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‘WAR ROOM’

Discursos presidenciales para una crisis

  • La primera comparecencia del presidente del Gobierno para anunciar el estado de alarma concitó más audiencia televisiva que las mejores finales de un mundial de fútbol

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Discursos presidenciales para una crisis

Por el momento ninguno de las intervenciones que Pedro Sánchez ha dirigido a la opinión pública desde que eclosionara la crisis del coronavirus va a formar parte la selecta lista de los mejores discursos de la historia. En unos ha intentado emular a Churchill y en otros nos ha hablado del queroseno y de la fibra óptica. No muestra la autenticidad de Justin Trudau ni es un irresponsable patológico como Boris Johnson, pero si algo ha hecho bien ha sido anticiparnos las malas noticias: “Lo peor está por llegar; quedan días muy duros”.

El fútbol interesa más que la política. Pocas dudas hay sobre esto. Sin embargo, la primera comparecencia del presidente del Gobierno para anunciar el estado de alarma concitó más audiencia televisiva que las mejores finales de un mundial. Dieciocho millones de personas estaban pendientes de lo que anunciara Pedro Sánchez. Gestionar las emociones de un país en unas circunstancias críticas no es tarea fácil, pero es la obligación de un líder político, y es a través de su comunicación como se transmite solvencia o, por el contrario, muestra sus debilidades.

Es inevitable recordar en estos momentos a líderes como Winston Churchill, máxime si en sus propias intervenciones nuestros políticos hacen referencia al mejor orador de la historia, según el consultor Luis Arroyo. El primer ministro británico fue el padre de memorables discursos que pronunciaba en cualquier parte, desde la cámara de los comunes hasta la radio, para conservar la esperanza en la victoria. Fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1953.

Quizás en un intento de revestir de retórica esta lucha incierta contra el virus, Pedro Sánchez y Pablo Casado han coincidido en emplear en sus discursos referencias a las arengas más populares con las que el primer ministro británico sostuvo la moral de la población y de las tropas durante la II Guerra Mundial cuando todo parecía perdido.

En su comparecencia para explicar las razones del estado de alarma el pasado 17 de marzo, Pedro Sánchez dijo: “Aunque nos abrumen las cifras de contagio, resistiremos. Aunque nos preocupe el impacto económico, que nos preocupa y ocupa, resistiremos. Aunque nos cueste mantener la moral en pie. Unidos resistiremos los golpes de la pandemia. Jamás nos rendiremos y venceremos”.

Ochenta años antes, Winston Churchill pronunció tres discursos públicos durante el periodo de la Batalla de Francia que tuvieron con un gran impacto sobre la opinión pública británica, y que tenían como misión prepararla para una guerra dura y prolongada.

Uno de ellos fue el 4 de junio de 1940 ante la Cámara de los Comunes. We shall never surrender (nunca nos rendiremos) tenía por objetivo explicar la operación conocida como El milagro de Dunkerque que permitió salvar a la práctica totalidad de un contingente de más de 300.000 soldados ingleses, franceses y belgas que habían quedado aislados en la playa por el ejército alemán.

El alegato del primer ministro fue un llamamiento a la nación para permanecer unidos en torno a las órdenes del Gobierno. Sus palabras también anticiparon el sufrimiento que estaba por llegar tras la inminente caída de muchos territorios europeos bajo la dominación nazi. El experto en oratoria y comunicación política, Juan Manuel Vizuete, afirma que en este discurso Churchill “no busca endulzar ni suavizar la realidad”.

Nunca nos rendiremos

En el momento cumbre de su alocución, Churchill pronunció la parte del discurso que ha inspirado el de Sánchez: “Llegaremos hasta el final, lucharemos en Francia, en los mares y en los océanos, pelearemos en el aire, combatiremos con confianza creciente y con fuerzas renovadas. Defenderemos nuestra isla a cualquier precio, batallaremos en las playas, guerrearemos en los aeródromos, lucharemos en los campos y en las calles, nos batiremos en las colinas. Nunca nos rendiremos”.

Una de las intenciones del primer ministro británico con estas palabras es “preparar los ánimos de su pueblo para el combate”, según Vizuete, quien afirma que we shall never surrender no es sólo un discurso, “es la exposición de una estrategia militar a la población para prevenirla ante el combate. Todo ello con un solo objetivo: no rendirse jamás”.

En opinión del experto Euprepio Padula, aquellas frases le consagraron como el líder que Gran Bretaña y los aliados necesitaban porque “supo emocionar, dar esperanza e inspirar”. Anteriormente, y tras reemplazar en el cargo a Neville Chamberlain, el 13 de mayo Churchill pronunció su primer discurso en la cámara baja del Parlamento, una de las piezas más recordadas para la historia de la oratoria política. “Nada tengo que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. Con esta famosa frase Churchill se presenta como un líder capaz de ayudar a su pueblo a resistir los bombardeos.

Esa épica de lucha y de no rendición que el político británico transmitía a través de la palabra ha sido posiblemente el espíritu de Pablo Casado ante un parlamento casi vacío: “superamos la crisis como un pueblo más unido, más consciente de la importancia de los lazos que nos unen. Ahora solo podemos ofrecer esfuerzo, sudor y lágrimas. Pero volveremos a ponernos en pie, a ponernos de nuevo en marcha”. Tampoco pudo Casado sustraerse a la tentación de referirse a las palabras de Churchill tras la operación en Dunkerque: "Lucharemos en hospitales, en las calles y plazas vacías, en los balcones, lucharemos desde cada centro de trabajo y cada hogar, y nunca nos rendiremos".

La épica como recurso para mantener la moral de los confinados durante esta crisis podría resultar eficaz siempre que sea empleada en pequeñas dosis y sin que los líderes políticos pierdan de vista cuáles son sus objetivos. En tiempos de incertidumbres, la comunicación tiene que procurar certezas. No se trata de alarmar a la población, pero tampoco de transmitir una tranquilidad que nos conduzca a la relajación y al no cumplimiento de las normas. Mantener la tensión y explicar las razones de las decisiones que se adoptan son imprescindibles para, en nuestro caso, conseguir que la población colabore con las medidas de distanciamiento social.

La historia reciente está trufada de grandes discursos políticos con un denominador común: la convicción. Intervenciones excesivamente largas sin apenas contenido, cargada de datos sobre cuestiones técnicas y domésticas y en las que no se atisba un objetivo claro no inyectan seguridad ni moral en este incierto momento.

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