Historia de las hermandades

La devoción de todo un pueblo: La Palma

  • La filial palmerina del Condado onubense es una de las corporaciones más antiguas de cuantas peregrinan a la aldea almonteña. El patrimonio artístico de su carretón es uno de los más valiosos de cuantos acuden al Rocío

Templete erigido en el municipio de La Palma en honor a la Virgen del Rocío, a iniciativa de Ignacio de Cepeda.

Templete erigido en el municipio de La Palma en honor a la Virgen del Rocío, a iniciativa de Ignacio de Cepeda. / Román Calvo

Proyecto del carretón del Rocío de La Palma, de Joaquín Castilla, en poder de la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla. Proyecto del carretón del Rocío de La Palma, de Joaquín Castilla, en poder de la  Hermandad de los Estudiantes de Sevilla.

Proyecto del carretón del Rocío de La Palma, de Joaquín Castilla, en poder de la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla.

Aquel año de 1932, en los primeros albores de la II República, un excepcional artista, nacido en Villaverde del Río, Santiago Martínez, entregaría al Vizconde La Palma, Ignacio de Cepeda y Soldán, una de las composiciones más excepcionales de la temática rociera, la conocida con el nombre de Procesión de la Virgen del Rocío, hoy conservado por sus herederos.

Se daba así muestra de la excepcionalidad técnica con que el pintor ya maduro, concebía la escena. Un instante de la procesión, en la que dejaba al espectador el calor de la devoción entre un amplio gentío, a pie o a caballo, de espalda, dotándole de un dinamismo, en el momento en que al fondo, el paso de la Virgen, se inclinaba a uno de los lados. Las tintas sueltas, el colorido modelado que confería a las figuras humanas, fiel reflejo de su aprendizaje con el genial Sorolla, dotaba de un aire moderno a las ya tradicionales pinturas costumbristas propia del gusto decimonónico, como fue el caso de las versiones del pintor Manuel Rodríguez de Guzmán.

En aquellos años ya había ingresado en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla (1925), nombrado profesor universitario de Bellas Artes, habiendo participado en múltiples exposiciones nacionales. No fue la única vez que pintara a la imagen de la Virgen del Rocío, ya que a lo largo de su carrera artística lo realizaría en varias ocasiones, como hizo incluso para la propia Hermandad Matriz de Almonte, una obra que hoy ocupa el testero de la nave de la epístola de la iglesia parroquial. Una excepcional composición, a la que se unirían dos tondos, uno ovalado con la procesión del Rocío, fechado en 1948. En una misma versión, Santiago Martínez realizaría el lienzo de la Virgen del Rocío que hoy conserva la iglesia de las Hermanas de la Cruz de La Palma del Condado. Sería en este pueblo onubense, donde realmente Santiago Martínez pudo concebir la esencia de su propia pintura, al igual que su propia identidad rociera, que le hizo incluso la propia descripción de la imagen mariana en 1949, al ser designado por la Junta Diocesana del Tesoro Artístico, para emitir un informe de restauración.

Y sería en la Palma del Condado, donde quizás encontró a uno de esos mecenas que cualquier artista necesita para valorar su pintura, como fue Ignacio de Cepeda. El Rocío como punto de encuentro entre dos grandes personalidades del mundo de la cultura, Ignacio de Cepeda y Santiago Martínez, un artista renombrado y un insigne personaje de la vida social.

Los primeros testimonios documentales de la hermandad del Rocío se remontarían a los ya lejanos años de finales del siglo XVI, dándose el caso incluso en algunos momentos que la propia aldea del Rocío y el pueblo de Almonte, pertenecieran al arciprestazgo de La Palma.

El pasado glorioso de un pueblo cuyas raíces remontarían a las etapas turdetanas y romanas, prosiguiendo durante la época medieval, como así atestigua el excepcional trabajo de Pedro Rodríguez Bueno (actual presidente del Cabildo Alfonso X el Sabio), volvería a revivir con la aportación que el ilustre palmerino, Ignacio, dejara en su pueblo natal, que sin duda alguna viviría las páginas más excepcionales de su historia artística en el siglo XX, proyectándose a su vez en la historia rociera.

Como ya analizo excepcionalmente el historiador Manuel Jesús López Robledo en la revista Ex Voto, no cabe duda que fue la impronta de la industrialización del vino en el Condado lo que pudo ser determinante en la configuración de un grupo de bodegueros, como fue el caso de los futuros Vizconde de la Palma, y en la propia expansión del culto rociero.

Su biografía ha sido publicada en innumerables ocasiones. Nació en La Palma del Condado, su padre almonteño, Ignacio de Cepeda y Cordova, y su madre palmerina, Juana Soldán y Rayón. Viviría en Almonte hasta 1917, año en que la familia definitivamente se trasladaría a La Palma. Ingeniero de Montes, llegaría a ser diputado a las Cortes, y alcalde de La Palma del Condado entre 1924 y 1928, siéndole concedido el título de Vizconde de La Palma en 1929 por el rey Alfonso XIII, incorporándose a la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en 1933 y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1949.

Hombre de grandes inquietudes religiosas, se convertiría en un auténtico mecenas para las cofradías palmerinas, como fue el caso de la Hermandad de Jesús Nazareno, llegando a ser hermano mayor, y sentiría enorme arraigo devocional por la Virgen del Valle, patrona de localidad.

Su vinculación rociera es más que conocida, ya que entre los años 1919 y 1923, perteneció a la Junta de Gobierno de la Hermandad Matriz de Almonte, siendo hermano mayor en 1916, sería uno de los impulsores de la Coronación Canónica de la Virgen en 1919, financiando el paso, el manto, la saya y la corona, escribiendo incluso la crónica de la ceremonia de imposición de la corona, por lo que sería nombrado hermano mayor honorario de la Hermandad Matriz en 1942, obra reeditada por la Fundación Caja Rural del Sur. Posteriormente fue prioste en 1937 y 1966, falleciendo el día de San Lorenzo de 1967.

No fue el único palmerino que participaría en la coronación de la Virgen, ya que se uniría su propia madre Juana Soldán Pérez de Rañón, quien formaría parte de la Junta de las Señoras, y regalaría la corona del Niño. También el entonces hermano mayor de la Palma, José Moreno Soldán, que actuaría como notario de la Coronación; Pedro Alonso Morgado Tallafert, que aunque nacido en Sevilla en 1888, viviría en La Palma del Condado desde 1922, publicando en 1918 una de las primeras crónicas de las fiestas bajo el título “La Romería del Rocío”, sería el autor del Romance de la Coronación; Manuel Siurot Rodríguez, nacido en La Palma fue uno de los grandes impulsores de la devoción rociera, contando con una amplia producción literaria como la Romería del Rocío, publicado en 1918, que lo pondría a la venta a una peseta para fraguar los gastos de la coronación, siendo también miembro de la Junta de Caballeros de la Coronación.

Su gran amor hacia la Virgen del Rocio quedaría plasmado en su propio pueblo palmerino, al saber reunir en torno a su persona a un gran número de artistas que engrandecieron el patrimonio devocional rociero universal.

En 1927, gracias a la iniciativa del Vizconde, se levantaría el famoso templete de la Virgen del Rocío, en la confluencia de algunas de las calles condales más conocidas. La de Miguel de Cervantes, en recuerdo del genial escritor que estuvo en La Palma como recaudador de impuestos; Cristóbal Colón, testimonio de la presencia de su propio hijo en una de las casas que hoy define la plaza mayor del pueblo; el Cardenal Segura y los hermanos Cuevas, Jorge y José, excelentes literatos de finales del siglo XIX. Una encrucijada de caminos en la que estaba situado un pozo de agua potable, que abastecía a los vecinos del lugar.

Manumento a la Virgen del Rocío de La Palma Manumento a la Virgen del Rocío de La Palma

Manumento a la Virgen del Rocío de La Palma / Román Calvo

Se concibió a modo de templete neomudéjar, que ya se había puesto de moda con la difusión de la arquitectura regionalista, en recuerdo de aquellos humilladeros marianos que habían ido surcando los caminos en la Edad Media. De planta rectangular, estructurada con un arco de herradura sobre columnas de fuste blanco con capiteles arábigos en cada uno de sus frentes, con una hermosa cúpula de media naranja, ornamentada de una excelsa intensidad decorativa.

La fábrica de ladrillos quedaría ornamentada por una excepcional decoración cerámica, realizada por Cerámica Montalbán, uno de los talleres más importante de la época, siendo Manuel García Montalbán el verdadero promotor desde 1901, por lo que el templete palmerino se convertiría en una de sus obras más importantes. Montalbán trabajaría en innumerables ocasiones para hermandades y cofradías palmerinas, caso de la Virgen del Valle, patrona de la localidad. Del propio Manuel sería la preciosa imagen de la Virgen del Rocío vestida de pastora, que quedaría ubicada en el centro del templete.

Un gran friso de azulejos con la escenas del Rocío, con cenefas de colores en cada esquina, donde se inscriben letrillas de las sevillanas que compusiera el padre Muñoz y Pavón.

A raíz de la destrucción patrimonial que se produce en la coporación rociera durante la Guerra Civil española, se perdería el simpecado, por lo que el propio Vizconde donaría uno nuevo en 1937, contando para ello con el pintor Santiago Martínez, quedando una excepcional muestra de la iconografía rociera.

En 1945 escribiría un magnífico texto titulado “El Rocío y las Bellas Artes” en el Boletín Oficial de la parroquia de La Palma del Condado, que sería incluido en la revista Ex Voto, del año 2017, en la que incluía un exhaustivo estudio sobre el patrimonio artístico y cultural rociero. Sin embargo, sería el año 1952 cuando la hermandad realizaría sin ninguna duda una de las joyas más excepcionales de la orfebrería andaluza, su majestuosa carreta, en un momento en que el Vizconde ostentaba el cargo de mayordomo de la hermandad. Su diseño saldría de las manos de un verdadero genio, Joaquín Castilla, ingesioso creador de pasos de Semana Santa, especialmente en Sevilla, como el palio realizado a la Virgen de las Angustias de la Hermandad de los Estudiantes. En 1950 había alcanzado el mejor perfil artístico de su carrera, por lo que los diseños que definirían la composición de la carreta de La Palma la convierten en una de sus mejores creaciones en el ámbito rociero, completándose con el boceto del manto de la Virgen del Rocío de Almonte, el llamado de los Apóstoles, en cuya cenefa aparecían todos los escudos de las hermandades filiales, entre las que se encontraba la de La Palma del Condado.

El carretón de La Palma constituye una de las mejores obras de orfebrería. El carretón de La Palma constituye una de las mejores obras de orfebrería.

El carretón de La Palma constituye una de las mejores obras de orfebrería. / Román Calvo

La orfebrería sería realizada por Manuel Seco Velasco, uno de los grandes diseñadores andaluces del siglo XX, especialmente entre los años cuarenta y sesenta, dejando muestras de ello en una amplia nómina de obras entre coronas, candelerías y valores, con un estilo definido de exquisita y delicada talla, que supo impregnar en la propia carreta palmerina. De esta manera concibió un excepcional altar de plata repujada, con un excelente programa iconográfico donde enlazaría las más bellas representaciones hagiográficas en el arte contemporáneo. Las marcadas cresterías que aparecen en los laterales de la carreta recuerdan las que definirían el paso de palio  de la Concepción, de la Hermandad del Silencio, incluyendo escenas pasionistas, como el tema del Descendimiento, bella muestra del dolor mariano, a las que se uniría la Anunciación, la Natividad, Ascensión al Cielo, Pentecostés y la Coronación de la Virgen. De enorme excepcionalidad son las tallas de los ángeles músicos que portan instrumentos rocieros como la guitarra, el tamboril, trompeta y castañuelas.

En las propias basas de las columnas se insertaría un excepcional programa hagiográfico con las figuras de San Juan Bautista, el arcángel San Rafael, san Lorenzo, san Antonio de Padua, san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús. Las ochos jarras son concebidas como expresión de una de las mejores piezas de orfebrería, con un elegante diseño de dos volutas, cuerpo y baza. Una preciosa imagen de la Pastora centra el frontal delantero de la carreta, una excelente talla de orfebrería, que mostraría la genialidad técnica en la pequeña imaginería.

Detalle del carretón de la Hermandad de La Palma. Detalle del carretón de la Hermandad de La Palma.

Detalle del carretón de la Hermandad de La Palma. / Román Calvo

Gracias a la intervención del taller de los Villareal en este último año, se ha podido rescatar esta grandiosa obra de devoción y de fe. Su contemplación hace recordar el texto que Manuel Siurot escribiera en su obra La Romería del Rocío: “Es mi patria; con aquella tierra se fabricó mi cuerpo. Mi pueblo es muy bello. Es como una muchachita andaluza, blanca y oliente, que enseña con orgullo la peineta calada de su torre, la dentadura blanca de su caserío y el mantón oriental de sus viñedos de oro y de sus olivos perla”.

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