España

Sánchez cede ante Torra y la mesa se estrenará el día 26

  • La cumbre bilateral Gobierno-Generalitat aplaza 48 horas su puesta de largo

  • Sánchez irá arropado por Calvo, Montero, Iglesias, Illa y Castells

Quim Torra y Pedro Sánchez, durante la reunión que mantuvieron el pasado 7 de febrero en el Palau de la Generalitat. Quim Torra y Pedro Sánchez, durante la reunión que mantuvieron el pasado 7 de febrero en el Palau de la Generalitat.

Quim Torra y Pedro Sánchez, durante la reunión que mantuvieron el pasado 7 de febrero en el Palau de la Generalitat. / Alberto Estévez (EFE)

Pedro Sánchez sigue cediendo ante Quim Torra. El cara a cara entre el Gobierno y la Generalitat sobre Cataluña se celebrará en el Palacio de la Moncloa el próximo miércoles 26 de febrero por la tarde, dos días después de la fecha que había propuesto el líder socialista y que rechazó por "problemas de agenda" su principal interlocutor.

En su misiva, el jefe del Ejecutivo destaca que tiene la "voluntad sincera de dialogar y de acordar" y propone "recomenzar" el diálogo "en el momento en el que los caminos se separaron y los argumentos dejaron de escucharse".

Respondía así al malestar del jefe del Govern. "Usted y yo quedamos en la reunión del Palau de la Generalitat que la fecha, así como el lugar de la reunión y el orden del día, se fijaría a través de unos equipos técnicos designados por ambos", señala Torra en su carta.

La duración del mandato del presidente del Gobierno cuelga de la liana de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y en la selva del independentismo catalán rugen en precampaña electoral los dos leones, ERC y JxCat, que ya tienen dispuesta esa mesa en la que esperan comerle a Sánchez algo más que la moral y darse un banquete con la autodeterminación y la amnistía de los presos soberanistas como platos principales, aunque a priori estén fuera de la carta...

En el alambre

La fantasmal convocatoria electoral de Torra (a la que sibilinamente sigue sin poner fecha) ha puesto palos en las ruedas de la sincronización entre el PSOE y su preciada muleta de Esquerra, ésa que le brinda una mayoría parlamentaria en el fragmentado Congreso de los Diputados y que no dejará de mirar de reojo al abismo a lo largo de esta XIV legislatura.

Torra tiene que hacer todo lo posible para no quedar en un segundo plano en la larga película de la mesa bilateral, que no ha hecho más empezar... y que puede durar años. El plan de JxCat es someter los pasos de la parte catalana al consenso independentista y a ulteriores votaciones en el Parlament para darle legitimidad, lo que puede llevar la negociación al colapso.

ERC tiene por ahora vocación de ser un culo de hierro en la negociación, pegado a la silla sin dar un portazo a Sánchez y compañía: al jefe del Ejecutivo le arroparán la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. Además de la ministra portavoz, María Jesús Montero, y el ministro de Sanidad, Salvador Illa, han informado este jueves fuentes socialistas a Efe.

El ministro de Universidades, Manuel Castells, formará parte también de esa mesa de diálogo, según El Periódico de Catalunya.

La férrea voluntad de diálogo que se exhíbe desde las filas de la formación de Oriol Junqueras y Gabriel Rufián (portavoz de ERC y que comparó al ex president Carles Puigdemont con Judas) se compadece con que no hayan puesto la figura del relator como condición sine qua non (como el prófugo que mece la cuna de JxCat desde Bruselas) para que arranque ese diálogo bilateral en ciernes Gobierno-Generalitat.

El acuerdo entre socialistas y republicanos se conoció el penúltimo día del año, momento en el que el president tiene por costumbre enviar un mensaje a los catalanes. Dada la tesitura, Torra convirtió su comparecencia navideña en un alegato contra el "arreglo" al que acababan de llegar sus socios.

El relator

Tras varios infructuosos cruces de llamadas (Sánchez ni le cogía el teléfono a Torra mientras éste espoleaba la inflamación callejera tras las condenas a nueve  de los líderes del procés), ambos se reunieron en el Palau de la Generalitat, el pasado 6 de febrero. El president exigió al día siguiente, ¡al día siguiente!, la presencia de un mediador en la mesa de diálogo, una condición que ni el PSOE ni Esquerra pactaron en su acuerdo para desbloquear la investidura. Tras el encuentro de ambos líderes, Sánchez había afirmado en rueda de prensa que los relatores serían "los 47 millones de españoles" que podrían seguir paso a paso las conversaciones. 

Pero los posconvergentes han convertido la reivindicación del mediador en otra de sus celadas. No hacen más que rebuscar argumentos para hacer fracasar la mesa antes de las elecciones catalanas, que muchos situarían en otoño, lo que llevaría a ERC a retratarse ante el independentismo irredento mientras decide si da pábulo a los Presupuestos del Estado, la mano que mece la cuna de binomio PSOE-Unidas Podemos.

Otro de los laberintos de Sánchez. Este jueves se estrenará la Comisión Permanente de Seguimiento del Acuerdo de  Coalición, el organismo que deberá velar por el cumplimiento de los pactos sobre los que socialistas y morados han edificado el Ejecutivo de coalición.

Sánchez e Iglesias viven una especie de idilio y se supone que el insomne ya duerme a pierna suelta, pero seguirán siendo serán pasajeros del barco de la zozobra mientras no tengan la garantía de que sus Presupuestos saldrán adelante. Los dos nuevos tortolitos van a disfrutar, eso sí, de grandes momentos en la mesa viendo desde primera línea como se despellejan sus dos interlocutores, inmersos en una pelea por la supremacía en el independentismo que nos salpica a todos. España será ingobernable si no se resuelve el conflicto catalán.

Por eso huele mal que el PP acuse al Gobierno de "alternar con delincuentes" y Casado niegue el pan y la sal a Sánchez mientras no rompa todos sus puentes con ERC. Olvidando la máxima de que hay que tener amigos hasta en el infierno y hablar con el diablo, como bien sabe su gran mentor, el que glosaba a los terroristas de ETA como "Movimiento Vasco de Liberación Nacional"  y dejaba abierta la puerta a una interlocución directa con el líder de Euskal Herritarrok (EH), Arnaldo Otegi...

La vida sigue igual, la hipocresía nunca morirá.

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