Elecciones Generales 10-N Baño de multitudes para que Santiago Abascal se vaya de Huelva con un diputado

  • Vox abarrota las carpas de la Avenida de Andalucía con su líder en el acto central de campaña

A finales de mes hará un año de la última visita de Santiago Abascal a Huelva. Fue en la Plaza de la Merced, en la campaña de las andaluzas, de la que Rafael Segovia salió parlamentario ante medio millar de personas. Anoche la situación cambió sustancialmente. El escenario era otro, significativamente más amplio, en las carpas de la Avenida de Andalucía, y la respuesta del público fue también sensiblemente mayor. El propio Abascal la multiplicaba por seis al comienzo de su intervención, y bien que esa multitud que se agolpaba bajo las carpas y que se repartía en los laterales, también en el acerado de la avenida, podía tomarse como una amplia representación de los 33.904 votantes sumados el pasado 28 de abril.

Si otros partidos pueden distinguirse por un tipo de público muy definido, en Vox pueden alardear, y lo hacen, de captar una audiencia muy variada y variopinta, con una media de edad más baja de lo que pueda pensarse y una masa que sólo homogeneizan las banderas que portan y ondean y los vítores a España. Probablemente, la mayoría de los que estuvieron hace un año en La Merced estaban allí hoy, también de los que acompañaron los actos menos multitudinarios en la campaña de abril. Y muchos otros se acercaron a Vox por primera vez, en esa esperanza que tiene Abascal de captar seguidores a su causa, sobre todo en la provincia de Huelva, donde partió esta campaña con el reto de superar la barrera de 330 votos que le separaron de estar en el Congreso. Después de lo visto en la Avenida de Andalucía, seguramente muchos más de esa cifra se han incorporado ahora a su discurso y Abascal se puede ir de aquí con la tranquilidad de que Tomás Fernández Ríos se sentará muy cerca suya en el Congreso de los Diputados.

El candidato a la Presidencia lo reconoció antes de empezar a hablar. Incluso dijo que podía pasar sin hacerlo. El objetivo estaba ya conseguido. Y aún así, habló. Nada que no fuera ya conocido; más, una vez visto el debate del lunes, que le sirvió para soltar más de un chascarrillo para complicidad con el gentío. Poco más dijo que no haya dicho en otros actos públicos.

La idea del mensaje único, sea en Huelva, en Lérida o en Valladolid, sirvió para articular un discurso de clara defensa de la unidad de España (“nunca vamos a renunciar a ella; no se negocia”; “el Estado de las autonomías es el culpable de lo de Cataluña”) y de azote a la inmigración ilegal: “Primero, ayudar a los españoles, y cuando no haya ni un español que necesite ayuda, entonces, los demás”; aunque antes de eso, “debemos tener nuestras paredes protegidas y quien quiera entrar, que llame a la puerta, y ya los españoles decidiremos si entra”. Y defendió también la necesidad de dar respuesta no sólo a la “emergencia nacional” sino a la “emergencia social que viven los españoles día a día”, del lado de “los barrios humildes que sufren las consecuencias de la inmigración ilegal”.

Santiago Abascal se sabe reforzado tras el debate. “Todos han entrado en pánico y han activado la alerta antifascista”. Él lanzó su propia alerta a los suyos: “Desconfiad de lo que se publique porque ahora van a jugar sucio. Están verdaderamente rabiosos”.

Dice también que no confía en las encuestas, pero sabe que están de su lado, que incluso le colocan como tercera fuerza en el Congreso, quién sabe si con opciones de llegar a formar Gobierno. Si quedaba alguna duda, Abascal la despejó: “Si es por nosotros, el Partido Socialista se irá a la oposición porque no contará con nuestro voto ni con nuestra abstención”.

No dejó anoche el escenario sin lanzar un mensaje más hondo, con mucho más recorrido, quizá una advertencia para quienes no estaban allí: “Queremos construir algo más grande que un partido, una alternativa patriótica”. Y que quede claro: “Vamos a salir a ganar, y si no, en la siguiente, o en la otra”.

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