La contracrónica

Un salto de la reja inusual

  • El encuentro con la Blanca Paloma se produjo a las 2:34, casi una hora antes que el año pasado

  • El paso permaneció en el presbiterio cerca de veinte minutos hasta la llegada del Simpecado

Un salto de la reja inusual Un salto de la reja inusual

Un salto de la reja inusual

A las 2:34 los almonteños saltaron la reja que los separaba de la Blanca Paloma. Ha sido casi un hora más temprano que el año pasado (3:28) y marcó el comienzo de la procesión de la Virgen del Rocío por la aldea almonteña en el Lunes de Pentecostés.

Antes del rezo del rosario de las antorchas pasada la medianoche, almonteños y peregrinos comenzaron a agolparse, tanto en el interior del santuario como en los alrededores, esperando que el Simpecado de la Hermandad Matriz entrara en el templo, un permiso velado para que se produzca el salto de la reja y el encuentro y la procesión de la Virgen. Según la tradición, este momento debe producirse con el alba, aunque en esta ocasión tampoco se ha cumplido el mandato.

Un cordón humano se mantuvo en la reja para evitar que la Virgen saliera antes

De nuevo este año se ha creado un pasillo en el centro del templo para permitir que el Simpecado llegara hasta el altar, frente a la Virgen. Parecía que todo iba a discurrir como en ocasiones anteriores con ese control que se impone en el salto a reja desde que se produjo la rotura de un varal del paso de la Virgen en 2011. Sin embargo no iba a ser así.

El dispositivo formado por los propios almonteños, ataviados de nuevo, en buena parte, con camisas blancas, marcó en los momentos iniciales el tiempo de los acontecimientos que se producen durante el encuentro de la Reina de las Marismas con sus hijos. Pero fue sólo un espejismo.

Cuando comenzó el rosario, en el que participan todas las hermandades, ya había bastantes almonteños en la reja, mientras los romeros comenzaban a tomar posición para poder disfrutar de un lugar estratégico donde poder contemplar la salida en procesión de la Virgen. Mientras, agentes de la Guardia Civil cortaban el pasado a todo aquél que quería acceder por las puertas laterales del Santuario, una de las novedades de este año. No sería la única. Sin saber por qué, al poco tiempo dieron vía libre a los peregrinos que esperan en el exterior del templo para acceder al interior. Entraron de golpe, porque todos querían vivir de primera mano cada una de las emociones y sensaciones que se producen durante el salto.

La calma se prolongó durante más de una hora, sosiego que se encargó de establecer el cordón de seguridad, que para entonces se había situado tanto en el presbiterio como en la nave central del santuario, a la cual ya no pudo acceder ningún romero.

Sin embargo, en la reja empezaron a producirse movimientos entre los almonteños que se había aferrado a la misma, ajenos a las medidas que se habían adoptado para permitir que el Simpecado llegara hasta el altar con facilidad y, al mismo tiempo, para que la salida de la Virgen a la explanada fuera más ordenada, como había sucedido en las últimas ocasiones.

Para entonces, en el interior de la ermita el calor empezaba a ser intenso. Pasado el tiempo, algunos almonteños comenzaron a impacientarse y protagonizaron conatos de intentos de saltar la reja para unirse con su Patrona.

En el interior del templo predominaba cierto silencio, ya que este año (otra novedad también) la letanía del rosario no se escuchaba por los altavoces, como si quisieran que nadie supiera el desarrollo del mismo y en qué momento de su duración se encontraba. Sólo por las puertas de la basílica se apreciaba el humo de las antorchas.

De golpe, alrededor de las 2:00 se produjo un claro intento de salto de unos almonteños situados a la derecha de la reja, que fue abortado por otros que se encontraban en el lado opuesto tras una clara discusión.

Para esa hora los ánimos estaban claramente caldeados entre los dos bandos, cuyo resultado era cada vez más alentar a los que estaban claramente decididos a coger las andas del paso y unirse con su Patrona para sacarla en procesión sin esperar siquiera a que llegara el Simpecado de la Hermandad Matriz de Almonte al dintel de la ermita una vez que termina el santo rosario, que había comenzado media hora después de lo habitual.

No hubo que esperar mucho tiempo para que se produjera el desenlace, que se notaba en el ambiente cargado ya que la condensación del calor había crecido en el templo. El pasillo de la nave central seguía intacto para facilitar la llegada del Simpecado y pretendía al mismo tiempo retrasar el salto lo máximo, propósito que no se cumplió y que dio al traste con el horario de la romería de 2017.

Apenas habían pasado las 2:30 cuando se produjo el salto a la reja que protagonizaron los almonteños, que lo habían intentado media hora antes desde la parte derecha del altar. Fue visto y no visto, ante la incredulidad del resto de los almonteños que se encontraban en el lado izquierdo de la reja y de todos en general. Por su caras, algunos llegaron a pensar que se produciría una marcha atrás pero no fue así. Una vez dentro del presbiterio se aferraron a las andas del paso de la Señora y no se movieron. El resto no tuvo más remedio que seguir sus pasos.

Por la parte exterior de la reja, un grupo de almonteños hizo otro cordón en la cancela para evitar que la Virgen iniciara la procesión sin que el Simpecado de la Hermandad Matriz hubiera llegado a la ermita, un hecho inusual también, ya que nada más que se produce el salto sacan a la Señora para que comience la procesión. Así permanecieron en calma tensa cerca de veinte minutos, a la espera de que el estandarte apareciera al menos por el dintel de la puerta, si bien el paso experimentaba de vez en cuando ciertos movimientos, como si quisiera iniciar el recorrido.

Nada más llegar el Simpecado a la nave central se deshizo el pasillo y alcanzó el presbiterio entre un tumulto de gente que le impedía avanzar con fluidez. Para entonces ya se había abierto la cancela de la reja y los almonteños se disponían a sacar el procesión a su Patrona. El júbilo entonces se desató y se sucedieron los vítores y las palmas.

No por mucho tiempo. En un abrir y cerrar de ojos, la Blanca Paloma recorría la nave central del templo y salía a la explanada repleta de gente, a hombros de sus hijos, erguida y sin perder en ningún momento la verticalidad. En el interior algunos romeros recogían arena del suelo para llevársela de recuerdo.

A partir de ahí la Blanca Paloma inició, ante la emotiva y atenta mirada de miles de personas, su recorrido por las calles de la aldea para encontrarse con las 121 hermandades filiales, mecida a hombros de sus hijos. Una a una, tuvieron el honor de contemplar ante sí a la Reina de las Marismas y expresarle su devoción. Como es habitual, Huévar fue la primera

Los cambios introducidos en el paso -la base se ha ampliado y se ha añadido un quinto banco-, han contribuido a evitar los vaivenes que se producían durante el recorrido.

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