Huelva

Fuentepiña, 'okupada' de nuevo y sumida en la desidia institucional

  • El estado de degradación de la finca del Nobel es ya alarmante La negociación entre la propietaria y el Ayuntamiento para abordar la cesión o el alquiler del espacio, en vía muerta

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Allí escribió Juan Ramón Jiménez buena parte de su obra Platero y yo o parte de Idilios, el libro escrito en 1912 dedicado a Zenobia Camprubí que acaba de ver la luz y que incluye 98 poemas, de los cuales 38 son totalmente inéditos. Tan importante era para él la finca de Fuentepiña que el Nobel quiso incluir, y así ocurrirá, varias fotografías de esta casa de verano en su libro Vida, la gran autobiografía inédita que ha dado ya tanto que hablar y cuyo primer volumen llegará este mismo mes a las librerías de la mano de Pre-Textos. Incluso Zenobia llegó a pedir un plano y las medidas de la finca para, según ella, darle una sorpresa a su marido.

Pero la belleza e importancia que esta finca tuvo en la época, así como el papel que jugó en la vida y obra del Nobel -es el ámbito campestre que mejor define sus coordenadas líricas- constituyen hoy un espejismo. Relegada al abandono y la desidia desde hace más de una década -cuando los okupas comenzaron a usarla como espacio para pernoctar-, la degradación de la finca de descanso del poeta, situada a dos kilómetros de Moguer y con la que el escritor tuvo una fuerte vinculación hasta que viajó a Madrid, es mayor cada día que pasa.

Tal y como pudo comprobar este periódico el pasado viernes, Santa Cruz de Vista Alegre (nombre real de la casa) está okupada en estos momentos por un grupo de inmigrantes que arribaron a la casa el pasado febrero. Uno de ellos explicó que ya vivió en la casa del guarda, ubicada en uno de los extremos de la casa, con anterioridad a esa fecha.

Las duras condiciones en las que estos ciudadanos marroquíes malviven no pasan desapercibidas en el entorno, donde comentan que sus vecinos son gente amable, tranquila y educada. Pero la casa es hoy un foco insalubre en el que se agolpan cuatro colchones, zapatos, ropa y suciedad. Paredes pintadas, un fuego en la chimenea y una cazuela en la que calentar agua para el aseo personal dan buena cuenta de la dureza del día a día de estas cuatro personas.

Fuera de la casa, la amplia y bella galería con arcadas que precede a su fachada encalada es hoy el sucio, triste y amenazado recuerdo de un tiempo en el que este espacio, cuna de la poesía universal, quedó atrapado. En el porche, las pilastras que quedan en pie lucen una aspecto ruinoso, mientras un gran arbusto descansa y sirve de vertedero ante una de las ventanas, cubierta con una plancha metálica. Corroída, la estructura parece contemplar absorta el mítico árbol de 20 metros bajo el que descansan los restos de Platero, donde en estos momentos hay un coche que busca cobijo.

Este espacio incluido en los Lugares Colombinos, un conjunto histórico-artístico declarado por el Ministerio de Educación y Ciencia hace 44 años, es propiedad de Elisa Hernández-Pinzón Pérez-Ventana, hija de un primo hermano del padre de Carmen Hernández- Pinzón, sobrina nieta y legataria de Juan Ramón. Ante el estado de la finca, que en verano de 2011 ya presentaba un abandono alarmante -así lo denunció este periódico el 17 de julio de ese año-, el Consistorio de Moguer anunció el inicio de unas negociaciones con la propietaria para abordar la cesión o el alquiler del espacio.

La intención del Consistorio era mantener la finca, ya fuera de forma pública o privada, disponiendo del bien para aprovechar la casa como centro de interpretación juanrramoniano, como centro de interés turístico, punto de encuentro poético o bien como residencia de estudiantes en torno al doctorado o cátedra que habrá en el futuro sobre la figura del Nobel.

Sin embargo, el regidor moguereño, Gustavo Cuéllar, concretó el viernes que las reticencias de la propietaria, debidas al litigio mantenido con la Junta de Andalucía por la declaración y catalogación en 2004 del inmueble y su entorno como BIC, han imposibilitado que la intención del Consistorio fructifique. La declaración como BIC en la categoría de Sitio Histórico fue acordada por el Consejo de Gobierno de la Junta el 2 de noviembre de 2004 y amparaba a la casa natal del poeta, el inmueble de la calle de la Aceña, el paraje de Fuentepiña y su casa, el cementerio parroquial y la Casa Museo de Zenobia y Juan Ramón, así como los bienes muebles y documentales que se conservan en ella.

La Junta inició la tramitación un año antes de su declaración y los propietarios se opusieron al tener constancia de la misma. Por eso recurrieron en 2004 ante la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) la protección de los Lugares Juanramonianos al entender que la Administración autonómica no les notificó en tiempo y forma esta declaración a ellos como propietarios de la vivienda.

Además, la "indefinición de las fincas propiedad de la recurrente a las que afectaba la declaración" fue otros de los motivos por los que los propietarios se opusieron a la declaración BIC, debido a "la discordancia de superficie afectada" según la descripción catastral de la parcela y la superficie de la finca inscrita en el Registro de la Propiedad. La sentencia del alto tribunal andaluz, que dejaba claro que el entorno delimitado correspondiente al Paraje de Fuentepiña no estaba delimitado, dio la razón a los dueños, pero poco después la Junta recurrió ante Tribunal Supremo (TS). La Administración autonómica consideró que no habría que notificar la declaración, sino que bastaría con publicarla en el BOE pero a finales de 2010 los jugados volvieron a dar la razón a los propietarios.

En cualquier caso, Fuentepiña está incluida en los Lugares Colombinos, un conjunto histórico-artístico declarado por el Ministerio de Educación y Ciencia hace 44 años, en base al Decreto 553/1967, de 2 de marzo, firmado por Francisco Franco, que declaraba conjunto histórico-artístico a los sectores de Palos de la Frontera y Moguer.

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