Huelva

El genio de Figueras

  • ‘El sueño de Dalí’ (2018), de Carlos Hernández, es un cómic en cuyas páginas el artista hace un repaso, ya en su lecho de muerte, acerca de los sucesos que marcaron su vida

Salvador Dali con su musa, Gala. Salvador Dali con su musa, Gala.

Salvador Dali con su musa, Gala. / C.H. (Huelva)

El pintor gerundense Salvador Dalí es de los artistas más destacados de la historia española reciente. Su implicación en el movimiento surrealista, del que terminó convirtiéndose en máximo representante, estuvo a la altura de sus excentricidades como figura pública.

El historietista Carlos Hernández Sánchez (Granada, 1972) nos presenta a Salvador Dalí a punto de morir, recordando en una especie de alucinación su deseo de inmortalidad, la concepción del surrealismo, el interés por la ciencia, las contradicciones personales....

El genio de Figueras se encuentra en su lecho de muerte, viviendo en un estado en que el presente y el recuerdo se entremezclan entre sí, fundiéndose en un sueño intenso que rememora los acontecimientos que marcaron profundamente la vida del figuerense: el día que le presentan a Paul Éluard y a Gala en Cadaqués, su viaje a la ciudad de Nueva York en 1975, la rivalidad con su padre, la fama mundial, su encuentro con Federico García Lorca y Luis Buñuel y la expulsión del grupo surrealista de André Breton. Carlos Hernández nos ofrece en las páginas de El sueño de Dalí un acertado retrato del reconocido pintor surrealista.

El mismísimo Salvador Dalí es quien actúa en el papel de narrador de este cómic, y, para lograrlo con credibilidad, el historietista Carlos Hernández se apoya en paisajes, en pinturas y en experiencias del propio pintor, para acompañarlo y tratar así de conocer su psique. Así, el pintor desgrana su vida, dando rienda suelta a su megalomanía al tiempo que se pone en evidencia como un ser vulnerable.

Carlos Hernández condensa todas las facetas del artista plasmando un personaje a caballo entre la realidad y la imagen pública que Salvador Dalí cultivó, mostrando su personalidad a través de una narración no lineal, llena de flashbacks y elipsis, que muy bien podría haber sido la propia autobiografía en cómic de Salvador Dalí.

Hernández muestra la mente de Salvador Dalí, con una narración no muy rigurosa, porque en realidad el pintor gerundense no lo necesita. Pero esto no significa que se limite a inventar para que el mundo de Dalí sea más importante que el propio Dalí y su vida.

Destaca la composición de las páginas sin ningún tipo de encorsetamiento: encontramos páginas llenas de viñetas, pero también splash pages. Pero es en los diálogos donde Carlos Hernández se acerca al Salvador Dalí más humano, en el curso de las conversaciones con los personajes que marcaron la vida del pintor: Gala, Luis Buñuel, Federico García Lorca...

Contrasta el realismo fotográfico que aparenta la cubierta con la forma en la que Carlos Hernández retrata a Salvador Dalí en las páginas interiores, pero, más allá de ese detalle, el trabajo del autor es sobresaliente. El sueño de Dalí es una atractiva muestra dentro del cajón de sastre que incorpora todas estas obras que tratan de acercarnos a artistas universales.

Carlos Hernández comenzó a hacer sus primeros pinitos en el cómic colaborando con fanzines de su Granada natal. En el año 1994, Carlos convence a los editores del periódico Ideal para que le publiquen la tira Chucky. Protagonizada por un joven que solamente piensa en divertirse, fue publicada durante tres años, y recogidas en recopilatorios en los años 1996, 1998 y 2001.

En el año 1997, el diario Ideal sustituye Chucky por una nueva tira de prensa, Orceman, el Hombre de Orce. Protagonizada por un hombre primitivo, sus peripecias le sirven a Carlos Hernández para hacer una inteligente sátira de la sociedad actual. Y sigue publicándose hoy en día.

En los siguientes años, Carlos ha continuado colaborando con revistas como la cabecera satírica de Motril El Batracio Amarillo, y participando en la exposición El Mediterráneo en el siglo XIV, auge y declive de los imperios, en los cómics Tranvías en la ciudad, y El reino de la caña, haciendo portadas como la de la revista científica norteamericana Proceedings of the National Academy of Sciences, y colaborando con historietas en libros como Lagartija Nick. Eternamente en vuelo.

Su despegue profesional se produce en el año 2010, cuando se traslada a Sevilla para trabajar en su primera monografía como autor completo, que sería publicada por Norma Editorial en 2011: La huella de Lorca.

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