"El cuerpo no está diseñado para vivir continuamente al límite"

Francisco Manuel Ocaña. Experto en neurociencia aplicada al bienestar y la salud mental

Francisco Manuel Ocaña Campos.
Francisco Manuel Ocaña Campos. / M. G.
Cristina Valdivieso

06 de enero 2026 - 07:01

El cerebro del bienestar. Francisco Manuel Ocaña Campos es investigador principal del Grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla y especialista en neurociencia aplicada al bienestar y la salud mental. Doctor en Psicobiología, se formó en la US y en el Karolinska Institutet (Suecia), donde se especializó en el registro de la actividad cerebral. Su trabajo se centra en estudiar cómo el estrés, las emociones y el estilo de vida se reflejan en el cerebro y el cuerpo. Es embajador de Somos Fanes, movimiento que promueve hábitos saludables y el bienestar integral de la sociedad.

Pregunta.¿Por qué habla de neurociencia del bienestar y qué aporta frente a la psicología tradicional?

Respuesta.La neurociencia del bienestar estudia los mecanismos neuronales que sostienen estados como la calma, la felicidad o la resiliencia, y cómo aplicar ese conocimiento para mejorar la salud mental. Es un campo en auge gracias a herramientas que permiten observar qué ocurre en el cerebro y el cuerpo cuando regulamos el estrés o las emociones. No sustituye a la psicología tradicional, sino que la complementa: mientras esta se centra en la experiencia subjetiva y la conducta, la neurociencia añade el nivel de los circuitos cerebrales y biomarcadores objetivos. Su aportación clave es ofrecer evidencia sobre intervenciones ya existentes y facilitar programas preventivos en contextos reales como escuelas o empresas.

P.¿Cuál es el malentendido más generalizado sobre el estrés?

R.Pensar que el estrés es sólo estar nervioso o desbordado. En realidad, es una respuesta biológica normal y necesaria. El problema surge cuando se mantiene de forma crónica, sin recuperación. En ese estado de alerta constante aumentan el riesgo de ansiedad, depresión, problemas cognitivos, insomnio y enfermedades cardiovasculares. El estrés sostenido no solo agota: va dañando progresivamente al organismo.

P.¿Qué señales indican que el cerebro está al límite?

R.Tres muy claras. Primero, fallos de atención y sensación de mente nublada. Segundo, inestabilidad emocional: irritabilidad, apatía o desgana persistentes. Y tercero, síntomas físicos como insomnio, tensión muscular, dolores de cabeza o molestias digestivas. Cuando atención, emoción y cuerpo fallan a la vez, el sistema nervioso pide un cambio urgente de ritmo.

P.¿La estrategia más simple para regular emociones intensas?

R.Parar y respirar lento, alargando la exhalación, mientras ponemos nombre a la emoción. Respirar, por ejemplo, 4 segundos al inspirar y 6 ó 8 al soltar el aire reduce la activación fisiológica. Nombrar lo que sentimos ayuda al cerebro a organizar la experiencia y salir del piloto automático.

P.¿Qué hábito cotidiano está dañando más el cerebro?

R.Dormir poco y mal, a menudo por el uso de pantallas hasta tarde. La falta crónica de sueño afecta a la memoria, la atención y la regulación emocional, y se asocia a mayor riesgo de ansiedad, depresión y deterioro cognitivo. La luz de las pantallas altera los ritmos biológicos y empeora la calidad del descanso.

P.¿Hasta qué punto el estilo de vida modifica físicamente el cerebro?

R.Muchísimo. El ejercicio, el sueño de calidad, una buena alimentación y los vínculos sociales favorecen un cerebro más saludable. El ejercicio libera BDNF, que protege y fortalece las conexiones neuronales. Dormir bien permite regular emociones y consolidar aprendizajes. Estos hábitos contrarrestan el impacto del estrés crónico y literalmente cambian el cerebro.

P.¿Qué efecto tienen las pantallas sobre el cerebro emocional?

R.Más tiempo de pantalla se asocia a peor regulación emocional y menor resiliencia, especialmente en niños. Además, el uso nocturno reduce la melatonina y empeora el sueño, haciendo al cerebro emocional más reactivo. No se trata de demonizar la tecnología, sino de usarla con criterios de higiene mental.

P.¿Por qué cuesta tanto cambiar hábitos dañinos?

R.Porque el cerebro busca ahorrar energía y prefiere lo automático. Los hábitos poco saludables ofrecen alivio inmediato, mientras que los beneficios del cambio llegan a medio plazo. Bajo estrés, el cerebro prioriza lo que calma “ya”.

P.¿Qué avance neurocientífico es más prometedor para la salud mental?

R.Es una pregunta difícil de responder, porque el avance en el ámbito de la neurociencia está siendo vertiginoso. Creo que uno de los más prometedores es el desarrollo de la neurotecnología aplicada al bienestar, como el uso de EEG y de wearables (dispositivos portátiles) capaces de medir la variabilidad de la frecuencia cardiaca y otros biomarcadores relacionados con la salud mental. Permiten diseñar intervenciones digitales personalizadas, accesibles y basadas en evidencia, con impacto a gran escala.

P.Si sólo pudiera dar un consejo a quien siente que no llega a todo…

R.Utilizaría el acrónimo que tanto repite un buen amigo, Eusebio Pérez, instructor de mindfulness y miembro de nuestro grupo de investigación, Neurociencia del Bienestar en la Universidad de Sevilla: PA-RE-SE. Parar, respirar, sentir. Desde esa pausa, redefinir prioridades, soltar expectativas y aprender a decir que no. No estamos diseñados para vivir siempre al límite.

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