Huelva

El Día de Huelva

  • lHace 280 años se reafirmaba el patronazgo de San Sebastián, quien luce banda de alcalde y antaño su vara

  • La ciudad mantuvo la tradicional fiesta a pesar de tiempos difíciles

Cuando ya están puestos otra vez los palos de las fiestas y la llamada de San Sebastián es una realidad en la ciudad, vivimos un nuevo 20 de enero. Lo hacemos como tantas veces marcaron las fiestas, con el frío gélido que llevaba a los más castizos a dedicarle aquellas letrillas de "El Patrón de más salero/ es San Sebastián bendito./ Más valiente que un torero/ sale siempre en cuerecito/ en medio del mes de enero". Mejor el frío que no la lluvia de enero... que también tenía su guasa con el Patrón, que mojaba el delantal a las mocitas que sacaba a pasear.

De cualquier forma la de San Sebastián ha sido una fecha marcada en el calendario onubense como una de las que forman ese mosaico de acontecimientos íntimos de una ciudad que a lo largo de los siglos lo ha hecho seña de identidad. En la actualidad aunque no se encuentre marcado en rojo en el almanaque, sí lo está para el onubense vestido de azul y blanco como el Día de Huelva. Una jornada para que el Ayuntamiento realice sus distinciones y honores, porque San Sebastián no es una fiesta aislada, ni tampoco nueva; ensamblada en la memoria de la ciudad desde hace más de cinco siglos. Si en un momento hubo dudas de su patronazgo y los honores a recibir, el cabildo municipal se reunió el 28 de abril de 1738 para evitar las incertidumbres "sobre si es día de fiesta o no en esta villa". Se acuerda reafirmar a San Sebastián con todas las consecuencias como Patrón, para que no haya ningún tipo de discusión al respecto y se celebre con todos los honores de su día. Aquello ocurría hace ahora 280 años, ayer por la tarde. Por eso quienes se preguntan por qué está tan arraigada en los ciudadanos, pues ahí tienen las respuestas. Honores que le llevan a San Sebastián a lucir su banda de alcalde, donde aparecen el escudo de Huelva bordado y la medalla de la ciudad. Aunque ya no lleva la vara de alcalde, como se podía ver en la imagen antigua de San Sebastián, hoy al culto en la parroquia de San Pedro. No estaría mal que algún día se completaran estos honores a San Sebastián y luciera una vara de alcalde en su paso, al igual que lo lleva la Virgen de la Cinta.

No hay mejor sitio para desplegar la bandera de Huelva que en el barrio del Patrón

Porque esos atributos los tuvo siempre y se reafirmaron en 1738; no es cuestión decorativa o de regalo, sino por su tratamiento de Patrón y alcalde honorario de la ciudad.

No siempre fue día festivo, pero no se dejó de celebrar como ocurre en la actualidad, que el colofón de la misma es el domingo siguiente al de su día, con solemne función, procesión y convivencia en la Plaza de la Soledad y en el Parque Alonso Sánchez.

El día de San Sebastián se revistió de sentido onubensista a lo largo de los años y hay acontecimientos de la ciudad que se significan en estas fiestas, como es la inauguración del Mercado del Carmen, que supone una gran avance para el comercio local, que deja los puestos ambulantes de la zona de La Placeta y pasa a un recinto ordenado. Más cerca en el tiempo, es fecha que también se elige para la inauguración del Monumento a Colón de la Plaza de las Monjas. De la importancia de esta devoción también se puede ver en un hecho colombino como es la misa conmemorativa de la partida de las carabelas el 3 de agosto de 1892, cuando Huelva conmemoraba el IV Centenario del Descubrimiento de América, y San Sebastián preside la misa que se celebra en la Plaza de San Pedro.

Por eso no hay mejor sitio para colocar la gran bandera de Huelva que ondea en la ciudad que en pleno corazón del barrio de San Sebastián, en la Plaza de los Litris, familia ilustre del barrio.

Una celebración que por sus peculiaridades fue declarada, en 2003, por la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Estas fiestas patronales siempre han tenido sus propios elementos característicos, desde su sentido de zona labriega en los huertos de los cabezos colindantes, con cuyos productos se adornaban fachadas y balcones. E, igualmente, y de una forma muy particular en los palmitos, cuya venta aún se mantiene en estos días señalados, con gran afluencia de vendedores en la jornada del día de la procesión, acudiendo a la capital desde zonas tan diferentes como Niebla, el Andévalo o la mina.

Así que no olviden comprar su palmito. Seguro que encontraban muchas agüelas. Que lo disfruten. ¡Felices fiestas!

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