Susana López Rubio | Guionista y escritora “España vive una edad de oro de la ficción audiovisual”

Susana López Rubio posa para la entrevista. Susana López Rubio posa para la entrevista.

Susana López Rubio posa para la entrevista. / Belén Vargas

Guionista de series de éxito desde hace 15 años, Susana López Rubio (Madrid, 1978) no pensó al iniciar su licenciatura de Comunicación Audiovisual que se dedicaría a escribir ficción, aunque la asignatura de Guión terminó por abrir a esta lectora apasionada un camino con títulos como Hospital Central, Física y química o El tiempo entre costuras, la adaptación del superventas de María Dueñas. Justo ahora está adaptando la última obra de ésta, La templanza. Novelista novel de éxito con El encanto, traducida a nueve idiomas, acaba de presentar Flor de sal (Espasa, 2019).

–¿Es más difícil escribir sobre lo real, con una experiencia vital detrás, o sobre algo que no se ha vivido?

–Es complicado. Lo hablo mucho con compañeros. Porque si no la ficción histórica no tendría sentido. Me encantaría tener una máquina del tiempo para poder viajar a otras épocas, pero...

–Lo pregunto justo porque ha escrito sobre todo de épocas pretéritas.

–Ficción histórica, claro. Aunque no es algo que haya vivido, sí puedo trasladar sentimientos o sensaciones a estas otras épocas. Lo que hago es documentarme muchísimo. Empaparme de épocas antiguas para tratar de armar la historia y el mundo de ésta.

–Hay series en las que ha sido guionista que sí estaban basadas en la realidad, Hospital Central, por ejemplo. ¿Hay diferencia?

–Un poco sí. Concretamente en Hospital Central hacíamos mucho hincapié en la actualidad, mostrar la realidad que el espectador podía encontrarse por la calle.

–Sí, la más próxima.

–Justo. Yo lo pasé mal, porque soy hipocondriaca. Escribir esta serie fue una época complicada. Mi coordinador de guión me pilló porque en mis capítulos el enfermo siempre se recuperaba y nunca moría. Y me dijo: “Tienes que matar a alguien”. [Risas]

–¿Le resulta más fácil adaptar o crear?

–Las dos cosas son un reto. Adaptar es complicado porque tienes que respetar muchísimo el mundo que ha creado otro autor. Por ejemplo, El tiempo entre costuras era una novela tan querida que la prioridad absoluta era no traicionar el espíritu del libro de María Dueñas, a sus lectores. Paradójicamente, para hacer eso hacen falta cambios en el guión para que la historia funcione. En la novela tienes el recurso hablar de pensamientos o sentimientos. En un guión tienes que trasladar eso a acciones.

–Ahora está adaptando La templanza, también de María Dueñas. ¿Está siendo distinto a El tiempo entre costuras?

–Tenemos la suerte de que María se involucra mucho. Ya pasó en El tiempo entre costuras. Hay autores que se limitan a cobrar sus derechos y se desvinculan. Nos dedica mucho tiempo, que es muy valioso porque se lo quita de escribir, y esfuerzo. Lee los guiones que escribimos y da muchas claves para ampliar ese mundo. Porque una película se quedaría corta para la historia y para una serie hay que ampliar el universo de la novela. Es muy generosa María.

–¿Va a ser una miniserie?

–Sí. Como la novela, tiene principio y fin. Es para Amazon Prime Video.

–¿Conocía la zona donde se desarrolla?

–Conocía Cádiz y Sevilla. Pero Jerez, no. Lo primero que hice cuando se confirmó el proyecto fue ir a Jerez, claro. Y además fuimos con María, que nos llevó a todos los lugares donde se desarrolla la acción del libro.

–¿De dónde salió la idea de Flor de sal? ¿No sería viendo carteles de barcos por Cádiz?

–[Risas] No, todo fue por el Salar de Uyuni. Es un desierto increíble que cuando  llueve y se llena de agua, la línea del horizonte se difumina y se convierte en un espejo gigantesco. La idea de coger a mi protagonista y hacer que ella se reflejara en el espejo más grande del mundo para descubrir cómo es ella realmente me dio la idea.

–¿Y por qué en esa época?

–En 1913.

–Sí, antes de la I Guerra Mundial.

–Justo. Me interesaba mucho el periodo porque fue cuando Potosí, después de las minas de plata, entró en decadencia y volvió a resurgir gracias al estaño por el tema de la I Guerra Mundial. También me encajaba muy bien porque siempre sobre esa guerra toda la ficción se ubica en los escenarios del conflicto, y a mí me gustaba vivir aquello desde el otro lado del mundo.

"En nuestro país los guionistas somos invisibles, pese a ser la serie el gran formato narrativo de hoy"

–¿Crea sus novelas pensando ya en el lenguaje audiovisual?

–No. Me llama la atención que me comentan que tiene poco diálogo para ser yo guionista. Algo me sale, inconscientemente. Pero me he desquitado escribiendo en primera persona, que es algo impensable en guión. Me he quedado a gusto, sí.

–¿Ve a alguna de sus novelas convertida en serie?

–Toco madera y me ofrezco yo, que para eso soy guionista. Ahí lo dejo caer. Ojalá.

–¿Cuál primero?

–No puedo elegir. Las dos [Risas].

–¿El guionista está olvidado pese a ser la serie el gran formato narrativo de hoy?

–Sí. Somos invisibles. Este tema me toca muy profundo, porque estuve en la junta del sindicato, Alma, que trabaja mucho por esto.

–¿Es sólo en España?

–Sí. En EEUU o Inglaterra sí están muy presentes.

–¿Cómo ve la ficción audiovisual en España?

–Es un momento buenísimo. Una edad de oro por la llegada de las plataformas. En España somos punta de lanza, ahí está La casa de papel en carteles gigantes en Times Square.

–Recomiende.

–De lo último que he visto, además de Chernobyl, que es una maravilla, Years and years, también en HBO.

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