Huelva

Huelva se desborda de devoción rociera

  • Al Simpecado de Almonte lo reciben por las calles con vivas y aplausos

  • El obispo califica la de ayer como "una jornada de sonrisas, suspiros y oraciones"

El Simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte entra en la parroquia de la Purísima Concepción, presidida en el altar por una réplica de la Virgen del Rocío. El Simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte entra en la parroquia de la Purísima Concepción, presidida en el altar por una réplica de la Virgen del Rocío.

El Simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte entra en la parroquia de la Purísima Concepción, presidida en el altar por una réplica de la Virgen del Rocío. / josué correa

El rosario glorioso del Encuentro de Hermandades Rocieras hizo de las calles de Huelva un templo abierto a la devoción a Nuestra Señora de Rocío, como lo es la aldea almonteña cuando se desgranan los misterios en la romería.

Huelva vivió una jornada histórica acogiendo a la devoción rociera de toda la provincia, "haciendo una corona hermosa de sonrisas, suspiros, oraciones, hermandad, paz y alegría, una corona que alegra a la Reina del Rocío". Así resumió lo vivido ayer el obispo de Huelva, José Vilaplana Blasco, que presidió el rosario junto al presidente de la Hermandad Matriz, Juan Ignacio Reales, y los de Huelva y Emigrantes, Antonio Sánchez de Piña y Fernando Ramírez, respectivamente, con el alcalde de Huelva, Gabriel Cruz. La salida del rosario desde la parroquia de la Purísima Concepción fue tan especial que desbordó los sentimientos rocieros, como a la llegada de cada uno de los simpecados. A la salida, en el dintel de la parroquia, eran vivas y salves a la Virgen. Una eclosión de fervor con la aparición del Simpecado de Nuestra Señora del Rocío de Almonte, como lo fue durante todo el recorrido. Por cada esquina que aparecía eran aplausos y alegría de cercanía a la Virgen del Rocío.

Los pueblos de la provincia participan de forma muy numerosa en el encuentro

El rosario por las calles del centro de la ciudad se volvió de forma íntima, a pesar de la marea humana que iba arrastrando. Un rosario de luz y color que ponían en la noche de Huelva los artísticos simpecados de las hermandades. Un camino de fe que se fue serpenteando por las calles que siguieron en todo momento los rezos, que acaban siempre con los vivas a la Virgen del Rocío.

Las sevillanas hermosas de Juan Muñoz y Pavón fueron cantadas para gozo de quienes vivían este momento de encuentro rociero por las calles onubenses. Resultó verdaderamente bello el discurrir por los diferentes altares instalados para el rezo del rosario. En la calle Palacio fue colocado por la Hermandad de la Victoria, con una pintura de la coronación de la Virgen; en la calle Rábida, el Calvario ofreció otro bello montaje con una pintura de la Asunción; en la calle La Paz lo presidió el Simpecado de la Hermandad de la Oración, y en el de la Esperanza también con el suyo. En la iglesia de las Hermanas de la Cruz fue la Hermandad de la Patrona de Huelva la que mostró el Simpecado de la Virgen de la Cinta, arropado por la comunidad religiosa, que vivió momentos muy emotivos. El primero de ellos cuando se acercó el Simpecado de Huelva, que fue llevado hasta las hermanas para que lo besaran. Especial también fue la llegada del Simpecado de Almonte, que fue igualmente ofrecido a las hijas de Santa Ángela de la Cruz, entrando hasta el mismo dintel de la iglesia.

Emociones que se fueron regando por donde pasaban, todo se desbordaba y se lanzaban vivas. Una estampas de devoción y color con las bengalas que alumbraban el Simpecado del Rocío, levantado al cielo de Huelva por los cientos de almonteños que se habían sumado a este acto y que se sentían lo mismo que celosos por su Simpecado, generosos ofreciéndolo a Huelva. Agradecidos a esta devoción arraigada en esta ciudad y en toda su provincia como se puso ayer de manifiesto, en una Huelva que es rociera y que vive intensamente esta devoción marismeña.

Quedaba al rosario un punto muy especial con el rezo de las letanías, como fue la llegada al El Punto donde se alza el Monumento a la Virgen del Rocío. Allí se situaron en semicírculo todos los simpecados participantes, esperando la llegada del de la Matriz de Almonte.

Cuando se produjo ese momento, todo fueron aplausos por las miles de personas que se dieron cita, como en ninguna otra ocasión. Al acercarse el Simpecado de la Matriz hasta el monumento trasladaba a todos a ese momento de cercanía y espera impaciente de su procesionar por la aldea. Así, la Virgen del Rocío del monumento, al menos ayer y en el pensamiento de los rocieros de Huelva, movió sus corazones como en una procesión de Lunes de Pentecostés.

Tomó una vida especial en un instante que nadie se quiso perder. Un monumento de Huelva que es el mejor regalo de la devoción rociera de esta ciudad.

Se volvían a escuchar las sevillanas de la Coronación, siempre hermosas e íntimas en los rosarios rocieros: "La Virgen del Rocío no es obra humana, que bajo de los cielos una mañana. Esto sería para ser Reina y Madre de Andalucía".

Tras el rezo de las letanías, el obispo de Huelva tuvo unas palabras finales en las que destacó la entrega de la Virgen al mensaje de Jesús; recordó que "estamos aquí dichosos por que Tú has creído". José Vilaplana dijo que "la Virgen del Rocío nos ayuda a avanzar en la fe, la esperanza y en el amor para hacer un mundo mejor". De esta forma, "vamos hacia Jesús y le pedimos crecer en el amor y la caridad". El obispo lanzó al final, como un devoto rociero más, los vivas tradicionales: "¡Viva la Virgen del Rocío, Viva esa Blanca Paloma, Viva el Pastorcito Divino, Que viva la Madre de Dios!". Alabanzas que fueron seguidas por aplausos emocionados y la Salve. Luego se escuchó la Salve del Olé Olé de los tamborileros.

Aquí finalizaba el rosario, con los simpecados de Almonte y los de Huelva y Emigrantes junto al monumento. Comenzó a partir de ese momento un recorrido en traslado popular hacia la casa de la Hermandad de Huelva, donde se recogieron todos los simpecados para la misa de hoy. Ahora desbordado de festividad y alegría, con sevillanas que se le iban cantando a los simpecados. La comitiva siguió por la Gran Vía para llegar a Tres de Agosto, especialmente adornada, como lo estaban las calles de La Fuente y la de Jesús de la Pasión. La jornada rociera continuó en la Plaza Paco Toronjo con una velada benéfica.

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