Miguel Ángel Moreno | Biólogo

"Puede hacerse casi todo en un laboratorio"

El biólogo Miguel Ángel Moreno Mateos, en su laboratorio. El biólogo Miguel Ángel Moreno Mateos, en su laboratorio.

El biólogo Miguel Ángel Moreno Mateos, en su laboratorio. / José Ángel García

Biólogo molecular y genetista, Miguel Ángel Moreno Mateos (Utrera, 1977) es parte de esa vanguardia de investigadores que escruta el SARS-Cov-2 para combatirlo. Para ello emplea el CRISPR, una herramienta que está revolucionando la ciencia. Desde el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CSIC-Universidad Pablo de Olavide) ha conformado una red con el instituto Stowers (EEUU), el Centro Nacional de Biotecnología, el Instituto de Salud Carlos III, el Instituto de Investigaciones Sanitarias de Santiago y la Universidad de Santiago de Compostela. En unión, la ciencia avanza más rápido.

–Sin los virus no se concibe la vida.

–En el genoma humano hay secuencias víricas procedentes de la interacción virus-célula que ocurre desde que hay vida en el planeta. El porcentaje de nuestro genoma con posible origen vírico es significativo. A lo largo de la evolución, los virus han moldeado los genomas de todos los seres, no sólo el del humano.

–Y llega el SARS-Cov-2, un virus con una información genética equivalente a un haiku que puede desarmar el novelón humano.

–Las letras de su genoma son menos de 30.000 nucleótidos y las nuestras, miles de millones. El virus tiene lo justo para entrar en nuestras células y replicarse. Es lo que hace y ahí lo tiene todo bien empaquetado.

–El genoma del nuevo coronavirus fue aislado en un tiempo récord. ¿A qué ayuda haberlo conocido tan pronto?

–A los científicos nos sirve para conocer sus letras y diseñar estudios de un modo más eficiente, seguro y rápido para aplicarse a un tratamiento o a una vacuna.

–Usted trabaja con una herramienta novedosa en biología molecular –CRISPR– aplicada al coronavirus. ¿Qué es?

–Es la adaptación de un sistema que tienen las bacterias para combatir curiosamente a los virus que las infectan. Hace unos años fue adaptada para poder manipular los genomas de los organismos en la naturaleza.

–¿En qué ayuda el CRISPR-Cas en el caso del nuevo coronavirus?

–Lo usamos para cortar su genoma. En mi laboratorio hemos optimizado este sistema en colaboración con una laboratorio de Estados Unidos y, con científicos de varios organismos, lo intentamos aplicar como terapia contra el virus. La ciencia debe ser colaborativa, sin esa actitud no se puede avanzar.

–¿Con el CRISPR podría hacerse, por decir algo, que todas las rosas fueran negras o que desaparecieran los mosquitos?

–Ambas cosas. Con esta tecnología se puede modificar lo que uno quiera del genoma, pero, más allá, se puede visualizar una parte, silenciarlo o expresarlo a tu antojo. Tiene muchísimas aplicaciones. Para entender cómo funciona la naturaleza se puede hacer casi de todo en un laboratorio, sin embargo hay que ser responsable, atenerse a la ética y a las leyes.

–¿Usando el CRISPR se podría acabar con la especie humana?

–No sé, supongo que se podría hacer mucho daño, sí... Cualquier descubrimiento puede enfocarse de un modo inapropiado. Fíjese en la energía nuclear y en la bomba atómica. Pero no hay que ser tremendista. Las aplicaciones de las herramientas CRISPR están ayudando mucho a la ciencia. ¡Y es sólo el principio!

–¿Hasta qué punto determina a las personas la herencia genética recibida?

–No todo. Uno puede tener un predisposición genética a tener cáncer, pero se reducen las papeletas si se tiene una vida saludable.

–Ha estudiado la biología de los tumores. ¿A qué conclusión llega después de conocerlos tan de cerca?

–Que sin ciencia no hay futuro. Un buen número de clases de cáncer, como otras enfermedades graves, tienen un mejor pronóstico ahora que hace una década o dos. Con la ciencia tendremos mejor agricultura, medicina y sociedad, en definitiva, un mejor mañana.

–¿Es el tumor un accidente de la naturaleza o el accidente es no tenerlo jamás?

–No creo que sea un accidente ni tenerlo ni dejar de tenerlo. Es un proceso biológico regulado por unas variables, algunas más controlables y otras menos.

–El genoma humano se secuenció hace ya 20 años. ¿Qué hay de nuevo?

–Cada vez más. Se empezó por ver dónde estaban los genes que codifican nuestras proteínas que son, digamos, los genes mas conocidos, pero en los últimos años se han identificado nuevos genes que no codifican proteínas y zonas del genoma que codifican proteínas tan pequeñas que no podríamos imaginar que tuvieran una función. Secuenciar nuestro genoma es un primer paso, hay mucho camino después.

–Hay mucha información genética cuya utilidad se desconoce. La llaman información chatarra...

–No creo que sea chatarra sino que no hemos descifrado su funcionamiento ni qué hace. No creo que evolutivamente interese conservar algo inútil en un genoma.

–¿Es como la materia oscura del universo? ¿Conoceremos su porqué?

–Se trabaja mucho en conocer esa parte oscura de los genomas. Muchas mutaciones asociadas a enfermedades están en esas zonas del genoma. En muchos casos no sabemos por qué una alteración en esa zona conlleva el funcionamiento incorrecto de un proceso biológico y conduce a la enfermedad. Con el CRISPR-Cas se pueden recapitular estas mutaciones en modelos animales e intentar entenderlo.

–¿Servirá la pandemia para impulsar la ciencia en España?

–Hay días que pienso que sí y otros que no. Sin ciencia nuestro futuro será peor y más dependiente de que vengan o no ingleses a nuestras playas. Eso no puede ser. Creo que el modelo productivo debe cambiar de una vez. Hay que producir ciencia y tecnología y eso empieza por apostarse sin miedo y con el apoyo de la sociedad. He leído que más del 80% de la población cree que se debería financiar más la ciencia. Es un buen momento para hacerlo con el apoyo social. Y que no se me malinterprete, creo que el turismo es un valor importantísimo, pero debe ser una paga extra, más que la paga mensual. Uno no puede depender de la paga extra para subsistir.

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