa cuando ellos sean mayores creo que va a ser un problema. Y por el sentido de la responsabilidad pienso que debo estar cerca de ellos. Tengo dos sobrinos, además, a los que apenas conozco porque los he visto muy poco, y es el elemento familiar lo único que echo en falta, el que me hace volver. Pero no descarto para nada regresar algún día a Huelva.

-Se va con los deberes hechos.

-Estoy cerrando cosas, intentando dejar la jurisdicción de menores, la Fiscalía, en las mejores manos. Sé que va a ser así, porque una suerte que tiene Huelva, que en eso creo que sí hemos puesto nuestro granito de arena tanto Justo Gallardo como yo, es en dejar escuela. Aquí en la Fiscalía de Menores cuento con tres fiscales maravillosos: Macarena Garrido, que es de Sevilla y aporta un elemento fundamental que es el femenino, que es el de futuro; y luego tenemos el elemento local, constituido por Alberto Campomanes, mi amigo y admirado compañero, y por Pablo Belda, ambos alumnos en su día míos que me hacen irme tranquilo, en paz. Dejo la Fiscalía de Menores en las mejores manos y esto va a seguir funcionando igual de bien.

-¿Alguno será su sucesor?

-Es una pregunta que no puedo responder porque no tengo capacidad para ello. El fiscal jefe, Luis Fernández Arévalo, tendrá que tomar decisiones. A buen seguro que lo hará. Sean ellos o no lo que sí es claro, o eso espero, es que ellos sigan trabajando aquí.

-¿Ya hay fecha para su marcha?

-Estoy hablando con Madrid para concretar la fecha. La intención que tengo es la de cesar el 6 de julio.

-¿Y cuándo se incorporaría a la Fiscalía de Getafe?

-Veinte días después, a finales de julio. En agosto estaré ya trabajando allí. He pedido vacaciones en septiembre y, a buen seguro, me dejaré caer por Huelva.

-Le invito a hacer balance.

-Profesionalmente creo que hemos mejorado. No porque lo diga yo, sino porque vino la Inspección Fiscal y calificó de extraordinaria la situación de la Fiscalía de Menores. Tenía varios retos a mi llegada y creo que los he conseguido.

-¿Cuáles eran?

-En primer lugar dar estabilidad a los fiscales, es decir, que no quieran salir de Menores para mayores como si esto fuera algo negativo, porque no lo es. Había mucha inestabilidad porque se marchaban y ahora no es así. En segundo lugar, hemos logrado que en Menores se despachen por los fiscales tanto los asuntos de reforma como los de protección. Además, ahora hemos conseguido también, tras las obras pertinentes, que los fiscales cuenten con despachos individuales. Que es importante no para los fiscales, sino porque en la toma de declaración a la víctima esta merece ser escuchada solo por una persona y no por alguien extraño que está trabajando en la mesa de al lado.

-¿Qué queda por mejorar?

-Por ejemplo, hemos mejorado las instalaciones pero no podemos negar que tenemos que aspirar a más, que las infraestructuras de la calle Echegaray son las que son, hay poco espacio.

-Por sus manos ha pasado una media de 300 expedientes anuales. ¿Qué casos le han marcado más?

-Por un lado, los homicidios, que hemos tenido una media de uno o dos al año. Pero destacaría la instrucción tan rápida que se ha llevado a cabo por los fiscales. En este caso quiero citar expresamente a Laura Huete y a Macarena Garrido, que han llevado los dos últimos, el de El Campillo y el de Gonzalo de Berceo, con un éxito impresionante. En el del El Campillo ya tenemos sentencia y el menor ha sido condenado, mientras que en la jurisdicción de adultos está todavía el juicio por celebrarse. También te marcan los delitos contra la libertad sexual y varios que se dan mucho en Menores: la violencia ascendente, el maltrato doméstico, y el acoso escolar.

-¿Qué delitos son los más comunes en su Fiscalía?

-La violencia doméstica, de hijos a padres. Es algo que me preocupa mucho, que se da cada vez más. Nos está funcionando muy bien una medida, la convivencia en grupo educativo, porque otorga a los menores las reglas o pautas de conducta necesarias para vivir en una familia normalizada, en un hogar.

-¿En qué está fallando esta sociedad para que los niños se atrevan a maltratar a sus padres?

-Es posible que el principio de autoridad se esté echando a perder y que, quizá, los menores cada vez antes manifiesten conductas disruptivas para con sus padres. Quizá debamos insistir más como sociedad en el principio de autoridad, con el respeto a los profesores, a a figura del pater familias. Pero no soy yo quien para dar consejos, porque ahora que soy padre veo la dificultad de educar. No es nada fácil.

-Dice que la violencia de padres a hijos va en aumento. ¿En qué medida?

-No manejo esa estadística, pero sí tengo la sensación de que es un delito que va a más. Lo cual nos tiene que preocupar. Es raro la semana que en la guardia por aquí no pasan varias familias en esa situación de absoluta desesperación.

-La Ley del Menor siempre está en el ojo del huracán. ¿Es partidario de su reforma?

-Creo que es una ley que funciona y que atribuye la instrucción al fiscal. En relación a si es blanda o dura, es una ley inteligente en el sentido de que nos permite adaptarnos a las circunstancias del menor. Porque unos necesitan una medida mayor y otros no. Distinto es el debate de si la edad penal debe ser la de 14 años o no.

-¿Y usted qué opina?

-Cuando informo al justiciable, no entiende porqué si un menor de 13 años viola a una chica o la mata, se archiva ese asunto. Quizá esa situación sí se la trasladaría al legislador. Percibo que el ciudadano de a pie no lo entiende. Y la Justicia debe entenderse porque si no, probablemente no sea Justicia.

-¿Cuál sería la edad penal mínima a su juicio?

-La frontera de los 14 años puede ser una buena frontera. A lo sumo nos podíamos plantear bajarla a los 13. No nos encontramos hechos graves más allá de esa edad. Como mucho abriría el debate de los 13 años. Pero no considero que la actual frontera sea ilógica.

-Con las medidas correctoras de hoy, ¿se consigue la reinserción social de los chicos?

-Sí. tenemos bastantes experiencias positivas. El hecho de que la instrucción la haga el fiscal nos hace llegar pronto al menor y las medidas, en muchas ocasiones, dan resultado. Destacamos la situación del menor cuando se adopta la medida cautelar y la situación cuando vamos en visita de inspección tiempo después: se nota que ese menor ha mejorado ya desde el aspecto físico y la higiene, tanto que a veces ni lo reconoces. Que es lo más reconfortante de nuestro trabajo, una de las labores más bonitas de esta jurisdicción.

-En 2016 abrió sus puertas el centro de menores infractores Odiel. ¿En qué ha cambiado todo con su puesta en marcha?

-Ha sido algo muy positivo. Antes tenías que mandar a un menor a Córdoba o a Almería y eso dificultaba mucho trabajar con la familia, que es clave. Ahora el trato es más cercano, mejor para el menor.

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