Doble fondo

Roberto Pareja

Triple ajuste de cuentas en un día

Las sinergias informativas están haciendo de este agosto un mes un tanto denso envuelto entre brumas de odios, venganzas y rencores

Pintada contra Pablo Iglesias en la carretera de la localidad asturiana de Felgueras, donde pasaba sus vacaciones. Pintada contra Pablo Iglesias en la carretera de la localidad asturiana de Felgueras, donde pasaba sus vacaciones.

Pintada contra Pablo Iglesias en la carretera de la localidad asturiana de Felgueras, donde pasaba sus vacaciones. / M. G.

La política se enfanga con facilidad, un campo minado lleno de charcos y verdaderos lodazales en el que salen adelante no los más violentos ni bravos, sino los más astutos y medidos, los templados, los sibilinos tienen mucho ganado, los que saben guardar las formas aunque su fondo sea negro... la vida misma, los políticos somos todos y nuestros representantes en las Cortes o en los ayuntamientos sí nos representan... el legendario eslogan del 15-M es más falso que un euro de madera... En la política, como en la vida, hay de todo.

Este pasado lunes hemos asistido impertérritos a dos de los acontecimientos que siguen haciendo harto impropio este agosto, un mes que hasta ahora sonaba a vacaciones y relax, y que este año no da tregua informativa: la Casa Real confirmaba que el Rey emérito se encuentra en Emiratos Árabes Unidos y Cayetana Álvarez de Toledo era despedida como portavoz del Grupo Popular en el Congreso. 

Curiosa conjunción, dado que si el silencio es la gran divisa que ha venido manteniendo la Casa Real durante dos semanas sobre el paradero de Juan Carlos I, un destino que ha sido pasto de especulaciones intercontinentales, desde Nueva Zelanda hasta la República Dominicana, en el caso de la marquesa de Casa Fuerte ha sido su incontinencia verbal lo que ha venido desbordado el argumentario del PP a la par que la paciencia de Pablo Casado.

España vive un delicado momento. Azotado, como el resto del planeta, por la todavía indomable pandemia, y por las tristes circunstancias en las que está envuelta la Corona (siniestramente entrelazas con el virus, el estado de alarma se decretaba al tiempo, mediado marzo, que Felipe VI anunciaba en un comunicado su renuncia a la herencia de su padre que "personalmente le pudiera corresponder" y que Juan Carlos de Borbón dejaba de percibir la asignación que tiene fijada en los Presupuestos), el país necesita ante todo, como pregonaban los Siniestro Total, mucha calma. 

Cada uno tiene su estilo y un escueto comunicado de Zarzuela ponía fin a una serpiente de verano que iba engordando a medida que pasaban los días y crecían las especulaciones sobre el incierto paradero del Rey emérito mientras Felipe VI o Pedro Sánchez ponían cara de póquer al ser interrogados al respecto.

Un magno ejercicio de discreción que nada tiene que ver con la elocuente despedida de Cayetana Álvarez de Toledo a las puertas del Congreso, un adiós en el que no dejó títere con cabeza, como si estuviera en la tribuna con su látigo de siete puntas. La ex portavoz del PP ha muerto matando desvelando sin reparos la conversación que había mantenido horas antes con el jefe, que le puso el pulgar hacia abajo. Un ajuste de cuentas en toda regla el de doña Cayetana, que ejercerá de verso suelto y resuelto hasta la muerte. El escorpión que nunca llegará a la orilla, su lealtad siempre sale rana. 

Su despido es una buena noticia. Ha ejercido más de portavoz de ella que del PP, que se deshace de una mochila de radicalidad, de esa apuesta personal del propio Pablo Casado tras ganar las primarias a Soraya Sáenz de Santamaría. Él la rescató después de que ella abandonara la política en 2015 tras dar un sonoro portazo en forma de carta contra Mariano Rajoy. El portazo se lo ha dado ahora Casado a ella, con los barones del partido sacados de quicio. Puerta Cayetana... Este martes sólo ha salido en su defensa otra conspicua aznarista, Esperanza Aguirre.  

El lunes también se vivió un nuevo capítulo del ajuste de cuentas de  Juan Carlos I... Algunos analistas políticos perciben afán de venganza en el anterior Jefe del Estado sobre su hijo con su misteriosa salida de España, que sigue preñada de interrogantes. Su periplo ha perdido ahora el encanto literario de lo secreto y ha vuelto sin complejos al lugar del crimen, envuelto entre jeques y lujos para solaz de los enemigos de la Monarquía, que se están frotando las manos con el espectáculo.

Como Pablo Iglesias, que sufrió el tercer ajuste de cuentas del pasado superlunes: los españoles se merendaban con la noticia de que el vicepresidente segundo del Gobierno, su esposa, la ministra Montero, y sus tres hijos tenían que interrumpir sus vacaciones en Asturias por el pertinaz acoso a manos de "la extrema derecha".

La familia se hospedaba en una casa de la familia de Enrique Santiago, secretario general del PCE y diputado de Unidas Podemos. Su llegada a Felgueras no pasó desapercibida para los vecinos, habituados a que el dirigente comunista aloje a amigos políticos. El año pasado también invitó a Alberto Garzón. Al trascender la presencia de la pareja aparecieron pintadas despectivas e incluso un bar del municipio sufrió "presiones" tras atenderlos. Incluso en la carretera que conduce al pueblo alguien escribió en grandes caracteres "Coletas, rata".

Lamentable. No hay peros que poner para condenar estos execrables actos. Pero aún retumba en la caverna el desdén de Iglesias al respecto: "Los escraches son el jarabe democrático de los de abajo", sentenciaba en 2013 en su programa de Fort Apache... No son los odiadores (el odio es el carácter de los débiles, de mente y espíritu), es la implacable hemeroteca la que le ha ajustado las cuentas al líder morado por su desenvuelta locuacidad.

El drama es que son muchos los que siguen sin asimilar que la dialéctica del odio nos lleva a todos al abismo y que en democracia hay rivales, no enemigos... En todo caso, éstos últimos nunca están enfrente, sino en tu propio partido, en casa, como bien ha certificado Cayetana. 

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